martes, 30 de junio de 2015

Tomando apuntes: Ley mordaza

Se cumple hoy el décimo aniversario de la aprobación del matrimonio igualitario. Diez años del momento en que las Cortes aprobaran una modificación del Código Civil que permitía contraer matrimonio con idénticos derechos a cualquier pareja, de igual o distinto sexo.
Como en España de momento la mayoría somos heterosexuales a veces tenemos la sensación de que la modificación legal fue un mero trámite que nos concierne poco pero no es así, se trata de una ampliación de los derechos civiles y siempre que se amplía el reconocimiento de derechos la sociedad entera da un paso adelante, avanza hacia un mundo más justo, más igualitario. Un mundo un poco mejor.
Diez años de una ley que fue muy trabajada por el concejal socialista Pedro Zerolo, presentada por el ministro socialista de Justicia Juan Fernando López Aguilar, aceptada y promovida por otro socialista, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, respaldada por el PSOE y, finalmente, aprobada en el Congreso por todos los partidos, excepto el Partido Popular y los democristianos de Unió Democrática de Catalunya.
Una década ha transcurrido desde aquel momento de conquista de derechos -antes se había aprobado una Ley de Igualdad, totalmente innovadora en Europa y cinco años después se aprobaría una ley de aborto de plazos- y, contra lo que habíamos creído, la sociedad española ha visto como se producía una pérdida progresiva de lo que creíamos que era una conquista definitiva. Ningún avance es definitivo, hay que pelearlo cada día, especialmente si quien gobierna es el Partido Popular.
Mañana entra en vigor una ley de Seguridad Ciudadana que, para evitar errores de interpretación, es conocida como ley mordaza. Una ley totalmente regresiva que impide prácticamente todo, incluidas las sentadas pacíficas, las protestas por los desahucios o fotografiar a la policía.
La oposición entera ha presentado recurso ante el Tribunal Constitucional así que habrá que tomar nota, esperar a las próximas elecciones e ir a votar con los apuntes tomados a lo largo de estos años. Si queremos seguir avanzando y no queremos convertir nuestra historia en la conga de Jalisco, que va y viene, viene y va.

  

sábado, 13 de junio de 2015

Manuela Carmena, alcaldesa

Tendemos a abusar de los adjetivos. Aplicamos el calificativo histórico con demasiada frecuencia. Pero hoy podemos usar el adjetivo sin reservas. El 20 de noviembre se cumplen cuarenta años de la muerte de Franco, el 3 de abril se cumplieron los 36 años de las primeras elecciones municipales y hasta hoy no hemos conseguido que una mujer sea elegida para gobernar la capital de España. Ya sé que la saliente ha sido mujer pero no fue elegida, recibió el mandato por incomparecencia del candidato, que se marchó al Ministerio de Justicia a hacer una ley del aborto que acabó en el baúl de los recuerdos.

A lo que iba. Madrid tiene desde hoy alcaldesa por voluntad de sus ciudadanos. Una jueza progresista jubilada. Una mujer de 71 años que se desplaza por la ciudad en metro o en bicicleta: Manuela Carmena.

Así que esta mañana he propuesto al colega y a la Pubilla acercarnos a Cibeles para ver el ambiente. Y allí nos hemos encaminado en cuanto hemos visto en la tele el recuento de votos, alejado definitivamente el riesgo de un nuevo tamayazo. Carmena ha obtenido los 20 votos de los concejales de su grupo, Ahora Madrid, más los nueve del PSOE. Los 21 concejales del PP han votado a Esperanza Aguirre y los siete de Ciudadanos a su candidata Begoña Villacís.

¿Te imaginas que en vez de 29 obtiene 31, de algún concejal del PP que no quiere a Aguirre?, le digo al colega. Pero, no. La votación ha seguido el guión, Carmena ha sido proclamada alcaldesa, ha jurado su cargo y ha pronunciado un discurso como deben ser estos pronunciamientos. Con respeto al sentido común y sin olvidar por qué están en el cargo y quien los ha elegido.

