viernes, 13 de mayo de 2011
Paralizados por el miedo
Una ola de conservadurismo nos invade con más eficacia que el tsunami que se extendió por las costas japonesas tras el terremoto. Se diría que la izquierda ha desaparecido. Nada queda del comunismo, ni del socialismo, tal como cuando éramos jóvenes pensamos que construiría la sociedad. Apenas queda nada del centrismo progresista que soñamos en los años de la transición.
¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué no somos capaces de elaborar una alternativa válida? ¿Por qué no somos capaces de reaccionar?
No tengo respuestas. Sólo preguntas.
Germán Cano, filósofo y traductor del que no había oído hablar –lo que quizá pruebe mi ignorancia- da hoy una explicación en El País. Lejos de tranquilizarme, aumenta mi inquietud.
sábado, 23 de abril de 2011
Nuestro particular trozo de cielo
Entonces medíamos el acontecer cotidiano y el paso del tiempo con la medida de las fiestas. Por San Antón sabíamos que los mayores empezaban a sacudirse la modorra del invierno. La procesión de Santa Agueda marcaba el terreno de las mujeres casadas y, a la manera de las actuales revistas del corazón, aprovechaba el paso para dar cuenta del movimiento demográfico- bodas, nacimientos, defunciones- y de los cambios sociales -enfermedades, curaciones, distanciamientos afectivos, llegada de forasteras-. San Marcos -los niños descalzos- anunciaba, casi siempre con desajuste, la llegada del buen tiempo. La Cruz de Mayo reclamaba el agua necesaria para el campo, pero su lento, lentísimo paso certificaba, de manera más evidente, que el mozo que bailaba ante ella había abandonado definitivamente la infancia para ser admitido en la cofradía de los adultos. La romería de San Isidro era el último respiro de los labradores antes de empezar de lleno las tareas del campo. La noche de Animas arrastraba consigo la soledad del invierno, mientras las campanas de Santa María tañían hasta el alba, -ton, ton, ton- los viejos aprovechaban para repetir antiguos relatos con la muerte como protagonista... -ton, ton, tooon- y los niños nos acurrucábamos al brasero, fingiendo dormitar para que no se nos notara el sobresalto. Por San Roque se hacía el balance de la siega y en la Virgen se festejaba la cosecha reuniendo a los miembros dispersos de la familia para ir primero a la procesión y, luego, a los toros. La bonanza del año se medía en los carteles. Si el grano no llenaba los silos, la feria se liquidaba con dos novilladas y poco más. El paseíllo del Viti era un indicativo razonablemente satisfactorio, si toreaban los hermanos Girón tampoco había ido mal el año. Si la cosecha había sido el acabóse, se contrataba al Cordobés. Cuando Aranda se hizo industrial empezaron a venir todos ellos, sin atender a cómo se hubiera dado la cosecha, pero para entonces el tiempo había empezado a medirse exclusivamente al dictado del calendario. Y la mayoría de nosotros había dejado atrás la niñez. De aquellas celebraciones que señalaron nuestra infancia, y la infancia de muchas generaciones que nos habían precedido, creo que la única que se conserva tal como la soñamos, la vivimos y la recordamos es la bajada del ángel.
La bajada del ángel siempre fue una fiesta eminentemente infantil. Más aún, para los niños de aquel Aranda que no alcanzaba los diez mil habitantes y medía sus días en el discurrir del agua y en el color de la tierra, la bajada del ángel era la fiesta por excelencia. Es preciso advertir que los niños de entonces teníamos en la calle nuestra sala de juegos y en el acontecer de la vida nuestro mejor espectáculo. Por inverosímil que resulte, carecíamos de televisión, de la que sólo sabíamos que era una especie de armario con cine dentro que se había inventado en América. Carentes de referentes técnicos, no teníamos ninguna fe en aquel híbrido de radio y cinematógrafo, un cajón con música e imágenes. El artefacto nos era tan lejano como los cohetes a la luna, que también se habían inventado o estaban a punto: apenas una mención en el NO-DO. Puestos a señalar, nos eran mucho más próximas las cabalgadas de John Wayne (léase, please, Yon Buein) por el far-west, que entonces era todavía el legítimo lejano oeste y no el desierto de Almería. Para los niños de entonces la calle era nuestra, con perdón. Y la fantasía, una realidad cotidiana.
