jueves, 6 de agosto de 2015

La Foz de Lumbier


Lumbier es un pueblo navarro recostado en la sierra de Leire, rodeado por los ríos Salazar e Irati que poco más adelante unen sus aguas. El Irati, que nace en la selva a la que da nombre, forma una garganta de piedra a unos kilómetros del pueblo, la llamada Foz de Lumbier.
 
En Navarra, se conoce como foz la garganta o desfiladero excavado entre paredes de roca por erosión de un río, a lo largo de miles de años. La entrada y salida de estas gargantas son pasos estrechos por los que sólo discurre el río lo que les convierte en lugares protegidos de la influencia humana, reservas de la naturaleza.
Aunque en territorio navarro hay otros ejemplos de foz, -en los ríos Salazar, Esca y Areta- la de Lumbier presenta la particularidad de que puede recorrerse íntegramente sobre el camino por el que entre 1911 y 1955 discurría un ferrocarril, conocido como “el Irati”. El recorrido es de 2,6 kilómetros de ida y vuelta y se realiza sin gran dificultad siempre que se acuda con calzado cómodo.

Las paredes de este desfiladero alcanzan en algún trecho una altura de 100 metros en las que anidan diversas rapaces y aves de variado plumaje: buitres, alimoches, chovas, grajillas, vencejos. La vegetación es de tipo mediterráneo.

Las aguas del Irati se remansan en algún tramo formando unas piscinas azules o verdosas, según la profundidad, la luz y el ramaje del entorno. El paraje es de una belleza salvaje y algo amedrentadora. Se trata de un callejón inexpugnable: bastaría colocar varios troncos de árboles a la entrada y salida de la foz para quedar totalmente aislados del mundo.
 
Acaso contribuya a esta sensación la evocación de los sucesos acaecidos aquí en 1990, cuyo recuerdo permanece indeleble entre los habitantes del entorno y también en nosotros. En junio de aquél año, un guardia civil y dos miembros del Comando Nafarroa de Eta, un hombre y una mujer, perdieron la vida a la orilla de este río; un tercer miembro del comando fue rescatado con heridas de las que logró recuperarse. La versión oficial indica que el sargento de la Guardia Civil fue asesinado por uno de los etarras y que éstos, viéndose perdidos por la imposibilidad de huir, decidieron suicidarse. El tercer etarra habría resultado herido en el tiroteo cruzado en los primeros momentos.     

Se accede a la Foz de Lumbier a través de sendos túneles, tanto si se llega desde el pueblo como si se accede desde la carretera N-240. Nosotros lo hicimos desde el pueblo, de donde parte un camino bien señalizado que finaliza en un aparcamiento vigilado (de pago). De allí parte la ruta que lleva hasta el Puente del Diablo.

Los túneles carecen de cualquier iluminación que no sea la que proviene de la luz del sol, que a duras penas penetra por una y otra boca. Quiere decir que, salvo que se vaya provisto de linterna –que no era nuestro caso- durante un tramo de este paso se transita casi a tientas orientados por la leve claridad que llega de las bocas del túnel.

 
El primero de los túneles se atraviesa con recelo pero con la expectativa de descubrir un lugar aún desconocido. Creo, además, que es más corto que el segundo. Pero en éste, próximo al lugar del suceso, se llega con el ánimo algo encogido. En este estado me hallaba cuando, al pronto, divisamos las siluetas de una pareja –chico y chica- que venía en dirección contraria a la nuestra. Lo confieso, por un instante, creí que los fantasmas de la imaginación tomaban cuerpo hasta que, al llegar a nuestra altura, saludaron con un buenas tardes, que respondimos cortésmente. Y unos y otros seguimos nuestro camino.
 
Ni que decir tiene que, al llegar al Puente del Diablo, nos dimos media vuelta sin más dilación.  

miércoles, 22 de julio de 2015

El Conde Fernán González y las Tierras de Lara

España es, con Italia, uno de los países europeos con mayor patrimonio histórico-artístico. Raro es el pueblo que no atesore un monumento como testigo de un instante de grandeza más o menos lejano. Otra cosa es el estado de esos monumentos, muchos de ellos en franca ruina o amenazando caerse.

