domingo, 15 de junio de 2014

De bravucón con las mujeres, Gallardón

El ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, propuso y el Consejo de Ministros del pasado viernes aprobó el indulto para un guardia civil que no sólo no impidió una agresión sexual a una mujer que viajaba en tren sino que la grabó y se regodeó en ello. El agresor fue condenado porque, no contento con molestar a la mujer, agredió a un pasajero que trató de evitarlo.
Como los maltratadores, que se atreven sólo con quienes creen inferiores, el ministro de Justicia, respaldado por el gobierno, falta al respeto a las mujeres porque las cree inferiores. Por eso indulta a un guardia civil indigno en vez de separarlo del cuerpo. (Por eso, y porque es hijo de un concejal del PP, dicho sea de paso). Me pregunto si hubiera indultado a ese mismo guardia civil si en vez de burlarse del dolor de una mujer agredida se hubiera burlado del presidente de un banco, Blesa o Rato, por señalar casos conocidos. No quiero ni pensar si el ofendido hubiera sido Botín. Me pregunto si se hubiera atrevido a indultar a ese guardia civil si verdaderamente hubiera creído que las mujeres somos ciudadanas acreedoras de respeto.
Con eso es con lo que se atreve Gallardón, con las mujeres maltratadas, vejadas, con las mujeres con problemas, con las mujeres embarazadas que deciden abortar. Para eso ha quedado el mirlo blanco del Grupo Prisa, la esperanza progre de la derecha española. De bravucón con las mujeres.

martes, 3 de junio de 2014

Los muros de las cigarreras


Cuando en 1790 se terminó la construcción del edificio de la Tabacalera –oficialmente Real Fábrica de Tabacos- hacía un año que había estallado la Revolución Francesa. Acaso sea esa la causa de que a lo largo de su historia arraigara con fuerza entre sus muros la rebeldía y la reivindicación.
El edificio ocupa una superficie de 28.000 metros cuadrados y en verdad, se inauguró como Fábrica Real de Aguardientes y Naipes si bien durante algo más de un siglo se dedicó a la tarea de elaboración de tabaco, merced a la habilidad de sus famosas cigarreras, mujeres combativas que dieron fama a la fábrica. Más de 10.000 llegaron a desempeñar su tarea en ella pero cuando el año 2000 se echó el cierre, hacía mucho tiempo que el lugar había perdido su esplendor y a sus cigarreras.  
En 2002 fue declarado Bien de Interés Cultural. Por entonces, el Ministerio de Cultura hablaba de ampliar hasta aquí la milla cultural que se extiende entre Cibeles y Atocha y comprende los Museos del Prado, Thyssen y Reina Sofía, además de Caixaforum y la Casa Encendida.
Los colectivos del barrio, entretanto, reclamaban el espacio para usos sociales. La crisis vino en ayuda de éstos y el Ministerio, obligado por el recorte presupuestario, acordó ceder el edificio temporalmente a aquéllos, que lo convirtieron en el Centro Social Autogestionado La Tabacalera de Lavapiés, un rebullir permanente de actividades.
Una de sus últimas iniciativas, con la colaboración del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, ha sido el proyecto Muros, esto es, pintar los muros que encierran la vetusta Tabacalera. Entre el 5 y el 13 de mayo, un grupo de artistas han plasmado en estas tapias su inspiración en pinturas muy llamativas. Una llamada de atención –algunas un puñetazo en la boca del estómago- una dosis de rebeldía, el eco reivindicativo de aquellas cigarreras del siglo pasado.

Todas ellas reclaman un momento de su tiempo a los paseantes, todas requieren una segunda mirada, pero hay una que, además, ofrece dosis generosas de ingenio, humor, acidez, desesperación, ingenuidad, ironía… “Esto no es un muro, es una mura”, advierte en una esquina; “Se atormenta una vecina”, indica más abajo; “Este muro sí que mola y no el de facebook”; “En casa de Jacinto hay un sillón para morirse”. Pequeñas píldoras, muy convenientes para asimilar la realidad que muestra otro mural que clama contra la impunidad de los crímenes franquistas.
¡Qué siembra debieron hacer las cigarreras de Lavapiés para que aún broten sus frutos incluso entre las piedras!