Y para fantasía, la bajada del ángel. Salvadas las distancias, era como una primaveral mañana de los Reyes Magos, de la que, además, éramos testigos. El atractivo de esta celebración era múltiple. A la diversión de los preparativos sucedía la emoción de la propia bajada y la incertidumbre de la despedida. Los preparativos empezaban en el momento en que los empleados del Ayuntamiento trasladaban los artilugios celestiales desde los almacenes municipales a la fachada de Santa María. Con la meticulosidad de una ceremonia ritual, nos acercábamos a aquellos cachibaches tal como los sioux se aproximaban al fuerte del Séptimo de Caballería: con sigilo y conocimiento del terreno. Cuando nuestra curiosidad superaba los límites que los empleados municipales consideraban razonables, nos espantaban sin mucho miramiento. ¡Venga de aquí, que no hacéis más que estorbar! Entonces reculábamos hasta la acera para hacer recuento de nuestros descubrimientos. Siempre había alguien dispuesto a asegurar que el globo de ese año era más grande que nunca, mientras otro porfiaba en haber visto cómo el ángel hacía malabares con las palomas. Sentados en la acera, seguíamos atentamente todas las maniobras de los operarios: el anclaje de los andamios, el enclavado de las maderas, el tensado de la cuerda... El miércoles acompañábamos nuestra presencia con el ruido de las carracas. El sonido de la carraca, como el sabor de las torrijas, eran los signos que identificaban la Semana Santa. ¡Peste de chicos, andad a dar la murga al cura!, nos ahuyentaban cuando el estrépito subía de tono.
Nuestra condición de testigos habituales no mermaba la sorpresa ante la obra terminada. Cuando, finalmente, se cerraba el armazón y se cubría con aquellas maderas pintadas de blanco y azul, las mismas que habíamos tocado en el suelo, las mismas que conocíamos de otros años, el escenario celestial se convertía a nuestros ojos en un auténtico trozo de cielo. Invariablemente, de manera subrepticia o por las buenas, nos acercábamos al muro para ver si dentro del cubil descubríamos al ángel ensayando su bajada. Es evidente que no estábamos en absoluto maliciados. Luego, sólo quedaba esperar el domingo.
Las generaciones jóvenes no saben cuánto han de agradecer a quien decidió demorar el inicio de la bajada del ángel porque, hasta entonces, nuestros domingos de pascua estuvieron marcados por una madrugada inclemente que no atendía a fiestas ni vacaciones y antes de las diez de la mañana nos obligaba a estar acicalados -y ateridos- con las galas de verano. A esa hora, con puntualidad religiosa, la procesión del Resucitado salía de Santa María para encontrarse en el centro de la plaza con la imagen de la Virgen enlutada. En ese momento se repetía el prodigio. Nuestro trozo de cielo empezaba a cobrar vida. Siguiendo una bien pautada tradición, aquella puerta circular, por la que se deslizaba el globo, rara vez se abría al primer intento. El ángel, que no quiere salir, advertía alguien. Tras un forcejeo con los cables y las poleas, finalmente, se abría para dar paso a una peculiar nube esférica que se deslizaba varios metros sobre el suelo, a veces lentamente, otras a trompicones, hasta el centro de la plaza. En el momento supremo, el globo, como la puerta, también se resistía a la apertura. Lo cual, lejos de desalentarnos, añadía mayor misterio a la ceremonia. ¿Saldrá, por fin, el ángel? ¿Se habrá fugado esta vez? ¿Habrá decidido permanecer en el cielo? Naturalmente, el ángel acababa saliendo. Aturdido y asustado, pero salía. No menos aturdidas salían las palomas para desaparecer, rápidamente, en los tejados próximos. El ángel descendía pataleando sobre el aire, en lo que a nosotros nos parecía un vuelo majestuoso, hasta posarse cerca de la Virgen y tomar el paño negro que daba por concluido el luto cuaresmal. Según la disposición de ánimo de quien moviera el juego de poleas, el ángel revoloteaba más o menos sobre la multitud reunida en la plaza. Tres amagos era lo razonable. Luego se posaba en el suelo suavemente, o así lo intentaba, incorporándose a la procesión bajo las andas de la Virgen, cuyo velo portaba. De cerca, el ángel -con su túnica, sus rizos y su coronita blanca- tenía una expresión entre desvalida y asustada, por la impresión del reciente vuelo, sin duda.