Esa es la primera diferencia de los nuevos con sus predecesores, que éstos, habituados a tener que bregar con la estructura de los partidos, han ido olvidando que a quien se deben es a los ciudadanos y que son a éstos, y no a sus secretarios generales, a quienes han de rendir cuentas.

El discurso de Carmena no descubre nada que no supiéramos, ni siquiera es una pieza oratoria relevante, pero dice lo que hay que decir: estamos aquí para servir, llamadnos por nuestro nombre, no establezcáis distancias ni dejáis que lo hagamos nosotros.
Con este buen sabor en la boca llegamos a Cibeles y encontramos la plaza tomada por la policía, con gran aparato defensivo y abundancia de lecheras -o comoquiera que se llamen las furgonas policiales-. En la zona del paseo central hay un grupito que, a ojo, no llega a las cien personas, con pancartas contrarias a Carmena. Las protegen un número similar de efectivos policiales que impiden acercarse a ellos y orientan a los viandantes hacia el lateral del edificio de Correos, donde se agrupan varios cientos de personas. Cantan y vocean a favor de la alcaldesa. Los pasajeros de un autobús turístico que espera en el semáforo se unen a la algazara y bailan también desde la plataforma descubierta.

Al borde de la calzada, un grupo de personas mayores -muy mayores- sostiene una pancarta con los rostros de muchas personas. Reclaman a voces que no prescriban los crímenes del franquismo. Tan cerca y tan lejos, las dos Españas. Las voces de los viejillos se pierden en otros ruidos: el del tráfico, el de los contrarios a la alcaldesa, el de sus partidarios.

Los partidarios de Manuela van en aumento y son cada vez más ruidosos. De pronto, todos nos desplazamos hacia la embocadura de la calle Ruiz de Alarcón, por donde empiezan a salir algunos de los asistentes al acto oficial. Se oyen aplausos, cánticos y vivas. Por la calzada lateral llega un grupo de ciclistas de Equo. Más cánticos, más bailes, se mezclan al bullicio.

Échate un baile conmigo, le digo a la Pubilla, que está en esa difícil edad de la adolescencia donde todo le ruboriza. Es que yo, bailar..., se defiende. A estas alturas, el colega está en el grupo de observadores, como si pasara por allí y no conociera a nadie. La Pubilla se arma de valor y se une al jolgorio. Cantamos eso de: Adios, Botella, goodbye PP, ciao, ciao Aguirre, auf Wiedersehen.
Acabas de asistir a un momento histórico así que apúntatelo en el disco duro del cerebro para que se lo puedas contar a tus nietos: Estabas en Cibeles cuando fue elegida la primera mujer alcaldesa de Madrid.
Cuando volvemos a la plaza ya no están ni los veteranos antifranquistas ni los contrarios a Carmena. Permanecen los policías en número que sigue pareciendo excesivo. Una turista se acerca a uno de ellos y le pregunta en inglés qué es lo que ocurre. Han elegido a la nueva alcaldesa, responde el agente en un inglés muy correcto.
La Pubilla, el colega y yo enfilamos la calle Alcalá -sin nardos ni faldas almidonás- hacia la Puerta del Sol. No sé si hemos tomado Madrid. 

viernes, 12 de junio de 2015

Cuando 1985


Una de las ventajas de la jubilación es que te queda tiempo para pensar. Pajaradas, a veces. ¿Por qué no seremos capaces de reconocer de antemano a personas que luego serán importantes en nuestra vida?, le pregunto al colega. Porque igual nos hacíamos un lío, responde él con su proverbial cachaza. Pero igual tiene razón. Igual es verdad que una cierta dosis de ignorancia no viene mal.