lunes, 2 de junio de 2014

Olor a rancio

Hay días que no está uno para nada. Eso ha debido de pensar el rey esta mañana. Así que ha llamado al presidente del gobierno –otro con el mismo dilema- y le ha presentado la abdicación.
¿Por qué hoy? ¿Por qué precisamente hoy? Aparte equilibrios políticos en precario tras las elecciones europeas, esa respuesta esconde sin duda una historia que algún día alguien escribirá pero, independientemente de las razones para elegir esta fecha, el rey había emprendido una carrera cuesta abajo que en algún momento tenía que acabar. Y ha acabado así: con un aviso de Rajoy y una grabación del rey en la tele. Adiós muy buenas, ha dicho.
Deja a su heredero un regalito. Un país con una crisis económica y de valores y una suspicacia cada vez mayor hacia la institución que representa: la monarquía. Nada de ello es casual. Todo tiene un origen y unos responsables conocidos que campan en la más absoluta impunidad. El rey es el primero de los impunes, pues la Constitución le garantiza la inviolabilidad. No está ni ha estado sujeto a responsabilidad, dice el artículo 56,3.    
Y porque no ha asumido responsabilidad cuando tenía que hacerlo, la familia real está corroída y corrompida y se ha convertido en un referente negativo para la sociedad, una vida familiar basada en la hipocresía de la conveniencia y en el abuso de privilegios. Eso en el ámbito privado, si un rey pudiera tener privacidad, porque en lo que es posible conocer, el rey dispone de un patrimonio que nadie sabe muy bien de dónde procede, ni su cuantía, gestionado por unos administradores que han terminado procesados. Luego se preguntarán por qué el desapego ciudadano.
¿Y en lo político? Pues podría ser que la realidad no fuera tan beatífica como nos han contado, ni en la transición, ni antes, ni después, y que, una vez abdicado, empiece a aflorar eso que hasta ahora ha permanecido oculto. Pilar Urbano no es la única periodista que ha vivido estos años.
Ciertamente, la realidad nunca es blanca o negra. Independientemente de la opinión que a cada cual le merezca la monarquía como institución, el rey jugó en su momento un papel que la sociedad consideró útil. Pero hace mucho tiempo que Juan Carlos I era más una rémora que una ayuda. La huida a un safari en el peor momento de la crisis económica española, con una amiga entrañable, destapó la caja de los truenos. Las disculpas no fueron suficientes entonces y ya no lo serían nunca más para la mayoría de la sociedad española, como han venido reflejando las encuestas, en las que el rey suspende una y otra vez.
Así y todo, la abdicación ha cogido por sorpresa. Obligados a expresar una opinión ante un hecho inédito en el último siglo de la historia española, las declaraciones se reparten entre quienes muestran una preferencia por la república como forma de gobierno, muchos, en aumento y casi todos los jóvenes, y entre quienes consideran que una monarquía parlamentaria puede ser útil en este momento histórico, liderada por una persona joven y bien preparada.
Ha habido también declaraciones trufadas de loas y ditirambos, frases hechas, de esas a las que se echa mano en los funerales y cuando uno no sabe qué decir. Alguna sería sincera, sin duda, pero la mayoría olían a rancio. Sonaban a un tiempo de reverencia al poder, de sacralización de la realeza, que no es el que vivimos.
Ese es el legado que va a recibir Felipe de Borbón junto con la corona. Una sociedad con creciente desapego a la monarquía, a los políticos, a los gestores de lo público. Y, a no mucho tardar, la sentencia que recaerá –alguna vez tendrá que ser- sobre un cuñado delincuente y, podría ocurrir, sobre una hermana cómplice. Eso, para empezar.
Hay días que no está uno para nada, es verdad, y el de hoy ha empezado con el anuncio de abdicación y ha terminado con las plazas llenas de gente apostando porque mañana, España será republicana.
Como ya advirtiera Escarlata O’Hara, mañana será otro día.