Nosotros le mirábamos con una mezcla de admiración y complicidad. Dada nuestra proverbial ignorancia de la historia, apenas habíamos oído hablar de Diego Marín Aguilera, el vecino de Coruña del Conde precursor de la aviación, y, como el parapente aún no se había popularizado y tampoco habíamos descubierto el puenting, nos parecía que el vuelo rasante sobre la plaza de Santa María era una hazaña de mérito que no estaba al alcance de cualquiera. Aparte de ese meritoriaje, el ángel no dejaba de ser un colega. Por grande que fuera nuestra ingenuidad, y a fe que lo era en dosis superlativas, resultaba inverosímil ver descender de las alturas a un ingeniero de Caminos, Canales y Puertos con toda la barba. El ángel era, al fin y al cabo, uno de los nuestros.
Cuando la procesión se disolvía en el interior de Santa María comprendíamos que había terminado nuestro protagonismo. Quienes habíamos compartido la emoción de ver nacer ese trozo de cielo y luego salir de él un ángel que realmente volaba, soltaba palomas, cogía el velo de la Virgen y bajaba a la procesión, nos dispersábamos cada cual a nuestro barrio para incorporarnos a la rutina familiar, la comida de pascua, la obligada cortesía con los forasteros, si los había, y al día siguiente, vuelta a clase. Ese mismo lunes los empleados del Ayuntamiento desmontaban el juego de poleas y se llevaban nuestro trozo de cielo. La plaza de Santa María quedaba reducida a un lugar de paso. En los meses siguientes, la chavalada a veces coincidíamos en la plaza, comprando pipas a la señora Estefanía, o en la cola del cine, sacando las entradas para "la infantil" y cruzábamos un "hola" o un "qu´iay".
Como sucedía con los Reyes Magos, a medida que íbamos creciendo la magia del ángel iba diluyéndose. La frontera terrible de los diez años venía a marcar el momento del alejamiento. A partir de esa edad uno venía obligado a mirar las cosas con un principio de escepticismo y de espíritu crítico. Las tablas eran sólo tablas que a veces se repintaban ante nuestros ojos, las cuerdas eran cuerdas, el globo era el mismo globo de siempre y hasta el ángel empezaba a estar demasiado crecido para tales menesteres. Los más avisados apuntaban su dosis de censura social. "Siempre son los mismos los que se juegan la vida. ¿Habéis visto alguna vez que haga de ángel el hijo del alcalde o del gobernador?" Aquellas consideraciones acababan por apuntillar nuestro entusiasmo. Entrábamos en la adolescencia con dos certezas terribles, a saber, los Reyes no venían de Oriente sino que eran los padres y el ángel no surgía de nuestro trozo de cielo sino que en algún lugar de Aranda vivía un chico que cada año "hacía" de ángel.
Así fuimos desprendiéndonos de nuestra ingenuidad y se nos fueron revelando otras verdades no menos terribles. Con las primeras ausencias en los preparativos adquirimos conciencia de la proximidad de la muerte o del desarraigo de la emigración. Me parece que fue así como empezamos a intuir que teníamos toda una vida por delante y aprendimos que a veces uno se va de los lugares que ama. Hasta que un día nos descubrimos a nosotros mismos repitiendo lo que tantas veces habíamos oído de los mayores, ¡cómo pasa el tiempo!
Hoy la bajada del ángel es una fiesta de interés turístico, que cada domingo de pascua atrae a miles de arandinos y forasteros, muchos de ellos desplazados de otros países y de continentes lejanos. Años ha habido que "nuestro" ángel ha aparecido en la televisión, ese armario doméstico con imágenes que ahora nos acompaña indefectiblemente todos las horas de nuestros días. No quiero ni pensar lo que sucederá cuando los japoneses lo descubran. Porque, vamos a ver, ¿cómo explicarles que "eso" que ellos fotografían compulsivamente fue para muchos de nosotros nuestro pequeño y particular trozo de cielo?
jueves, 14 de abril de 2011
Mañana España será republicana
Esa es la invocación que llevo repitiendo, año tras año, desde que tengo uso de razón y discernimiento para identificar mis intereses políticos. Soy republicana. No por nostalgia de un sistema al que no se le permitió ni nacer. Soy republicana porque aspiro a vivir en un mundo de ciudadanos, no de súbditos. Un mundo donde nadie sea tan poderoso como para poner a otro de rodillas y nadie esté tan desprotegido como para tener que arrodillarse.