Pongámonos en 1985, esa fecha mítica que ahora nos recuerdan en los telediarios,  cuando España y Portugal se adhirieron al la Comunidad Económica Europea,  preludio de la actual Unión. Ahí está un joven y garboso Felipe González, pletórico y poderoso. Con los 100 años de honradez intactos. A su lado, Manolo Marín, tan bisoño y tan ilusionado. 

González se mantuvo más de trece años en la presidencia del gobierno; confesó haber llegado a un punto de no aguantarse a sí mismo, dejó los bonsais en el Jardín Botánico, a su ex ministro de Interior en la cárcel de Guadalajara y, un poco después, se fue a asesorar a Gas Natural Fenosa. Ahora acaba de volver de un viaje a Venezuela, donde el sucesor de su amigo Carlos Andrés Pérez le ha propinado una patada en tan ilustres posaderas. 

Marín, que llegó a presidir la Comisión Europea y el Congreso de los Diputados, en 2007 dejó la política harto de sus compañeros de partido para dedicarse a la ecología y el medio ambiente. Ahora  preside la Fundación Iberdrola.

En 1985, una joven de 20 años, que cursaba Ciencias Políticas en la Complutense, acababa de presidir en el Senado el Día Iberoamericano. Se llamaba Cristina de Borbón y decían de ella que era la lista de la familia. Tiempo después se casó con un tío bueno y de regalo de boda su padre le dió un ducado. El tío bueno y la chica lista han puesto una carga de dinamita en los cimientos de la monarquía y su hermano, que en 1985 acababa de volver a España después de unos años de formación en el extranjero, ahora es rey y hoy le ha apeado del tratamiento.

Hace treinta años, una jueza famosa por su decisión de eliminar las astillas de los juzgados, corruptelas habituales en la época, recibía el premio nacional Derechos Humanos. Antes había sido abogada laboralista y se llamaba Manuela Carmena. Salvo cataclismo universal, será la próxima alcaldesa de Madrid. 

Quizás el colega está en lo cierto. Es preferible ir descubriendo la realidad poco a poco. Para no hacernos un lío. 