Lo que llamamos monasterio de San Pedro de Arlanza son apenas unos restos que se mantienen en pie de milagro tras décadas de expolio público y privado. La cuna de Castilla es hoy un cascarón de piedra vacío, cuatro piezas de un puzzle que se reparten, que se sepa, el Museo Metropolitano de Nueva York, el Museo de Arte de Cataluña, el Museo Arqueológico Nacional, la catedral de Burgos y la Colegiata de Covarrubias.

Sólo la torre -del siglo XII- se mantiene en pie con la dignidad de quien ha sido testigo de grandes glorias. A la sombra de esa torre, el Grupo de Teatro Tierra de Lara ha escenificado los hechos -mitad históricos, mitad legendarios- que explican la existencia del propio monasterio de San Pedro de Arlanza y del Condado de Castilla.


El grupo teatral está vinculado a la Asociación para el Desarrollo de Tierra de Lara, empeñada en que no se apague el hálito de vida que aún queda en la comarca. Una zona al este de la provincia de Burgos, entre la Sierra de la Demanda y la de las Mamblas, entre los Ausines y San Millán de Lara, los Jaramillos -Quemado y de la Fuente-, Cascajares y Hortigüela, a cuyo municipio pertenece el viejo monasterio.

Fernán González, Conde de Castilla, vivió entre los años 910 y 960, luchó contra Abderramán III, contribuyó a repoblar la meseta y mantuvo unas relaciones complicadas con los reyes de León. Los castellanos lo tuvieron por su héroe y, dos siglos después de su muerte, un autor anónimo, probablemente algún monje del monasterio por él fundado, narró sus hazañas en un poema donde se mezclan historia y leyenda, más ésta que aquella, a mayor gloria del buen conde. 

A partir de este poema, Lope de Vega dramatizaría la leyenda. Ésta obra en verso es la que el Grupo de Teatro Tierra de Lara representaba junto a las piedras de San Pedro de Arlanza los días 17 y 18 de julio, bajo la dirección de Ernesto Pérez Calvo, párroco de los Ausines, alma de los varios grupos teatrales de la provincia.

El montaje de Pérez Calvo incorpora algunos momentos musicales -a cargo del Grupo de Danzas Tierra de Lara- e introduce dos figuras que no aparecen en la obra de Lope, la Historia y la Leyenda, que pugnan sobre el escenario para dar su visión de los hechos: todo un hallazgo dramático. El resultado es una obra interesante, amena, incluso divertida, con un nivel general muy, pero que muy aceptable pese al amateurismo evidente de los actores.

Mientras se desarrolla la acción, bajo un cielo estrellado que ni encargado a propósito, una noche suave -que requiere de la inevitable rebequita-, un público variopinto que acude en grupo provisto de bocadillos, pienso en quienes están detrás de la obra, del grupo de teatro, de la asociación.

Ninguno de los más de treinta actores son profesionales, son vecinos de la comarca o de Burgos pero vinculados a la Tierra de Lara, mujeres y hombres, jóvenes y mayores, que dedican a los ensayos el tiempo libre que los demás dedicamos al ocio, a la atención familiar, o a las aficiones particulares. Mujeres y hombres que contemplan el abandono de los pueblos en invierno, la ruina paulatina de casas a las que ya no vuelve nadie, la dificultad de las comunicaciones -internet llega tarde y mal a los pueblos-, el descuido de sus monumentos -el propio monasterio de San Pedro de Arlanza estuvo en un tris de ser anegado por las aguas de un pantano non nato-, la falta de perspectivas profesionales, el olvido institucional. Hombres y mujeres que no se rinden al desaliento.

Al término de la representación el público aplaudió con entusiasmo a los actores, a la organización, a los voluntarios que habían ordenado el traslado de los espectadores en autobuses desde Hortigüela y desde Covarrubias al monasterio. Aplauso merecido y justo donde los haya.

