lunes, 14 de septiembre de 2015

La cerámica mochica


Si llegas a Madrid a mediados de septiembre tienes que apresurarte a visitar las exposiciones porque la mayoría de salas están preparando ya los programas de otoño y, a poco que te descuides, te pierdes algo bueno.
En Caixaforum del Paseo del Prado estará hasta el 4 de octubre una muestra de arte mochica, una cultura precolombina asentada en el Perú, sorprendentemente moderna. “200 obras maestras del arte precolombino peruano, procedentes de la colección del Museo Larco de Lima, Perú”, indica el catálogo.
Por la sala de la tercera planta de esta vieja central eléctrica se extiende una colección de piezas, algunas de ellas espectaculares y todas hermosas.
A medida que vamos recorriendo los expositores voy notando que las cerámicas me resultan familiares. ¿Hemos visto ya algo mochica?, pregunto al colega. Creo que no, responde. Conmigo, no, corrobora la Pubilla.
Los recipientes ceremoniales me llevan a recordar a algunos ceramistas conocidos: Juan Pablo Tito o Miguel Ángel Martínez Delso. Y descubro sin sorpresa que algunas de las obras de éstos tienen un sorprendente parecido en texturas, en colores, en grabados e incluso en las formas, con las cerámicas mochicas.
 
Es reconfortante saber que los seres humanos somos muy semejantes en nuestras maneras de expresarnos. Desde Atapuerca a Naciones Unidas es más lo que nos une que lo que nos diferencia.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Tavira, ciudad blanca

 
Una de las notas que tienen en común las poblaciones del sur peninsular es su blancura: los pueblos blancos de la sierra gaditana son lo más parecido a los pueblos albos del Algarve. Pues, tomando esa regla como referencia, Tavira vendría a ser la unidad de medida.
Dondequiera que mire el viajero hallará la blancura inmaculada de esta ciudad cruzada por el río Gilao, en pleno Parque Natural de la Ría de Formosa.
Como muchos de los pueblos blancos gaditanos, Tavira se desparrama por una ladera, aquí coronada por un castillo y una iglesia. Se han encontrados restos de una muralla fenicia y su puente más famoso es romano, pero la fortaleza es del siglo XII y fue construida por los árabes que ocuparon estas tierras hasta que en 1239 fueron reconquistadas por los cristianos. El castillo y las tierras que lo rodeaban fue donado por Alfonso X de Portugal a su nieto Alfonso III y luego, modernizado, ampliado y reforzado en 1656. El terremoto de 1755 lo dejó muy dañado y el abandono posterior acabó por desmantelarlo. En 1939 estos restos fueron declarados Monumento Nacional.
El castillo ofrece magníficas vistas de la ciudad y de su entorno; su interior esconde un jardincillo que en la mañana que lo visitamos ofrece un fresco alivio frente al calor exterior. Este es un buen lugar para contemplar la iglesia de Santa María del Castillo, del siglo XIII, con su llamativo y puntual reloj. El Convento de Gracia, situado un poco más abajo de iglesia y castillo, se ha convertido en hotel de la red nacional de Pousadas, equivalente a los Paradores españoles.
Callejeando ladera abajo se llega a la rua da Libertade, la calle principal, y por ella a la Plaza de la República, el corazón de la ciudad. Los viajeros contemplan el monolito levantado en memoria de los caídos en las guerras lusas, tan frecuentes en las ciudades portuguesas, y no pueden por menos de envidiar que este recuerdo esté libre de rencillas o rencores guerracivilistas.
Entre la Plaza de la República y el río se extiende un jardín público primorosamente cuidado, en cuyo centro se alza un templete, que remite a imágenes similares en pueblos españoles. El parquecillo termina en una explanada frente al Mercado de Ribeira, convertido en un moderno centro comercial y de ocio, donde los viajeros se refrescan con un rico zumo de naranjas recién exprimido.
Cerca de donde los viajeros descansan, una pareja mayor discute animadamente. La mujer parece reconvenir al hombre y éste se defiende de mala gana, entre sucesivas toses. Finalmente, ambos se levantan y se dirigen a la salida, caminando con dificultad. Antes de abandonar el recinto, el hombre entra en los aseos, la mujer parece seguir la discusión o advertirle de algo. El colega entra también en los aseos y sale riéndose. ¿Qué pasa?, le pregunto. El viejillo me ha pedido un pitillo, dice, y me ha dicho que su mujer le tiene amargado por el tabaco...
Los viajeros vuelven a cruzar el río por uno de los cuatro puentes modernos que comunican la ciudad vieja con su ampliación. Tanto desde el puente romano, de visita obligada, como desde cualquier otro lugar que se contemple, el conjunto es una población de aspecto plácido y tranquilo, muy apreciada por los visitantes estivales.