sábado, 30 de mayo de 2015

Ni contigo ni sin ti

Una de las consecuencias de todo proceso electoral es que durante semanas nos aplicamos a interpretar qué han querido decir los electores. Por qué han votado a este partido y no a otro, cuántos lo han hecho, cuántos han dejado de hacerlo.
Una vez abiertas las urnas el 24 de mayo, el primer balance es que el PP es el partido más votado, seguido del PSOE. Ciudadanos ha dado un salto vertiginoso y Podemos, en sus distintas presentaciones, ha dado una puñalada a Izquierda Unida. IU se desangra ante la opinión pública y UPyD entona el gorigori.
Eso es así, en efecto, pero también es verdad que el PP se ha descalabrado, que el PSOE sigue en caída libre, que Podemos no es la última esperanza de occidente y que Ciudadanos dista de ser una alternativa de gobierno.
Ha trascurrido una semana y, a pesar de su victoria relativa, en el partido del gobierno empiezan a abrirse en canal. Los alcaldes y barones que han perdido poder lo achacan a la mala gestión del gobierno, no a sus propios errores, y Rajoy se pasea por la Moncloa silbando a los pajaritos. ¿Cómo nos ha podido pasar esto?, se preguntan. La corrupción, responden los más avispados. La gente ya no aguanta como aguantaba antes. Y se extrañan.
Algunos hacen propósito de enmienda. Ya hemos cambiado las leyes para que no vuelva a pasar lo que pasó. Siguen sin entender que ya no cuela. Que se precisa mucho más que un buen maquillaje para ser creíble.
Porque no hay quien se crea que un partido se haya financiado ilegalmente durante años sin que lo conocieran y respaldaran sus dirigentes. Como no es creíble que quienes han promovido y respaldado a decenas y decenas de cargos corruptos puedan ser quienes regeneren la vida política.
Este Mariano Rajoy que asegura estar combatiendo la corrupción es el mismo que respaldó a Francisco Camps, a Carlos Fabra y a la larguísima saga de depredadores valencianos sin que se dieran por aludidos a pesar de las muchísimas denuncias que se han hecho, incluida Rita Barberá y su minuta gastronómica o Dolores Cospedal y sus privatizaciones tan rentables. El mismo que respaldó y sostuvo a la red de corrupción balear, las expresiones de caciquismo gallego, las estrechas relaciones entre políticos y empresarios corruptos. Este Mariano Rajoy y esta Soraya Sáen de Santamaría no afearon a la niña Fabra cuando vomitó aquel “que se jodan” contra los parados que ellos estaban produciendo a destajo.
Este partido, el PP, es el mismo que se rió por lo bajinis cuando el ínclito alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, cuyo mayor mérito es haber sido el ginecólogo de Ana Botella, hizo burla y escarnio de las mujeres, en singular y en plural. Y que nunca, en ningún caso, se le pasó por la mente que un tipo así, que falta al respeto a la mitad de la población, es impresentable, también en una lista electoral.
Este presidente de gobierno es el mismo que olvida a los casi cinco millones de parados y al millón y medio de familias en las que no entra ningún salario, y se prodiga en declaraciones triunfales sobre la situación económica del país.
Este partido, este gobierno y estos dirigentes son los que han gobernado a mayor gloria de una clase dominante y poderosa, más dominante y más poderosa desde que gobiernan ellos, y han maltratado de palabra, obra y omisión a una mayoría de ciudadanos que no ha causado la crisis pero la está pagando.
Y, aunque el memorial de agravios tiende al infinito, basta fijar la mirada en Madrid para comprender que el PP sigue sin entender absolutamente nada. Se necesita ser muy necio o estar muy ciego para colocar como cabeza de candidatura a la alcaldía de la capital a una persona bajo cuyo manto se han formado y han prosperado dos de las redes de corrupción político-económica más extensas de los últimos años sin que, según asevera la candidata, se comiera una rosca. No es creíble. No es creíble ni siquiera dentro de su partido.
“El Partido Popular no empezará a recuperarse hasta que su dirección no reconozca de forma explícita la verdad”. Esta frase, que haría suya más de la mitad de la población española, encabeza el artículo firmado por la diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo en ABC. Un análisis crudo de la realidad: “El domingo pasado sufrimos una derrota devastadora. (…) El PP ha evitado el rescate de España. Pero ha despreciado la política”.
“Hacer política es amparar a los millones de españoles golpeados por la crisis, y no solo difundir una avalancha de porcentajes macro mezclada con una lágrima socialdemócrata. Hacer política es combatir implacablemente la corrupción evitando la demagogia y la amenaza indiscriminada a los ciudadanos. Hacer política es atreverse a abrir complejos debates éticos sin cerrarlos luego por cálculos electoralistas. Hacer política es defender con energía la legalidad constitucional y democrática, y no favorecer el humillante repliegue del Estado. Hacer política es no confundirla con la tecnocracia”.
Álvarez de Toledo no es una recién llegada. Pasó del periodismo a la política aupada por Aznar que la presentó como una de las apuestas seguras de futuro y la llevó a su fundación, FAES. La camada Rajoy la apartó sin contemplaciones y en esta legislatura ha consolado sus soledades con reuniones multibanda en el Café Comercial. Resulta improbable que sus propuestas no tengan el respaldo de un amplio sector del partido. Y su propuesta se resume así: “El futuro de una España potente y moderna no es posible ni con este PP ni sin el PP”.
A Rajoy, el autista, la cabeza le huele a pólvora.