domingo, 1 de junio de 2014

Casa Ciriaco, una experiencia sui generis



Madrid es como un gran escenario histórico. Aquí vivió Cervantes, señala un cartel. Aquí se inició el levantamiento del 2 de Mayo, recuerda una placa. Frente al número 84 de la calle Mayor un monolito indica el lugar del atentado contra Alfonso XIII, el 31 de mayo de 1906.
Desde un balcón del tercer piso de este edificio, ocupado entonces por una pensión, Mateo Morral arrojó al paso de la comitiva real un ramo de flores que ocultaba una bomba, pero los cables del tranvía desviaron la trayectoria del explosivo, lo que salvó la vida de los monarcas pero causó la muerte de 25 civiles y un centenar de heridos. Es en ese momento cuando, según se cuenta, Alfonso XIII le dijo a Victoria Eugenia, joven y recién casada: España y yo somos así, señora. El que avisa, no es traidor.
La planta baja de ese edificio está ocupada por Casa Ciriaco, una casa de comidas -no restaurante, ni bistrot, ni nada semejante, casa de comidas- que tiene a gala mantener los usos y guisos tradicionales del más puro madrileñismo. Este año hemos celebrado allí el cumpleaños del colega que, casualmente, coincide con el aniversario del atentado.
Reservamos mesa, lo cual es muy aconsejable a pesar de las amplias dimensiones del comedor, porque la casa tiene una clientela fiel y abundante. Cuando accedes, tienes la sensación de introducirte en el túnel del tiempo y retornas al menos medio siglo atrás, de esa época debe ser la barra del local. Las paredes están totalmente cubiertas de carteles, fotografías de clientes ilustres, en una larga relación que encabeza el rey y su familia y sigue con escritores, pintores, actores y, en resumen, el quién es quién de la vida social española en el último siglo. Entre ellos, el dibujante Mingote, autor del escudo de la casa. Los camareros visten chaquetilla blanca y, a ojo, ninguno baja de los 50 años.
Somos cuatro a la mesa. Compartimos entrantes: un revuelto de patatas que toma el nombre de Julio Camba, uno de sus ilustres clientes, y unas gambas al ajillo. Para los segundos optamos por perdiz escabechada, lenguado a la plancha, callos y gallina en pepitoria. Las raciones son razonables, ni escuetas ni excesivas. Optamos por el vino de la casa y compartimos también los postres: ponche segoviano y bizcochos borrachos de Guadalajara; también tomamos café. Todos quedamos encantados con la elección. La receta de los callos y la pepitoria son tradicionales de la casa y eran realmente muy buenos.
Nos ha tocado el camarero “joven”, un tipo seguro de sí mismo. Cuando le comentamos que las gambas estaban muy ricas, nos responde que hemos tenido suerte porque algunos días han salido bastante malas. Nuestra amiga, que ha pedido el lenguado, le pregunta si ha sido una buena elección y le responde que para buena de verdad, la merluza. Creo que se está quedando con nosotros, comento. Pero nos queda la duda de si hablará en serio. Nuestro amigo elogia los callos que ha pedido y tanto él como yo, que he optado por la pepitoria, untamos pan en la salsa sin ningún recato así que, antes de retirarnos los platos, nuestro hombre nos pregunta si ya hemos terminado con la salsa o queremos acabarla. Sin complejos. Mientras nos traen los postres me levanto para hacer unas fotos de recuerdo, justo en el momento en que vuelve el hombre y, con autoridad de jefe, me pide el móvil. ¿Para qué se pone a hacer fotos si aquí el que sabe hacerlas soy yo?, me dice. Y, en efecto, nos hace unas fotos bien encuadradas. Miles de fotografías me tengo hechas, se ufana al devolverme el móvil.  
En cualquier otro lugar, esa actitud resultaría chocante pero en Casa Ciriaco, no, al menos en nuestro caso. Tuvimos la impresión de estar comiendo en un lugar familiar, en casa de ese tío soltero y mayor que te regaña, si se tercia. Ahora bien, si lo que se busca es un modelo de protocolo y finas maneras, éste no es el lugar. Hacemos una larga sobremesa sin que nadie nos importune, valga lo uno por lo otro, y abonamos una factura que consideramos razonable.
Para hacer un repaso de las fotos y carteles que cubren las paredes hubiéramos necesitado la tarde completa así que echamos un vistazo y nos prometemos volver otro día a seguir la inspección. En la puerta nos despide un señor mayor, el hipotético tío soltero, que resulta ser Godofredo Chicharro, el propietario de Casa Ciriaco.
Viste la misma chaqueta blanca que la plantilla de camareros y, al hablar con él, comprendes de dónde procede la sorna de sus empleados. La comida estaba muy buena, se me ocurre decir. Será que usted traía hambre, responde Godo. Va usted muy a la moda, pero ¿por qué se ha puesto un solo pendiente?, añade. Yo me echo mano a las orejas, asustada, y compruebo a la vez que llevo los dos pendientes y que me ha tomado el pelo.
En la puerta de su casa permanece con nosotros un largo rato contándonos la historia del establecimiento y de alguno de sus clientes. Es un monárquico por contacto, ajeno a modas y a conveniencias. Él es también quien cada 31 de mayo se preocupa de poner flores en el monumento a las víctimas del atentado, él quien ha editado también un folleto en el que se relata el momento que pudo haber cambiado el curso de la historia nacional, folleto que nos regala amable y generosamente.
Luego, leeremos críticas y comentarios del lugar de signo muy diverso pero como cada cual habla de la feria según le ha ido en ella, nosotros hemos anotado Casa Ciriaco entre nuestros lugares favoritos. Volveremos, a poco que se nos brinde la ocasión, volveremos.