Si el viajero busca soledad, arena y mar, este es su lugar también pero debe ir advertido. Tavira no tiene playa pero quienes quieran disfrutar del mar sólo tienen que cruzar la ría y refugiarse en las islas de Cabanas o de Tavira, once kilómetros de playas amplias, limpias y salvajes: Santa Lucía, Tierra Estrecha, del Barril, del Hombre Desnudo, frecuentadas por viajeros de medio mundo.  

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Poza de la Sal, a la sombra del castillo y de Félix

Pozade la Sal es una población cobijada bajo dos sombras: la del castillo de los Rojas, que la protegió de ataques en el pasado, y la de Félix Rodríguez de la Fuente, su hijo más preclaro. Ambas permanecen omnipresentes.

Si el viajero llega por el norte, desde la carretera BU-502, se topa de frente con la proa de una fortaleza que parece a punto de zarpar. Es el castillo de los Rojas.
La fortaleza surge en los albores de Castilla formando parte de la defensa de la Bureba durante el avance repoblador del siglo IX. La primera referencia al castillo se encuentra en un documento del año 965, aunque la construcción que hoy admiramos corresponde a los siglos XIV y XV, informa un panel instalado por el Ayuntamiento al pie de la fortaleza. Durante los siglos XI y XII formó parte de los reinos de Navarra y de Aragón, fue cabeza de un alfoz englobando más de cien aldeas y, tras desligarse de la Corona de Castilla en 1298, pasó a formar parte del Señorío de Rojas.
En 1468 se realizaron obras de mejora a las que posiblemente corresponde la mayor parte de la construcción actual. Del siglo XV es también la muralla que cerca la villa, incorporándose en el siglo XVI el palacio que se observa en la ladera. El castillo consta de dos partes: el inferior para defensa de la entrada y el cuerpo principal encastillado sobre la roca.
Carlos V lo utilizó para retener a los embajadores de la Liga Clementina en 1528. Las tropas de Napoleón rehabilitaron la fortaleza, que fue sometida a constantes ataques por la partida de Longa, famoso guerrillero de la época.
El Ayuntamiento advierte también en un cartel que el acceso al castillo no está en las mejores condiciones y que allá cada cual si le ocurre un percance. El colega desatiende los consejos municipales y trepa escaleras arriba hasta hacer cumbre mientras la viajera duda si subir a tomar posesión de la mole pero, finalmente, opta por deleitarse con el paisaje semi salvaje que se observa desde el otero y en la visión del caserío pozano, allá abajo.
La segunda constante de Poza, como ya se ha dicho, es Félix Rodríguez de la Fuente, naturalista y comunicador, que nació en la villa en 1928. Descubre el pueblo de Félix, invita un mural en la entrada sur de la villa. Amante y protector de la Naturaleza, reza la leyenda que acompaña el busto pozano más famoso de la edad moderna, que preside la vida local desde la Plaza Mayor de la villa.
Cerca de aquí se encuentra la Oficina de Turismo, donde los viajeros hallarán abundante información sobre la villa, sobre Félix -que tiene aquí mismo un pequeño museo-, sobre el proceso de obtención de sal, sobre la flora y fauna de la comarca. Si los viajeros quieren, hasta sal de las famosas salinas pueden encontrar en la dicha oficina. Más no se puede pedir. No dejen de visitar el Centro de Interpretación, es muy interesante, aconseja la persona que atiende la información.
Porque, aunque ahora no lo parezca, Poza de la Sal es muy anterior a su castillo y, naturalmente, a su ilustre hijo. Aquí se ubica la Salionca de los autrigones, famosa por sus salinas, que los romanos convirtieron en importantísimo centro de producción de sal. Las salinas de Poza y las de Añana en Álava fueron las mayores del norte peninsular.
Para comprender el valor de la sal como conservante alimenticio, hay que recordar que se utilizó como forma de pago, de donde deviene el término salario.
La salina pozana procede de la formación geológica conocida como diapiro, un cambio estructural que ocurre cuando grandes masas de evaporitas (sales y yesos) ascienden, debido a su menor densidad, rompiendo o deformando los estratos de sedimentos calizos que tienen encima, según explica el Ayuntamiento de Poza en uno de sus didácticos carteles.
El diapiro de Poza de la Sal el más grande de Europa y uno de los tres mayores del mundo, con un radio de dos kilómetros y medio. Los geológos lo consideran entre los más espectaculares y didácticos del mundo y uno de los enclaves geológicos más singulares y atractivos de la provincia de Burgos.
Las salinas de Poza eran singulares por el método de obtención de salmuera, ya que esta no brotaba de forma natural como en otras salinas. Se excavaban cañas y galerías a través del mineral salino del subsuelo a profundidades de entre 10 y 30 metros y por ellas se hacía circular agua dulce consiguiendo que ésta disolviera la sal, separándola así de la arcilla y otros minerales y se convirtiera lentamente en salmuera, que salía al exterior por otra boca situada a más bajo nivel. La excavación y mantenimiento de estas galerías era un trabajo muy penoso pero ineludible y caracterizó siempre el método salinero pozano”, indica el panel municipal.