lunes, 25 de mayo de 2015

Mujeres en el poder

La historia de España aconseja observar con cuidado los resultados de las elecciones municipales: las de 1931 le costaron el trono a Alfonso XIII. Desde la periferia del poder los comicios del domingo 24 de mayo se anunciaban como un cambio de modelo y de sistema y desde el poder se habían tocado los clarines del miedo. Los resultados vienen a ser la media aritmética entre los temores de unos y las ilusiones de otros.
El partido del gobierno ha sufrido un castigo contundente pero sigue siendo el partido más votado en el ámbito nacional, como si la corrupción que atraviesa toda su historia fuera fácilmente perdonable. El PSOE pierde peso electoral pero sigue liderando la izquierda. Entre los emergentes, Podemos rentabiliza sus alianzas electorales y logra presencia en ciudades como Madrid y Barcelona pero sigue inédito en lo que se refiere a candidaturas propias. Ciudadanos consigue una aparición fulgurante pero lejos de la presencia estelar que anunciaban.
Con todo, los cambios son muchos y, en algunos lugares, profundos. Y, como nota significativa, muchos de ellos protagonizados por mujeres. En Madrid, se ha producido una suerte de justicia poética: Esperanza Aguirre, que ha protagonizado una campaña electoral en su conocido talante faltón, no ha conseguido la alcaldía, ni siquiera si obtuviera el apoyo de Ciudadanos. Cristina Cifuentes, candidata in extremis a la Comunidad de Madrid, ninguneada por Aguirre, ha obtenido en la capital más votos que la aspirante a alcaldesa. En Valencia también ha caído Rita Barberá, envuelta en unos excesos a costa del presupuesto municipal y en la corrupción generalizada del PP valenciano. En Cádiz, Teófila Martínez, salpicada por el affaire Rato, perderá la alcaldía si pactan el resto de los partidos. Y en Castilla-La Mancha, Dolores Cospedal ha quedado pillada en su propio cepo: modificó el reparto de escaños autonómicos para garantizarse la permanencia y este recorte le ha privado de encontrar posibles aliados. A todas ellas la corrupción les ha pasado factura. A Rosa Díez, que no se presentaba a las elecciones, los pésimos resultados también le han pesado y ya ha anunciado que pasa a la reserva. Un auténtico cataclismo.
Relacionado también con las mujeres, hay otro nombre al que las urnas han vapuleado: Francisco Javier León de la Riva, cuyo principal mérito era haber sido el ginecólogo de Ana Botella cuando José María Aznar gobernaba en Castilla y León, pero que ha hecho de la misoginia su seña de identidad, no ha logrado revalidar la mayoría absoluta que le ha mantenido más de veinte años insultando impunemente a las mujeres desde la alcaldía de Valladolid, con la sonrisa complacida de sus pares en el partido y el silencio de las mujeres del PP.
En el otro extremo, los votos han aupado al estrellato a las mujeres: Ada Colau, será, previsiblemente, la primera alcaldesa de Barcelona; en Madrid, Manuela Carmena lo será con el apoyo del grupo socialista. Y en la Comunidad Valenciana las urnas han venido a hacer justicia a una mujer entregada: durante años, Mónica Oltra ha denunciado la pétrea corrupción del PP de aquellas tierras, casi siempre en una soledad inmisericorde. Ahora, su partido, Compromis, se ha convertido en la llave del gobierno de la Comunidad y del ayuntamiento de la capital valenciana.

Ada, Manuela y Mónica representan las esperanzas de un cambio, de una forma distinta de hacer política y de unas políticas diferentes dirigidas a la gestión de los asuntos públicos en beneficio de los ciudadanos y no de los bancos, de las personas y no del dinero, de todos y no sólo de los privilegiados. Que haya suerte.