Y todo esto, ¿para qué? Para advertir del riesgo que corren nuestros monumentos si no se les presta atención. Para pedir que no sean olvidados, que se les dé a conocer, que se les procure algún uso; para, como advertía Jesús Medina, el presidente del Grupo de Teatro Tierra de Lara, evitar su desaparición, su ruina total.

Lara es una tierra que también está en ruinas, afirmaba Pérez Calvo ante un auditorio embrujado por la belleza del entorno y la emoción del instante. Es posible que esté en lo cierto pero en esos momentos, a la sombra de las viejas y maltrechas piedras, con la silueta de San Pelayo allá arriba, la estela de la Vía Láctea sobre nuestras cabezas y las estrellas que quieren asomarse al espectáculo parece lo suficientemente viva como para convertir esta iniciativa en una cita obligada en el verano burgalés. Ojalá que lo consiga.

sábado, 11 de julio de 2015

Ultramarinos finos


Los sentidos son antenas de que dispone el cuerpo para sintonizar con los recuerdos. El olfato, el gusto, la textura de un objeto común nos devuelven a sensaciones refugiadas en alguna parte de la memoria.
La Habana es una ciudad de olores familiares. Así que uno sale a la calle, además de sentir la fuerza del calor húmedo del Caribe, percibe una mezcla de aromas que, como a Proust y su magdalena, transportan al viajero a territorio conocido. ¿A qué huele? Huele a tienda de ultramarinos -que aquí no necesita de mayor explicación- a tienda de tu niñez, aquellas que vendían de todo y a las que las madres o las abuelas enviaban a los niños sólo para cosas menudas, olvidos de última hora.
Baja donde Felisa y que te dé media barra de pan. Ve donde Mari Carmen a por dos onzas de chocolate. Cosas de poca importancia que podías pagar o dejar para después. “Ya bajará mi abuela a pagarlo”, decías, sin ningún rubor. Sólo cuando habías llegado a la adolescencia te daban dinero para pagar el encargo. Y no siempre.
Felisa y Mari Carmen eran mis dos tiendas de referencia. La segunda estaba en los impares -el 7 o el 9, quizá- de la Carretera de Madrid, entonces Avenida de Carlos Miralles y hoy Avenida de Castilla. Ocupaba aproximadamente el espacio de un portal, y, en la mitad de los años cincuenta del siglo pasado, era el primer nivel en la escala comercial de la familia Pascual. Mari Carmen era sobrina de los “pascuales”, que vivían al lado, en un edificio de tres pisos, cuya planta baja también era comercio de comestibles pero de mayor volumen, y suministraba chocolate al menudeo, dicho sea en el estricto y primigenio sentido de los términos chocolate y menudeo. No sé cuánto vendería pero seguro que muchos kilos porque la mayoría de niños del barrio -el Allendeduero- nos surtíamos de su tienda, de onza en onza o, a lo sumo, de dos en dos onzas. La dosis que cabía en el trozo de pan de la merienda para evitar que te churretearan las manos si se derretía. La tienda de Mari Carmen olía a dulce.
Pero la verdadera tienda de ultramarinos era la de Felisa, la del Gato, en el número 3 de la Carretera de la Estación. El Gato que daba nombre a la tienda era el marido, Antonio, como antes lo fue su padre. Mi recuerdo aún alcanza a la madre, ya muy mayor, que enseguida dio paso a la nuera. Felisa era la bondad en persona pero también la eficacia hecha mujer. Te preguntabas cómo podía atender ella sola la pescadería, un mostrador mínimo a la izquierda de la puerta, y la tienda de ultramarinos. Además de a la suegra, al marido y la casa.
Escribo tienda de ultramarinos porque así se llamaba pero la acepción no le hace justicia si no añado que era en tamaño y en el continente como cualquier tienda de chuches actual, pero en el contenido como el supermercado del Corte Inglés. Allí encontrabas de todo. Desde harina de la Harinera Arandina a bacalao de Groenlandia -cuyo caladero aún no había sido esquilmado-; de pimentón de la Vera -o de Murcia- a comino, canela, azafrán o clavo, lentejas o garbanzos; desde aceite -con su dispensador de émbolo- a sardinas arenques; desde chorizo y jamón -salado o “en dulce”- a berberechos en lata; desde el pan hasta el periódico, que allí repartía el Chorrillas y que recogían los “suscriptores”. Digo periódico pero debería decir “El Caso”, que era lo más demandado y el que recogí cientos de semanas por encargo de mi abuela.
Abrías la tienda, en invierno, porque en verano permanecía abierta permanentemente, y sentías una vaharada exótica, una mezcla de olores y sabores del mundo, aunque no supieses ubicar aquellos lugares de ultramar. Felisa colocaba en la puerta de la tienda unos toneles con escabeche de chicharro y unas latas enormes con escabeche de bonito y conservas de sardinas en cuyos lomos se leía la procedencia: Fuenterrabía (Guipuzcoa), Ondárroa (Vizcaya). Cuando, muchos años después, pasé por primera vez por aquellos pueblos vascos, que aún conservaban la toponimia castellana, como cuando visité La Habana, mi primer recuerdo fue para Felisa y su tienda de ultramarinos, que nos permitió vislumbrar un mundo ignorado, allende el Duero y allende el mar.
He recordado todo esto cuando, retada a subir poemas a facebook, he encontrado estos versos de Manolo Arandilla, que tan bien expresan lo que era una tienda de ultramarinos.