La salmuera así obtenida se conducía mediante una gran red de canales hasta los pozos donde se acumulaba. Por medio del pingoste, un antiquísimo y sencillo artilugio para elevar el agua, se iba extrayendo del pozo para conducirla al arquetón y desde él se vertía a las eras de evaporación mediante la regadera, un gran cazo con el que se lograba dispersar el agua en su caída y aumentar así la eficacia de la evaporación. La sal precipitada en la era se recogía con los rodillos una o dos veces al día y se depositaba provisionalmente en las chozas. Al finalizar el verano, seca ya la sal, se transportaba a lomos de mula a los almacenes estatales donde permanecía hasta su comercialización por la Hacienda Pública”.
La propiedad de este recurso pasó de unas manos a otras hasta que Felipe II -en 1564- decretó el monopolio de la sal. La industria salinera proporcionó a Poza siglos de esplendor. En 1845, la villa tenía un censo de 3.255 habitantes. Sus tres almacenes – el Depósito, la Magdalena y el Trascastro- tenían una capacidad de 11 millones de kilos de sal. El monopolio finalizó en 1888. La incorporación de nuevas formas de conservación de alimentos empujó a la decadencia de la primera industria pozana que, no obstante, mantuvo la extracción hasta 1974. El año 2001 las salinas fueron declaradas Bien de Interés Cultural, iniciándose su recuperación con fines turísticos. La Casa de Administración de las Salinas Reales se reabrió como centro de interpretación de la sal y se anunció la recuperación de las eras y depósitos. Deberán darse prisa en acometer tales proyectos porque los viajeros hallaron alguno de estos edificios en franca ruina.
Lo cual es raro en Poza de la Sal, que mantiene un caserío en bastante buen estado de conservación. Rodeada de la muralla medieval, en la que se apoyan algunas de sus edificaciones modernas, la villa conserva las puertas del Conjuradero, del Ayuntamiento y de las Eras. El casco antiguo conserva su trama medieval, con calles estrechas y empinadas, recostadas en la ladera del castillo. Las casas son de piedra en la primera planta y de entramados de madera y adobe en las plantas superiores. Hay abundancia de casas blasonadas.
La iglesia de San Cosme y San Damián es de estilo gótico, con portada barroca, de los siglos XIV y XV, con añadidos de los siglos posteriores. A un costado, se encuentra el Ayuntamiento y cerca, la calle El Diezmo, bajo un edificio típico de la construcción popular pozana. La Plaza Vieja es el lugar de celebración del mercado desde 1371, donde los tramperos cántabros venían a vender sus pieles. Un arco en la muralla comunica ésta con la Plaza Nueva, un espacio abierto, con su templete en el centro, desde cuya balconada los viajeros pueden contemplar a placer la planicie del Páramo de Masa, que explica el sobrenombre de Poza como “balcón de la Bureba”. Desde 1982, el casco urbano de Poza de la Sal es Conjunto Histórico-Artístico.
Los pozanos tienen una acreditada afición musical ya centenaria que les lleva a organizar un Festival de Charangas cada primer sábado de mayo, al que acuden agrupaciones de cada Comunidad. Con música o sin ella celebran además varias fiestas a lo largo del año: las que honran a San Cosme y San Damián, del 26 al 29 de septiembre; la romería de San Marcos el 25 de abril, en el santuario de la Virgen de Pedrajas; la de San Isidro el 15 de mayo, con subasta de productos del campo; la de los Salineros, dedicada a Santa Magdalena, el sábado siguiente al 22 de julio; las procesiones de la Virgen de Pedrajas, el 29 de junio para subir a la Virgen a su santuario, y el 8 de septiembre para devolverla a la parroquia.
La visita de los viajeros coincide con la admisión a trámite por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León de la denuncia presentada por la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales (Anpba) por la utilización de animales vivos en la Danza del Escarrete.
El del Desjarrete es un baile alrededor de dos gallinas y conejos que se celebra en las fiestas de San Blas, el domingo siguiente al 3 de febrero. En realidad, es la reminiscencia de una danza antigua para asegurar la felicidad conyugal. Inicialmente, era un baile reservado a los mozos casaderos. Primero bailaba el mozo, luego la moza y luego ambos, concluyendo con un saludo a las autoridades. Para garantizar la armonía matrimonial la moza tenía que cortar la cabeza -desjarretar- a uno de los animales. Hace años que los animales salen de la fiesta con la cabeza bien alta; se les lleva y se les trae, se les pasea en procesión y se les deja en el centro del corro, atados para que no escapen mientras mozos y mozas bailan con una espada la danza del Desjarrete, la jota pozana y pasodobles varios. La asociación animalista, avalada por el informe de algunos veterinarios, considera que este trajín y el hecho de estar atados causa estrés a los animales. Los pozanos defienden su fiesta así que en la villa este es un tema vidrioso que es preferible soslayar, al menos mientras el Tribunal no dicte sentencia. La Fiesta está declarada de Interés Turístico Regional.
Los viajeros pasean por la villa, contemplan la casa natal de Félix, evocan la memoria del famoso naturalista y se van de Poza de la Sal llevándose un frasco de sal y el recuerdo de un pueblo hermoso y bien cuidado que tuvo su fortuna en las salinas y trata de sobrevivir de su riqueza natural.