Cuando cumplí 20 años aún vivía Franco. Grité mi jaculatoria con la esperanza de que a su desaparición, quizá se cumpliera. Cuando cumplí 30 Franco había muerto. Volví a gritarla, con la sospecha de que quizá tuviera que esperar un tiempo. Sigo gritando mi deseo en la sospecha de que acaso no alcance a verlo cumplido. Pero no desespero. Quizá lo vean mis hijas, quizá, mi nieta. Pero si de algo estoy segura es que mañana España será republicana.
martes, 12 de abril de 2011
Activa: periodismo en tiempos líquidos
La profesión de periodista vive momentos de crisis. Mucho paro (5.564 en la cola del INEM en diciembre de 2010), exceso de demanda (unos 68.000 titulados frente a una oferta de 30.000 empleos), bajos salarios (alrededor de 30.000 euros brutos/año con tendencia al recorte), contratos basura… Una crisis sólo comparable a la inmobiliaria, sostiene el presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa (FAPE), Fernando González Urbaneja.
Habría que añadir la invasión de seudo empresarios – trasvasados del ladrillo o directamente de la corrupción – que se han atrincherado en los medios de comunicación a vender su mercancía, por lo común averiada, frecuentemente con la complicidad de profesionales descerebrados o desesperados.
Nadie parece alarmarse por ello y no entiendo por qué. Un país puede progresar sin gobierno (Bélgica lleva 303 días sin él y durante este tiempo ha llegado a presidir la Comisión Europea) pero difícilmente prosperaría sin prensa, sencillamente porque un país sin prensa libre es una dictadura.
Las publicaciones oficiales, financiadas con dinero público, son materia delicada. En primer término, porque existe el riesgo de que sean utilizadas a mayor gloria del gobernante de turno y, en segundo lugar, por la dificultad de identificar el “interés público” a la hora de abordar los asuntos a publicar, sin que interfiera en el análisis la óptica partidaria del momento ni caer en la tentación de hacer un producto de diseño pero escasamente interesante desde el punto de vista social.
El Ministerio de Trabajo tiene una larga práctica en la edición de publicaciones en las que tradicionalmente se han sorteado ambos riesgos. Son revistas o libros de un gran interés informativo y documental, elaborados por profesionales solventes. No siempre y no en todos los casos ha ocurrido así, pero hay precedentes abundantes en buenas prácticas.
Ocurre a veces que un determinado político quiere maquillar la realidad y otras veces que un periodista trata de halagar al jefe pero me atrevo a asegurar que estos casos son más la excepción que la regla, al menos en el Mtin y en lo que me alcanza la memoria.
Hoy, la Seguridad Social ha presentado una publicación nueva y novedosa: Activa, un periódico digital. En realidad, se trata de un afloramiento puesto que, como revista bimensual, llevaba cinco años en la intranet del sistema, tiempo durante el cual ha recibido más de 10 millones de visitas, 3,6 millones sólo en 2010.
El presidente de la Fape, invitado al acto, ha aludido a esa larga tradición de publicaciones interesantes promovidas por Trabajo que han ofrecido buena información, han contribuido a formar criterio a los periodistas y han sido ventana abierta de transparencia, en “estos tiempos líquidos” que vivimos. “La transparencia ayuda a evitar la demagogia”, ha dicho Urbaneja.
El secretario de Estado ha recordado que la Seguridad Social administra uno de cada ocho euros del PIB español, a pesar de lo cual sigue siendo desconocida para muchos españoles. Que Activa ayude a paliar este desconocimiento, ha propuesto, a que se conozcan los derechos y obligaciones de los afiliados, de los ciudadanos. Ha recordado que se trata de una publicación plural, abierta a los grupos parlamentarios, a los interlocutores sociales, “lo más ajena posible al pensamiento único”.
Octavio Granado, el SE, es un tipo singular, que, además de llevar incorporado de serie en el cerebro un chip con los datos de la Administración del Estado, es capaz de una ironía fina - que temen por igual sus adversarios que los correligionarios -. Hasta donde yo sé creo que ha dado más a su partido y a la política de lo que ha recibido de ambos, lo que no es común. Es hijo de un hombre extraordinario, a quien tuve la suerte de tratar y de conocer. Esteban Granado Bombín, representaba y sigue representando para mí el prototipo de político que me gustaría para éste y para cualquier país. Un hombre inteligente, honrado, tolerante, con un claro compromiso social, intelectualmente solvente, capaz de derrotar dialécticamente al oponente sin humillarlo. Me lo ha recordado el hijo cuando, refiriéndose a la nueva publicación, ha defendido el discurso frente al ruido.
La responsable del proyecto, Mª Antonia García Quesada, y los periodistas que lo hacen realidad, Paloma, Marco, Rebeca, Alicia, Alejandro, recibían felicitaciones de unos y otros. Es un equipo capaz y solvente, que ha demostrado su valía profesional dentro y fuera de la Administración.