Como cualquiera,
llegué al mundo cuando todo estaba puesto:
el número de casa, el año, la altitud,
el vino meditando en la bodega
y el ultramarinos de la esquina abierto,
donde mi madre me mandó hacer el primer recado
para que sintiera el universo en que me tocaba vivir,
expuesto en anaqueles en los que el mar se confundía
con la tierra y el cielo por medios comestibles,
y donde mis cinco sentidos se arruinaron de repente,
se desplomaron por la lonja
cuando mi oído enredó en su laberinto mi llanto,
las palabras del tendero, los derrumbes de la canela,
el entrechoque de los granos de azúcar,
el suspiro del jamón curando, el sonido arrugado
de la pera que madura en la banasta, la sinfonía
de la aceituna en flotación y el comprimido roncar del arenque...;
cuando mi vista borró los estantes y trituró
en el molinillo de café amarrado al mostrador de mis ojos
la percepción de la oscuridad, el hortelano recuerdo
de la verdura, el brillo de la fruta,
la blanca perfección de la harina, la galletas de coco
y la luz apagada de las velas...;
cuando mi tacto se vio incapaz de distinguir
la tierra adosada a las patatas, el papel de estraza,
las olas del mar en las latas de sardinas,
la piel de la manzana, el calor de las lamparillas
de aceite y el frío de la toquilla de hielo del pescado...;
cuando mi olfato olió todo a la vez
y me fue imposible separar cada efluvio
y colocarlo en su sitio -el del bacalao en el bacalao
el del comino en el comino, el de la espuma en el jabón
y el del cáñamo en las alpargatas-;
cuando mi gusto embarulló en el sabor de un cacahués
hojas de laurel, escabeche de bonito, clavo,
pimentón, anises, azafrán, nuez moscada, cacao,

arroz, legumbres y sueños de ultramar.

