Hay días que no
está uno para nada. Eso ha debido de pensar el rey esta mañana. Así que ha
llamado al presidente del gobierno –otro con el mismo dilema- y le ha
presentado la abdicación.
¿Por qué hoy? ¿Por
qué precisamente hoy? Aparte equilibrios políticos en precario tras las
elecciones europeas, esa respuesta esconde sin duda una historia que algún día alguien
escribirá pero, independientemente de las razones para elegir esta fecha, el rey
había emprendido una carrera cuesta abajo que en algún momento tenía que acabar.
Y ha acabado así: con un aviso de Rajoy y una grabación del rey en la tele. Adiós
muy buenas, ha dicho.
Deja a su
heredero un regalito. Un país con una crisis económica y de valores y una
suspicacia cada vez mayor hacia la institución que representa: la monarquía. Nada
de ello es casual. Todo tiene un origen y unos responsables conocidos que
campan en la más absoluta impunidad. El rey es el primero de los impunes, pues
la Constitución le garantiza la inviolabilidad. No está ni ha estado sujeto a
responsabilidad, dice el artículo 56,3.
Y porque no ha asumido
responsabilidad cuando tenía que hacerlo, la familia real está corroída y
corrompida y se ha convertido en un referente negativo para la sociedad, una vida
familiar basada en la hipocresía de la conveniencia y en el abuso de
privilegios. Eso en el ámbito privado, si un rey pudiera tener privacidad, porque
en lo que es posible conocer, el rey dispone de un patrimonio que nadie sabe
muy bien de dónde procede, ni su cuantía, gestionado por unos administradores
que han terminado procesados. Luego se preguntarán por qué el desapego
ciudadano.
¿Y en lo
político? Pues podría ser que la realidad no fuera tan beatífica como nos han
contado, ni en la transición, ni antes, ni después, y que, una vez abdicado, empiece
a aflorar eso que hasta ahora ha permanecido oculto. Pilar Urbano no es la
única periodista que ha vivido estos años.
Ciertamente, la
realidad nunca es blanca o negra. Independientemente de la opinión que a cada
cual le merezca la monarquía como institución, el rey jugó en su momento un
papel que la sociedad consideró útil. Pero hace mucho tiempo que Juan Carlos I
era más una rémora que una ayuda. La huida a un safari en el peor momento de la
crisis económica española, con una amiga entrañable, destapó la caja de los
truenos. Las disculpas no fueron suficientes entonces y ya no lo serían nunca
más para la mayoría de la sociedad española, como han venido reflejando las
encuestas, en las que el rey suspende una y otra vez.
Así y todo, la
abdicación ha cogido por sorpresa. Obligados a expresar una opinión ante un
hecho inédito en el último siglo de la historia española, las declaraciones se
reparten entre quienes muestran una preferencia por la república como forma de
gobierno, muchos, en aumento y casi todos los jóvenes, y entre quienes consideran
que una monarquía parlamentaria puede ser útil en este momento histórico,
liderada por una persona joven y bien preparada.
Ha habido también
declaraciones trufadas de loas y ditirambos, frases hechas, de esas a las que se
echa mano en los funerales y cuando uno no sabe qué decir. Alguna sería sincera,
sin duda, pero la mayoría olían a rancio. Sonaban a un tiempo de reverencia al
poder, de sacralización de la realeza, que no es el que vivimos.
Ese es el legado
que va a recibir Felipe de Borbón junto con la corona. Una sociedad con
creciente desapego a la monarquía, a los políticos, a los gestores de lo
público. Y, a no mucho tardar, la sentencia que recaerá –alguna vez tendrá que
ser- sobre un cuñado delincuente y, podría ocurrir, sobre una hermana cómplice.
Eso, para empezar.
Hay días que no
está uno para nada, es verdad, y el de hoy ha empezado con el anuncio de
abdicación y ha terminado con las plazas llenas de gente apostando porque
mañana, España será republicana.
Como ya
advirtiera Escarlata O’Hara, mañana será otro día.
Mañana desde luego que no seremos republicanos, ¿pasado?, puede.
ResponderEliminarSaludos
Mañana será, pues, aunque sea pasado.
EliminarUn abrazo.
mañana?... para eso tendrían que dejarnos opinar, y no veo yo mucho al partido en el gobierno, dándonos esa opción...
ResponderEliminarclaro que tampoco veo claro eso de la monarquía, y mira la de años que llevamos con la familia real asistiendo a distintos actos y cobrándonos una pasta en representación...
en fin... yo, si nos dejan votar, tengo claro lo que quiero...
veremos el resto... que una piensa una cosa y luego se lleva unas sorpresas que ni te cuento...
un placer, como siempre... y un montón de besos!!
El mañana, como la utopía, es una manera de mirar al futuro.
EliminarUn gusto siempre verte por aquí.
y lo pensaré en Tara.
ResponderEliminarSi fuese bruja te diría que muchos astros confluyen (nada silencionamente, por cierto) en el trocito de cielo que conforma nuestro universo y puede que sea una señal, ¿de qué? quiero pensar que en nuestras manos está descubirlo y con un poquito de suerte diseñarlo.
Besos
Cuando lo descubras, cuéntanoslo sin falta, Pilar.
EliminarUn beso.
A mí que me pregunten. Que ya apechugaremos con lo que salga, pero que pregunten.
ResponderEliminarSiempre apechugamos con lo que sale, también cuando no nos preguntan.
EliminarQue se te echa en falta, lo sepas.
Ya te digo...mira que hasta para pedir república, medio en serio, como fue ayer, ha hecho falta que abdicara él...¡mira si apechugamos aunque no sea elegido!
EliminarPor lo demás...¡qué cosas más bonitas me dices!