Para colmo de dichas, durante la presentación se ha proyectado un vídeo realizado por Laura García, una jovencísima profesional de la casa.
Cuando hayan pasado 25, 50 años y Activa sea un proyecto consolidado, recordaremos que estábamos aquí el día que se puso en marcha, ha dicho Granado.
Están tan devaluados los políticos, está tan depreciada la profesión de periodista, está tan menospreciado el trabajo en la Administración Pública que el acto de esta mañana ha sido como un regalo de primavera.
Ha sido un gusto haber estado en el lugar adecuado, en el momento oportuno.
Activa, por añadidura.
Habría que añadir la invasión de seudo empresarios – trasvasados del ladrillo o directamente de la corrupción – que se han atrincherado en los medios de comunicación a vender su mercancía, por lo común averiada, frecuentemente con la complicidad de profesionales descerebrados o desesperados.
Nadie parece alarmarse por ello y no entiendo por qué. Un país puede progresar sin gobierno (Bélgica lleva 303 días sin él y durante este tiempo ha llegado a presidir la Comisión Europea) pero difícilmente prosperaría sin prensa, sencillamente porque un país sin prensa libre es una dictadura.
Las publicaciones oficiales, financiadas con dinero público, son materia delicada. En primer término, porque existe el riesgo de que sean utilizadas a mayor gloria del gobernante de turno y, en segundo lugar, por la dificultad de identificar el “interés público” a la hora de abordar los asuntos a publicar, sin que interfiera en el análisis la óptica partidaria del momento ni caer en la tentación de hacer un producto de diseño pero escasamente interesante desde el punto de vista social.
El Ministerio de Trabajo tiene una larga práctica en la edición de publicaciones en las que tradicionalmente se han sorteado ambos riesgos. Son revistas o libros de un gran interés informativo y documental, elaborados por profesionales solventes. No siempre y no en todos los casos ha ocurrido así, pero hay precedentes abundantes en buenas prácticas.
Ocurre a veces que un determinado político quiere maquillar la realidad y otras veces que un periodista trata de halagar al jefe pero me atrevo a asegurar que estos casos son más la excepción que la regla, al menos en el Mtin y en lo que me alcanza la memoria.
Hoy, la Seguridad Social ha presentado una publicación nueva y novedosa: Activa, un periódico digital. En realidad, se trata de un afloramiento puesto que, como revista bimensual, llevaba cinco años en la intranet del sistema, tiempo durante el cual ha recibido más de 10 millones de visitas, 3,6 millones sólo en 2010.
El presidente de la Fape, invitado al acto, ha aludido a esa larga tradición de publicaciones interesantes promovidas por Trabajo que han ofrecido buena información, han contribuido a formar criterio a los periodistas y han sido ventana abierta de transparencia, en “estos tiempos líquidos” que vivimos. “La transparencia ayuda a evitar la demagogia”, ha dicho Urbaneja.
El secretario de Estado ha recordado que la Seguridad Social administra uno de cada ocho euros del PIB español, a pesar de lo cual sigue siendo desconocida para muchos españoles. Que Activa ayude a paliar este desconocimiento, ha propuesto, a que se conozcan los derechos y obligaciones de los afiliados, de los ciudadanos. Ha recordado que se trata de una publicación plural, abierta a los grupos parlamentarios, a los interlocutores sociales, “lo más ajena posible al pensamiento único”.
Octavio Granado, el SE, es un tipo singular, que, además de llevar incorporado de serie en el cerebro un chip con los datos de la Administración del Estado, es capaz de una ironía fina - que temen por igual sus adversarios que los correligionarios -. Hasta donde yo sé creo que ha dado más a su partido y a la política de lo que ha recibido de ambos, lo que no es común. Es hijo de un hombre extraordinario, a quien tuve la suerte de tratar y de conocer. Esteban Granado Bombín, representaba y sigue representando para mí el prototipo de político que me gustaría para éste y para cualquier país. Un hombre inteligente, honrado, tolerante, con un claro compromiso social, intelectualmente solvente, capaz de derrotar dialécticamente al oponente sin humillarlo. Me lo ha recordado el hijo cuando, refiriéndose a la nueva publicación, ha defendido el discurso frente al ruido.
La responsable del proyecto, Mª Antonia García Quesada, y los periodistas que lo hacen realidad, Paloma, Marco, Rebeca, Alicia, Alejandro, recibían felicitaciones de unos y otros. Es un equipo capaz y solvente, que ha demostrado su valía profesional dentro y fuera de la Administración.