domingo, 24 de mayo de 2015

Madrid, Madrid, Madrid


Amanece el día soleado y suave en Madrid. Jornada decisiva, coinciden todos los observadores. De lo que hoy salga de las urnas depende el diseño de la ciudad para los próximos cuatro años pero también la posibilidad de que entre un soplo de aire fresco, unas normas de decencia pública o que siga el lodazal en que las sucesivas administraciones ultraliberales han convertido a la capital de España, como modelo para el resto del país.
Hay quien va a votar como quien va a comprar fruta y hay quien se acerca a las urnas como los creyentes van a misa: con respeto y devoción. Así voy yo a votar. Hoy había cola. Es la primera vez que me sucede, pero se resuelve pronto. En realidad, la retención se produce ante la mesa donde se extienden los votos. Los partidos emergentes no han buzoneado las papeletas por razones de economía así que muchos votantes han de buscarlo entre los muchos montones que se ofrecen y esto es lo que provoca retenciones. Una vez elegida la papeleta, el trámite se resuelve rápidamente. Se aprecian mayoría de apoderados del PP. En el camino nos hemos encontrado con varios de ellos. Todo esto lo hemos hecho nosotros, a ver cómo nos lo pagan, dice uno de ellos.
Hay mucho votante mayor, jubilados arregladitos de domingo. Miedo me dan los jubilatas son todos admiradores de la Aguirre, comento al colega. No parece que tú la admires mucho y eres jubilada, argumenta él. No sé, no sé, no me fío mucho.
Cuando introduzco las papeletas en las urnas pienso en las pioneras que lucharon por el voto femenino, pienso en Clara Campoamor, pero pienso también en los miles de votos de jóvenes que han sido expulsados de su país a quienes este gobierno ha puesto todo tipo de obstáculos hasta impedirles emitir su voto. Ciudadanos de segunda hasta en eso. 


Una vez cumplido lo esencial, aprovechamos la bonanza del día para dar un paseo por el barrio. En la calle de Embajadores se ha montado un sarao frente a la tienda de la Asociación Piel de Mariposa. Somos de la Asociación de Indiana Jones y la de 511, que estamos haciendo un evento a favor de los niños enfermos, explican. Los paseantes se arremolinan para fotografiarse con los personajes de ficción.
Como hemos salido pronto nos da tiempo a dar una vuelta por el Museo Reina Sofía, que es lugar siempre propicio para el recogimiento. Hemos coincidido en la idea con varios cientos de visitantes más que nos desperdigamos por las salas del antiguo Hospital de San Carlos. Nos paramos un rato frente al Guernica de Picasso, ese retrato de los desastres de la guerra. Debería ser visita obligada antes de votar, me digo. Enfrentarse al cuadro, sacar las consecuencias y luego, votar. O botar.
De vuelta a casa hacemos una parada en El boquerón, taberna mítica propiedad de unos burgaleses de Brazacorta, muy recomendable si te apetecen unas gambas o unas ostras, que está a tope de gente. Mientras esperamos, identificamos al actor Joaquín Hinojosa, director del Cronicón de Oña. El colega, relaciones públicas de la familia, se acerca a saludarlo. Cinco minutos después se despiden como si fueran compañeros de colegio. Poco más y tenemos que poner otro plato a la mesa, le digo. Para uno que nos regala un poco de alegría, se justifica él.
Por poco, pero comemos solos. Y nos disponemos a esperar el resultado de las urnas. Con el ánimo en suspenso. Que sea lo que haya de ser, dice el colega. Si es posible, un poco mejor.