jueves, 2 de julio de 2015

Recalentamiento estival

La previsión meteorológica anuncia una nueva ola de calor para el próximo fin de semana cuando aún no se ha ido del todo la que nos ha aplanado el espíritu en los últimos días. Será por eso que la escaleta de noticias viene también recalentada.  
Dejando de lado el pifostio montado en Grecia a propósito del referéndum para que los griegos digan si aceptan una oferta económica que, en puridad, ya ha sido retirada o prefieren que sigan gobernándoles los bancos y los mercados financieros. Es decir, si quieren morir por asfixia o en la horca.
Dejando de lado la historia interminable de la financiación ilegal del Partido Popular, con la connivencia de sus sucesivos presidentes, secretarios generales y demás mandos en plaza y el rostro marmóreo de los mismos a la hora de contarnos la milonga de a mí que me registren.
Pasando por alto la manipulación estadística de los datos sobre empleo, paro y contrataciones tipo basurilla.
Obviando el salto p’atrás que la sociedad española ha vivido en la presente legislatura cuyo resumen práctico ha entrado en vigor hoy con la bien llamada ley mordaza, tenemos lqs siguientes novedades:
- El Fondo Monetario Internacional, esa ONG presidida por personas obligatoriamente procesadas o bajo sospecha, declara que Grecia necesita una quita y una financiación suplementaria de 51.900 millones de euros. Como es sabido, los estatutos del FMI no permiten autorizar quita alguna.
- Cuba y Estados Unidos reabrirán sus embajadas el 20 de julio, con los Castro vivitos y coleando y el Partido Republicano americano amenazando con echarlo todo abajo.
- British Petroleum pagará 18.700 millones de dólares en 18 años por el vertido de petróleo en el Golfo de México en 2010.  
- Rajoy adelanta a este mes la rebaja del IRPF que estaba prevista para 2016, sin que, según asegura, tenga nada que ver con el periodo electoral que se avecina.
- Un robot mata a un técnico de Volkswagen en Alemania.
- El presidente de la Federación Española de Tenis, José Luis Escañuela, dimite en diferido.
- Gerardo Díaz Ferrán, acepta una condena de cinco años y medio de cárcel y una multa de 1,2 millones de euros por alzamiento de bienes, concurso fraudulento, blanqueo de capitales e integración en grupo criminal con ocasión del vaciamiento del Grupo Marsans. Este perla presidió durante años la patronal CEOE, desde donde impartió abundante pedagogía ética siempre contra los trabajadores.
- El juez Pedraz archiva la denuncia contra el concejal Zapata al no ver delito en sus tuits contra Irene Villa, después de que la joven víctima de atentado terrorista restara importancia a los mensajes del concejal de Podemos. Los habituales defensores de las víctimas del terrorismo aprovechan para insultar y humillar a Villa.
Decididamente, con el verano todos estamos un poco más p’allá. 

martes, 30 de junio de 2015

Tomando apuntes: Ley mordaza

Se cumple hoy el décimo aniversario de la aprobación del matrimonio igualitario. Diez años del momento en que las Cortes aprobaran una modificación del Código Civil que permitía contraer matrimonio con idénticos derechos a cualquier pareja, de igual o distinto sexo.
Como en España de momento la mayoría somos heterosexuales a veces tenemos la sensación de que la modificación legal fue un mero trámite que nos concierne poco pero no es así, se trata de una ampliación de los derechos civiles y siempre que se amplía el reconocimiento de derechos la sociedad entera da un paso adelante, avanza hacia un mundo más justo, más igualitario. Un mundo un poco mejor.
Diez años de una ley que fue muy trabajada por el concejal socialista Pedro Zerolo, presentada por el ministro socialista de Justicia Juan Fernando López Aguilar, aceptada y promovida por otro socialista, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, respaldada por el PSOE y, finalmente, aprobada en el Congreso por todos los partidos, excepto el Partido Popular y los democristianos de Unió Democrática de Catalunya.
Una década ha transcurrido desde aquel momento de conquista de derechos -antes se había aprobado una Ley de Igualdad, totalmente innovadora en Europa y cinco años después se aprobaría una ley de aborto de plazos- y, contra lo que habíamos creído, la sociedad española ha visto como se producía una pérdida progresiva de lo que creíamos que era una conquista definitiva. Ningún avance es definitivo, hay que pelearlo cada día, especialmente si quien gobierna es el Partido Popular.
Mañana entra en vigor una ley de Seguridad Ciudadana que, para evitar errores de interpretación, es conocida como ley mordaza. Una ley totalmente regresiva que impide prácticamente todo, incluidas las sentadas pacíficas, las protestas por los desahucios o fotografiar a la policía.
La oposición entera ha presentado recurso ante el Tribunal Constitucional así que habrá que tomar nota, esperar a las próximas elecciones e ir a votar con los apuntes tomados a lo largo de estos años. Si queremos seguir avanzando y no queremos convertir nuestra historia en la conga de Jalisco, que va y viene, viene y va.