miércoles, 28 de mayo de 2014

POR poder, Podemos


El 16 de mayo de 2011, el grupo Prisa presentaba en el Reina Sofía un programa de encuentros que había dado en llamar “POR” (Piensa, Opina, Reacciona) a los que había dado abundante publicidad.  
Pero entre la convocatoria y la inauguración se cruzó el estallido del 15 M, cuando unos cientos de jóvenes salieron a las calles para gritar su hartura. Aquella noche, los manifestantes fueron desalojados sin contemplaciones pero el 16 de mayo tomaron la Puerta del Sol y allí acamparon. Se estrenada un proceso que se extendió por el mundo entero con los efectos de un reguero de pólvora.
La tarde del 16 M me pasé por la Puerta del Sol para ver el ambiente y charlar un rato con los acampados. De allí me fui a la presentación de los Encuentros POR que tenían un cartel de lujo: Nativel Preciado, José Antonio Marina y Nacho Escolar, con Iñaki Gabilondo de maestro de ceremonias. La plana mayor de PRISA se citó en el lugar, orgullosos de su iniciativa. Pero en ese preciso instante el invento se había quedado anticuado, obsoleto frente al empuje de la calle, tal como loconté aquí mismo.
Lo que siguió es harto conocido. Los Encuentros POR languidecieron a pesar de los ilustres conferenciantes y el movimiento 15 M acabó replegándose a otros entornos –los barrios, la universidad- y multiplicarse en reuniones para dar respuesta a problemas concretos, como los desahucios.
Jóvenes muy preparados profesionalmente, técnicos muy cualificados en sus respectivas especialidades se han mantenido en segundo plano ideando respuestas y salidas a una sociedad que se ha encapsulado en torno a una casta de privilegiados formada principalmente por financieros y amparada por políticos del más amplio espectro.
De ahí, de ese movimiento, ha salido Podemos y su líder, Pablo Iglesias. Un joven hipercualificado, como tantos de su generación, que ha puesto sus conocimientos de política y de comunicación al servicio de una idea. De momento, de una idea. Gente que habla con palabras inteligibles y que, estos sí, llaman al pan, pan y al vino, vino. Que señalan dónde están los responsables de la crisis, dónde los corruptos y quienes los amparan. Que proponen formas distintas de hacer las cosas, nuevas prioridades, otros valores.
Han pasado apenas cuatro meses desde que Podemos se organizó como grupo y en las elecciones han logrado cuatro escaños. Una sorpresa. Un fenómeno. Los partidos tradicionales se han quedado a cuadros. Tres años menospreciando a los desharrapados del 15M y resulta que son capaces de plantarse en el Parlamento europeo.
Las reacciones de unos y otros demuestran una vez más que siguen sin entender nada. El PP repite su cantinela de que han ganado. Ni una palabra de la corrupción que les corroe hasta las entrañas. Ni mencionar la insultante riqueza de los suyos y de sus amigos, los sobresueldos en directo y en diferido, la evasión fiscal organizada por el partido que sustenta al gobierno, el dinero negro, frente a los millones de familias que están en la indigencia, el hambre de los niños.
Ni siquiera el PSOE –que tiene el partido patas arriba- es capaz de comprender lo que está pasando. Que ellos, como el resto, se han quedado viejunos. Que nada de lo que dicen es creíble porque hablan el lenguaje particular que han creado para justificarse y sus palabras carecen de significado. Que durante años se han atrincherado en el fuerte y cuando éste se ha caído se han quedado sin protección frente a la realidad. La realidad es que la socialdemocracia está desaparecida y, al parecer, tampoco se la espera. Pueden entretenerse con su juguete favorito y dejar pasar el tiempo hasta ver cómo se organizan. Da lo mismo. Si no son capaces de reformularse ideológicamente acabarán como grupo residual.
En cuanto a Izquierda Unida, llevan la partenogénesis en su ADN y ahí siguen, excluyentes y con su viejo discurso del siglo XIX. Ver y oir a Cayo Lara en la noche del domingo, tras conocerse los resultados electorales, era la mejor explicación para entender qué había pasado y qué les puede pasar. Pero, por si acaso, ahí está el ejemplo de Rivas Vaciamadrid, donde una facción de IU acaba de descabalgar al alcalde del mismo partido.  
Frente a todos ellos, incluido el populismo de UPyD, ha saltado Podemos diciendo las mismas cosas que cualquiera puede oir en la calle. ¿Significa eso que Podemos va a arrasar en las próximas elecciones? No. El éxito de Podemos quiere decir que hay mucha gente harta, cada vez más gente y cada vez más harta. Que no es posible que los partidos sigan comportándose como si aquí no pasara nada cuando hay y va a haber por mucho tiempo cinco millones de parados, los bancos son los que dictan la política económica, la iglesia dicta las leyes de acuerdo con su catecismo y los políticos viven en una realidad paralela a la de sus electores.
Pero Podemos es apenas un esbozo organizativo. Tiene ante sí la tarea ímproba de organizarse de manera operativa. Ha de enfrentarse al reto nada fácil de pasar de la poesía a la prosa, de las musas al teatro. Como detrás de Pablo Iglesias hay mucha gente muy valiosa, es de esperar que tengan la habilidad y la inteligencia para ser realistas y no correr el riesgo de morir de éxito. Pero si no fuera así, si Podemos no prosperara con arreglo a las esperanzas que se han depositado en ellos, los partidos políticos no deben bajar la guardia. Otros surgirán que tomen el relevo. Podemos es un aviso. Sólo un aviso. El primero. No están los tiempos para esperar a un tercero. 