sábado, 16 de mayo de 2015

La jueza Carmena y la abogada Aguirre

Hay ocasiones en las que una tiene que escribir recogiéndose las tripas. Hay momentos en los que una procura coger cuidadosamente el teclado por la parte menos afilada para no hacer sangre. Hay días en los que hay que pasar una fregona sobre las informaciones leídas para que no chorree la mugre. Hoy es uno de ellos.
Es conocido el desparpajo de la candidata del PP a la alcaldía de Madrid, que habla sin empacho sobre lo divino y  lo humano, sin que considere necesario tener un mínimo conocimiento de lo que habla. Aguirre desarrolla maneras de señoritismo tópico, faltón, pendenciero y fanfarrón. Insulta si le place, en la confianza de que no le va a pasar nada. Si la cosa se pone fea siempre puede decir: Ay, lo siento, me informaron mal, me engañaron... Porque Aguirre no se equivoca, la equivocan, no miente, la confunden. Los señoritos son así.
Estoy convencida de que en la derecha española hay gente razonable, culta, respetuosa, moderada, que defiende una opción conservadora pero no pretende desmontar los servicios públicos, ni que se jodan los parados, ni justifica la corrupción, ni va insultando a quienes no piensan como ellos. Seguro que hay personas así pero entre ellas no se encuentra la candidata a la alcaldía de Madrid.
Hace unos días, Aguirre fue a la Sexta y dejó caer la sospecha de que la jueza Carmena no era una jueza pata negra, sino que había llegado al cargo por el cuarto turno, el que corresponde a los abogados de prestigio, en vez de haber accedido por oposición, que, a lo que parece, es la única forma que entiende Aguirre de acceder a la judicatura. Y aunque el cuarto turno es tan legal como cualquier otro, deslizaba la especie de que Manuela Carmena, que aspira a la alcaldía igual que ella, era una candidata de segunda. Comparada con ella, sobre todo.
Esta Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, condesa consorte de Bornos y grande de España, que observa con tanta displicencia a una rival política, se licenció en Derecho en la Complutense en 1974 y en 1976 entró por oposición en el Cuerpo de Técnicos de Turismo, pasando rápidamente a ocupar la jefatura del Servicio de Publicidad de Turismo de la Secretaría de Estado de Turismo, donde permaneció hasta 1979. Que en ese tiempo el secretario de Estado de Turismo fuera Ignacio Aguirre Borrel, tío suyo, fue sólo una casualidad. Una de esas felices casualidades que tanto se dan entre los grandes de esa España clasista pero, por si acaso, en el obituario de Ignacio Aguirre publicado en El País y firmado por su sobrina Esperanza ésta se cuidó mucho de mencionar la feliz coincidencia de ambos en la Secretaría de Estado de Turismo.
Manuela Carmena se licenció también en Derecho (1965) y ahí se terminan todas las coincidencias con su rival en el ayuntamiento de Madrid. Porque, siendo perfectamente lícita la aspiración a garantizarse un salario, y más en la Administración Pública, mientras Aguirre –ultra defensora de lo privado- se colocaba al amparo de lo público, Carmena se dedicaba a defender a trabajadores y, con otros abogados próximos al Partido Comunista, fundaba un bufete en la calle Atocha que habría de hacerse tristemente famoso cuando lo asaltó un grupo de ideología ultra derechista, mató a cinco personas e hirió gravemente o varios más.
En 1980 Carmena obtiene la plaza de juez por oposición y en 1996 es elegida miembro del Consejo General del Poder Judicial a propuesta de Izquierda Unida. Fue una de las juezas fundadoras de la asociación Jueces para la Democracia, de corte progresista y ha sido relatora de la Organización de Naciones Unidas. En su vida profesional se ha caracterizado por la aplicación de la ley a favor de los más débiles. Jubilada ya, ha seguido vinculada a esta defensa. Abrió una tienda de ropa infantil que cosen las mujeres presas, lo que les permite disponer de un salario.
En su actuación personal, Carmena se muestra tolerante y respetuosa, más dada a la ironía que al insulto. De hecho, resulta difícil imaginarla insultando a nadie. Aguirre, en cambio, gusta de mostrarse faltona y mal educada y tan inculta que es dudoso si tanta ignorancia es real o se trata de una pose. No sé si es mentirosa o es que no distingue la verdad de lo falso. El resultado es el mismo, ella dice lo que se le ocurre y si no es verdad, ah, se siente.