  

sábado, 13 de junio de 2015

Manuela Carmena, alcaldesa

Tendemos a abusar de los adjetivos. Aplicamos el calificativo histórico con demasiada frecuencia. Pero hoy podemos usar el adjetivo sin reservas. El 20 de noviembre se cumplen cuarenta años de la muerte de Franco, el 3 de abril se cumplieron los 36 años de las primeras elecciones municipales y hasta hoy no hemos conseguido que una mujer sea elegida para gobernar la capital de España. Ya sé que la saliente ha sido mujer pero no fue elegida, recibió el mandato por incomparecencia del candidato, que se marchó al Ministerio de Justicia a hacer una ley del aborto que acabó en el baúl de los recuerdos.

A lo que iba. Madrid tiene desde hoy alcaldesa por voluntad de sus ciudadanos. Una jueza progresista jubilada. Una mujer de 71 años que se desplaza por la ciudad en metro o en bicicleta: Manuela Carmena.

Así que esta mañana he propuesto al colega y a la Pubilla acercarnos a Cibeles para ver el ambiente. Y allí nos hemos encaminado en cuanto hemos visto en la tele el recuento de votos, alejado definitivamente el riesgo de un nuevo tamayazo. Carmena ha obtenido los 20 votos de los concejales de su grupo, Ahora Madrid, más los nueve del PSOE. Los 21 concejales del PP han votado a Esperanza Aguirre y los siete de Ciudadanos a su candidata Begoña Villacís.

¿Te imaginas que en vez de 29 obtiene 31, de algún concejal del PP que no quiere a Aguirre?, le digo al colega. Pero, no. La votación ha seguido el guión, Carmena ha sido proclamada alcaldesa, ha jurado su cargo y ha pronunciado un discurso como deben ser estos pronunciamientos. Con respeto al sentido común y sin olvidar por qué están en el cargo y quien los ha elegido.

Esa es la primera diferencia de los nuevos con sus predecesores, que éstos, habituados a tener que bregar con la estructura de los partidos, han ido olvidando que a quien se deben es a los ciudadanos y que son a éstos, y no a sus secretarios generales, a quienes han de rendir cuentas.

El discurso de Carmena no descubre nada que no supiéramos, ni siquiera es una pieza oratoria relevante, pero dice lo que hay que decir: estamos aquí para servir, llamadnos por nuestro nombre, no establezcáis distancias ni dejáis que lo hagamos nosotros.
Con este buen sabor en la boca llegamos a Cibeles y encontramos la plaza tomada por la policía, con gran aparato defensivo y abundancia de lecheras -o comoquiera que se llamen las furgonas policiales-. En la zona del paseo central hay un grupito que, a ojo, no llega a las cien personas, con pancartas contrarias a Carmena. Las protegen un número similar de efectivos policiales que impiden acercarse a ellos y orientan a los viandantes hacia el lateral del edificio de Correos, donde se agrupan varios cientos de personas. Cantan y vocean a favor de la alcaldesa. Los pasajeros de un autobús turístico que espera en el semáforo se unen a la algazara y bailan también desde la plataforma descubierta.

Al borde de la calzada, un grupo de personas mayores -muy mayores- sostiene una pancarta con los rostros de muchas personas. Reclaman a voces que no prescriban los crímenes del franquismo. Tan cerca y tan lejos, las dos Españas. Las voces de los viejillos se pierden en otros ruidos: el del tráfico, el de los contrarios a la alcaldesa, el de sus partidarios.