martes, 20 de mayo de 2014

No es lo mismo


Mucha gente está irritada con el PSOE por algunas de las decisiones que tomó Zapatero y respaldó su gobierno. Se  bajaron los salarios a los funcionarios, se congelaron las pensiones, se modificó la Constitución para garantizar que se pagaría antes la deuda que los servicios públicos y, sobre todo, se cargaron todos sacrificios sobre los ciudadanos con nómina mientras se permitía que las grandes fortunas y los bancas hicieran mangas y capirotes. Es lo que hicieron, al fin y a la postre. La guinda la puso Zapatero al firmar el indulto al banquero Alfredo Sáez –condenado por corrupción- media hora antes de abandonar La Moncloa.
Hay motivos sobrados para el enfado. Está demasiado reciente el fiasco como para que se pase. Luego llegó el Partido Popular y arrasó con todo. Ha apretado las clavijas de tal manera que la clase media está cada vez más empobrecida, millones de personas han salido del sistema, arruinados hasta la miseria, y muchos miles de niños pasan hambre y penalidades.
No es extraño que haya hecho fortuna el slogan de “PSOE-PP, la misma mierda es”. Son lo mismo, repiten machaconamente los pequeños partidos que concurren a las elecciones. Da igual votar a unos o a otros, son lo mismo, oyes a unos y otros.
Y no, como advierte Alejandro Sanz, no es lo mismo ser que estar, estar que quedarse, quedarse que parar. No es lo mismo arte que hartar, justo que qué justo te va. No es lo mismo basta o va a estar, decir, opinar, imponer o mandar, las listas negras, las manos blancas...
No, no es lo mismo. Por torpe que fuera Zapatero –y lo fue mucho-, aunque seleccionara para ministras a chicas jóvenes, con mechas y glamour, a la hora de elaborar una Ley de Igualdad –que fue pionera en Europa- buscó la colaboración de feministas muy sólidas intelectualmente. Y sacó adelante una Ley de la Memoria Histórica, aprobó el matrimonio igualitario, la Ley de la Dependencia y una Ley de Aborto de plazos equiparable a las que rigen en los países más avanzados. Basta mirar la situación actual para comprobar que no es lo mismo.
Para quienes aprendimos a correr en los sesenta, dejar de votar es algo impensable pero las encuestas dicen que el domingo mucha gente no irá a votar, dejarán de hacer uso de un derecho por el que millones de ciudadanos luchan en el mundo. Esas encuestas apuntan también a un nuevo triunfo PP por un estrecho margen con PSOE. Los partidos pequeños tendrán una representación reducida en el Parlamento europeo.
Afortunadamente, cada cual tiene la opción de elegir aquello que le parezca más conveniente entre las candidaturas que se presentan pero que no insistan: no es lo mismo.
Lástima que sólo Alejandro Sanz tenga la “pomada pa' to' los dolores
remedios para toda clase de errores
también recetas pa' la desilusión.”

... no es igual…