En esta oportunidad, Carmena le ha llamado al orden y Aguirre se ha visto obligada a rectificar. Lo leí en ABC, se ha justificado. ¿Y quién te manda fiarte de ese periódico?, le ha respondido la jueza.
Luego, como las encuestas deben advertirle de que la jueza Carmena le pisa los talones, la abogada Aguirre, en gozosa connivencia con medios de comunicación afines, se ha lanzado a divulgar supuestos conflictos laborales de la candidata adversaria. Ésta ha vuelto a dar explicaciones demostrando documentalmente que Aguirre falsea la verdad.
Si llega el caso y se ve muy apurada, la marquesa volverá a repetir el número y reiterará la disculpa. Total, ¿qué importa una mentira más o menos? Ella domina como pocos las técnicas populistas: ir a la tele y ponerse a cantar o a bailar, vestirse de chulapa, los saraos donde pueda repartir besos y abrazos, como ayer en la pradera de San Isidro, esas cosas que encandilan al marujeo local (que no está compuesto exclusivamente por mujeres), las bromas que apelan a los más bajos instintos. Pero no la encontrarás desarrollando las líneas maestras de su programa, más allá de bajaremos los impuestos y ofreceremos pan y circo. No es fácil oírle disertar sobre programas sociales, sobre las cifras de sus previsiones, sobre filosofía política, excepto que ella es liberal. Curiosa liberalidad la de quién siempre ha vivido de la hacienda pública.
De ella dijo Arturo Fernández, otro prenda parecido, siempre bordeando el código penal, que era una tía con dos cojones –que, a lo que parece, es el desiderátum de los elogios en el nivel marquesado-; otros han alabado su capacidad de supervivencia –a prueba de tramas corruptas, navajeos políticos y helicópteros averiados- pero no se conoce de nadie que haya destacado ni directa ni indirectamente sus dotes intelectuales ni sus virtudes ciudadanas.
Con todo, hay dos circunstancias que, a mi manera de ver, inhabilitan a la candidata del PP para aspirar a la alcaldía o a cualquier cargo público: su manifiesta inclinación a rodearse de personas corruptas y su falta de respeto a los empleados municipales. Sobre el primer punto, basta un repaso a las tramas Gürtel y Púnica, dos redes de prácticas mafiosas con epicentro en el PP de la Comunidad de Madrid, que ella se precia de dirigir con mano férrea. Todos los nombres de quienes han esquilmado los presupuestos de comunidad y ayuntamientos son hechura suya, se han criado y crecido bajo su amparo, aunque ella asegure haber sido engañada. En cualquier caso, si no es cómplice por acción lo es por omisión: estaba allí para gestionar lo público y para evitar la rapiña que se ha producido. Por cierto, resulta raro que alguien tan devota de Gran Bretaña ignore que los políticos de ese país se van a su casa por mucho menos. Y no vuelven.
En cuanto al segundo punto, basta un repaso al incidente de tráfico que protagonizó después de aparcar en la Gran Vía madrileña y salir sin atender a las órdenes de los policías municipales. Se ha escrito tanto sobre el incidente que sólo cabe preguntarse quién de los aquí presentes sabe de alguien, de Viriato a hoy, que haya salido huyendo de la policía sin terminar el día en una comisaría.
No hay que darle muchas vueltas. Si Aguirre se desenvuelve con la soltura que lo hace es, principalmente, porque se sabe protegida por su casta. Entiéndase por casta quienes creen tener la patria inscrita en su propio registro de la propiedad. En realidad, Aguirre ha vivido siempre apalancada en esos privilegios de clase: la de una derecha depredadora, perdonavidas, inculta en varios idiomas, que cree que el país le pertenece y acostumbra a llevarlo al límite mismo del despeñadero. Y no le importa dejarlo caer porque sus activos principales los tiene en otra parte a buen recaudo, como se ha visto en los múltiples casos de corrupción, del PP a la Convergencia de Pujol.
En resumen: como vecina de Madrid advierto desde ya al PP que puede ahorrarse las papeletas que me envía a domicilio. No sólo no voy a votar a su candidata al Ayuntamiento sino que me avergüenza profundamente que alguien haya podido pensar que una persona tan incívica, mal educada, mentirosa y promotora de corruptos pueda representar a los ciudadanos de la capital de España ni del último pueblo de este país.
Patriotas de pacotilla, que diría Mafalda.