El Museo Cerralbo, un lugar para descubrir



Retrato del marqués de Cerralbo
El museo Cerralbo es uno de esos lugares secretos que esconden las ciudades viejas como Madrid. Secreto, no porque sea ignorado sino porque guarda mucho más de lo que muestra e incluso lo que muestra requiere de una atenta mirada para ser plenamente descubierto.
Fachada a la calle Ferraz
Vayamos por partes, el Cerralbo se encuentra al final de la calle Ventura Rodríguez, con vuelta a Ferraz, frente al parque del Templo de Debod, y al antiguo emplazamiento del Cuartel de la Montaña. Es un palacete levantado a finales del siglo XIX siguiendo las directrices de Enrique de Aguilera y Gamboa, un aristócrata culto, arqueólogo y amante del arte, XVII marqués de Cerralbo y Grande de España. El marqués dotó al edificio de los últimos avances técnicos: luz eléctrica, teléfono y agua corriente. La obra estaba destinada a vivienda familiar y a sede del museo que don Enrique tenía en mente, el lugar donde pudieran mostrarse sus distintas colecciones.
Don Enrique era un tipo singular. Educado en un ambiente conservador, había estudiado Filosofía y Derecho, fue miembro destacado del Partido Carlista, que se empeñó en modernizar, y senador del Reino. En 1899, tras la pérdida de las colonias, dimite de sus cargos políticos y se dedica a su verdadera afición: viajar y coleccionar obras de arte, también a otras aficiones menores: la jardinería, la agricultura, los concursos de carruajes y el fomento de la cría caballar.
Este hombre culto y polifacético se había casado a los 26 años con Inocencia Serrano y Cerver, que le doblaba la edad y aportaba al matrimonio dos hijos, Amelia y Antonio del Valle Serrano, éste, amigo y compañero de estudios del marqués. El nuevo grupo familiar disponía de patrimonio suficiente como para edificar el palacio y dedicarse a viajar por Europa para llenarlo de obras artísticas. Y eso es lo que hicieron.
El museo actuales el resultado de aquel trajín familiar y del refinado y variado gusto de sus miembros. En sus dependencias se pueden admirar armas, exvotos romanos o egipcios, libros, monedas, esculturas o pintura. De todo hay en el palacio. A la muerte de don Enrique, en 1922, lega sus hallazgos arqueológicos y paleontológicos al Museo Arqueológico Nacional y al de Ciencias Naturales, e instituye el futuro museo al donar a la nación el palacio y las obras y mobiliario que en él se guardan, con el mandato de que estén “siempre reunidas y sirvan para el estudio de los aficionados a la ciencia y al arte”. Un precursor, como se ve. El Estado aceptó el legado y encomendó el inventario y la dirección del museo a Juan Cabré.