Los partidarios de Manuela van en aumento y son cada vez más ruidosos. De pronto, todos nos desplazamos hacia la embocadura de la calle Ruiz de Alarcón, por donde empiezan a salir algunos de los asistentes al acto oficial. Se oyen aplausos, cánticos y vivas. Por la calzada lateral llega un grupo de ciclistas de Equo. Más cánticos, más bailes, se mezclan al bullicio.

Échate un baile conmigo, le digo a la Pubilla, que está en esa difícil edad de la adolescencia donde todo le ruboriza. Es que yo, bailar..., se defiende. A estas alturas, el colega está en el grupo de observadores, como si pasara por allí y no conociera a nadie. La Pubilla se arma de valor y se une al jolgorio. Cantamos eso de: Adios, Botella, goodbye PP, ciao, ciao Aguirre, auf Wiedersehen.
Acabas de asistir a un momento histórico así que apúntatelo en el disco duro del cerebro para que se lo puedas contar a tus nietos: Estabas en Cibeles cuando fue elegida la primera mujer alcaldesa de Madrid.
Cuando volvemos a la plaza ya no están ni los veteranos antifranquistas ni los contrarios a Carmena. Permanecen los policías en número que sigue pareciendo excesivo. Una turista se acerca a uno de ellos y le pregunta en inglés qué es lo que ocurre. Han elegido a la nueva alcaldesa, responde el agente en un inglés muy correcto.
La Pubilla, el colega y yo enfilamos la calle Alcalá -sin nardos ni faldas almidonás- hacia la Puerta del Sol. No sé si hemos tomado Madrid. 

viernes, 12 de junio de 2015

Cuando 1985


Una de las ventajas de la jubilación es que te queda tiempo para pensar. Pajaradas, a veces. ¿Por qué no seremos capaces de reconocer de antemano a personas que luego serán importantes en nuestra vida?, le pregunto al colega. Porque igual nos hacíamos un lío, responde él con su proverbial cachaza. Pero igual tiene razón. Igual es verdad que una cierta dosis de ignorancia no viene mal.

Pongámonos en 1985, esa fecha mítica que ahora nos recuerdan en los telediarios,  cuando España y Portugal se adhirieron al la Comunidad Económica Europea,  preludio de la actual Unión. Ahí está un joven y garboso Felipe González, pletórico y poderoso. Con los 100 años de honradez intactos. A su lado, Manolo Marín, tan bisoño y tan ilusionado. 

González se mantuvo más de trece años en la presidencia del gobierno; confesó haber llegado a un punto de no aguantarse a sí mismo, dejó los bonsais en el Jardín Botánico, a su ex ministro de Interior en la cárcel de Guadalajara y, un poco después, se fue a asesorar a Gas Natural Fenosa. Ahora acaba de volver de un viaje a Venezuela, donde el sucesor de su amigo Carlos Andrés Pérez le ha propinado una patada en tan ilustres posaderas. 

Marín, que llegó a presidir la Comisión Europea y el Congreso de los Diputados, en 2007 dejó la política harto de sus compañeros de partido para dedicarse a la ecología y el medio ambiente. Ahora  preside la Fundación Iberdrola.

En 1985, una joven de 20 años, que cursaba Ciencias Políticas en la Complutense, acababa de presidir en el Senado el Día Iberoamericano. Se llamaba Cristina de Borbón y decían de ella que era la lista de la familia. Tiempo después se casó con un tío bueno y de regalo de boda su padre le dió un ducado. El tío bueno y la chica lista han puesto una carga de dinamita en los cimientos de la monarquía y su hermano, que en 1985 acababa de volver a España después de unos años de formación en el extranjero, ahora es rey y hoy le ha apeado del tratamiento.

Hace treinta años, una jueza famosa por su decisión de eliminar las astillas de los juzgados, corruptelas habituales en la época, recibía el premio nacional Derechos Humanos. Antes había sido abogada laboralista y se llamaba Manuela Carmena. Salvo cataclismo universal, será la próxima alcaldesa de Madrid. 

Quizás el colega está en lo cierto. Es preferible ir descubriendo la realidad poco a poco. Para no hacernos un lío.