Los Barruecos de Malpartida de Cáceres e internet


Cada 11 de febrero se celebra el Día Internacional de Internet Seguro, una llamada de atención al uso responsable y seguro de las tecnologías. Nuestro día, el día de quienes hemos encontrado en la tecnología en general e internet en particular una forma de ampliar nuestro conocimiento, nuestras relaciones. ¿Para qué se ha inventado internet si no es para conocer a personas estupendas que de otro modo nunca hubieras encontrado? La tecnología es algo prodigioso pero las personas lo somos más aún.
Adelantándonos a la celebración de nuestro día, a finales de enero nos citamos en Cáceres, acompañados de la siempre inteligente y atenta Pilar de Abalorios y de su santo, acogidos a la generosa hospitalidad de Valentín y Mari Paz, en la acogedora casa palacio Valdomicer. Nosotros somos el ejemplo palpable de que internet no sólo es seguro sino muy aconsejable.
Con tan fausto motivo, Valentín nos había preparado un programa al que sólo se le podía poner una objeción: saber si íbamos a ser capaces de sobrevivir. Sobrevivimos pero aún no hemos sido capaces de digerir tanta belleza, tanta risa y, todo hay que decirlo, tanta comida. Trataré de contar la expedición en sucesivas etapas.
Los Barruecos de Malpartida de Cáceres es un trozo de paraíso que debió desprenderse del Edén. Un lugar en el que se conjugan el agua, unas piedras graníticas con formas caprichosas y una dehesa en la que campan a sus anchas caballos, rebaños de ovejas, cigüeñas y otras aves que pasan aquí el invierno. No descubro ningún secreto, el paraje está declarado Monumento Natural.
En 1974 apareció por aquí Wolf Vostell, un alemán de aspecto estrafalario que se decía artista y había descubierto la técnica del dé-coll/age. Este padre del Happening europeo e iniciador del movimiento Fluxus, estaba casado con una extremeña y cuando descubrió este rincón decidió que era su lugar en el mundo. Empezó por proclamarlo Obra de Arte de la Naturaleza y a partir de ahí se aplicó a crear un museo en el que recopiló buena parte de su obra, un lugar de encuentro del Arte y la Vida.
¿Por qué el proceso...
Para ello fue preciso rehabilitar una vieja instalación industrial ya en desuso y en riesgo de ruina: un antiguo lavadero de lanas en el que trabajaron más de cien personas y se movieron más de 80.000 arrobas de lana al año. De su importancia económica a mediados del siglo XIX dieron testimonio Antonio Ponz y Pascual Madoz. El conjunto es una obra sorprendente y admirableSobre el contenido, sabido es que el arte es algo de gusto e interpretación personal e intransferible, pero el continente es un prodigio de recuperación, una lección sobre el terreno de las viejas industrias que llevaron riqueza a los pueblos. En una de las naves se ha instalado un Centro de Interpretación de las Vías Pecuarias e Historia del Lavado de Lanas de los Barruecos, en acertada combinación de tecnología y tradición. Un lugar que debiera ser visita obligada para los jóvenes estudiantes españoles. En 1988 la Junta de Extremadura lo declaró Bien de Interés Cultural-Sitio Histórico.  

El museo acoge exposiciones temporales –en el momento de nuestra visita una de Guinovart- e instalaciones exteriores. Dos resultan especialmente llamativas: una de Yoko-Ono (Pintura para clavar un clavo en la cruz), otra del propio Vostell (¿Por qué el proceso entre Jesús y Pilatos duró sólo dos minutos?). No son los únicos carteles que nos llaman la atención. Junto al puente, una advertencia nos llena de incertidumbre. “Peligro no tirarse”, reza. Y no sabemos qué hacer, si tirarnos o no. Finalmente, optamos por pasear por el entorno de la presa y hacer fotos a piedras, árboles y semovientes.