Para colmo de dichas, durante la presentación se ha proyectado un vídeo realizado por Laura García, una jovencísima profesional de la casa.
Cuando hayan pasado 25, 50 años y Activa sea un proyecto consolidado, recordaremos que estábamos aquí el día que se puso en marcha, ha dicho Granado.
Están tan devaluados los políticos, está tan depreciada la profesión de periodista, está tan menospreciado el trabajo en la Administración Pública que el acto de esta mañana ha sido como un regalo de primavera.
Ha sido un gusto haber estado en el lugar adecuado, en el momento oportuno.
Activa, por añadidura.
jueves, 31 de marzo de 2011
El muro del capitalismo
Estoy perpleja, lo confieso. Un virus o algo similar nos mantiene paralizados. Quizá sea por causa de las emanaciones nucleares de Fukushima, que nos hemos convertido en estatuas de mármol y aún no nos hemos dado cuenta.
Voy a pasar por alto las causas que originaron la crisis económica que asola las economías de los países desarrollados. Sus culpables son conocidos con nombres, apellidos, profesiones y lugar de residencia, pese a lo cual, campan a sus anchas, más ricos y poderosos que antes de la fechoría, mientras sus víctimas pagamos el roto.
Tampoco insistiré, por ser harto doloroso, en el drama de miles de ciudadanos africanos que están enterrando su vida y sus sueños en el Mediterráneo, ese mar que era nuestro, suyo y de los europeos. Algunos, los que logran llegar a tierra, a Lampedusa, por ejemplo, han de soportar aún la burla de i-responsables como Berlusconi.
Berlusconi, esa es otra especie que me causa confusión. Pero no el único. Atravesamos una sequía de políticos de talla intelectual y ética. No hay excusa ni consuelo, son los que elegimos nosotros.
Ninguno de esos males nos mueve a la mínima protesta. Ocasionalmente, comentamos nuestro malestar con los próximos, con quienes sabemos que coinciden con nosotros pero sin ir demasiado lejos, como si todo fuera debido a una suerte de fatalidad.
¿Qué decir de la prensa? El cuarto poder anda, en los altos niveles, despellejándose mutuamente en defensa de la cuota de poder que los mantiene, y, en el pelotón de brega, tentándose la ropa no sea que acabe pagando la factura de la crisis de lectores, de audiencia y se encuentren un ere para ellos solitos.
De vez en cuando, un joven periodista, Ignacio Escolar, viene a remover las aguas estancadas y dice lo que casi todos callan: quiénes son los que mandan.
Por eso, porque mi generación está adormilada o aturdida o corrompida o muerta y los jóvenes están callados o mudos, me ha sorprendido que salga un hombre que frisa el siglo, a reivindicar la indignación. Indignaos, dice Stéphane Hessel, que el muro del capitalismo puede caer como cayó el de Berlín.
Hessel, superviviente de los campos nazis y participante en la redacción de la Declaración de los Derechos Humanos, ha escrito un libro-proclama. «Comprometeos, indignaos. Buscad formas de militancia y resistencia pacífica, recuperad la confianza en los partidos y buscad en Internet las organizaciones que defienden los derechos humanos. Con un click podemos contactar con gente que comparte la misma indignación. No estamos solos».
Una corriente de aire fresco.
Voy a pasar por alto las causas que originaron la crisis económica que asola las economías de los países desarrollados. Sus culpables son conocidos con nombres, apellidos, profesiones y lugar de residencia, pese a lo cual, campan a sus anchas, más ricos y poderosos que antes de la fechoría, mientras sus víctimas pagamos el roto.
Tampoco insistiré, por ser harto doloroso, en el drama de miles de ciudadanos africanos que están enterrando su vida y sus sueños en el Mediterráneo, ese mar que era nuestro, suyo y de los europeos. Algunos, los que logran llegar a tierra, a Lampedusa, por ejemplo, han de soportar aún la burla de i-responsables como Berlusconi.
Berlusconi, esa es otra especie que me causa confusión. Pero no el único. Atravesamos una sequía de políticos de talla intelectual y ética. No hay excusa ni consuelo, son los que elegimos nosotros.
Ninguno de esos males nos mueve a la mínima protesta. Ocasionalmente, comentamos nuestro malestar con los próximos, con quienes sabemos que coinciden con nosotros pero sin ir demasiado lejos, como si todo fuera debido a una suerte de fatalidad.
¿Qué decir de la prensa? El cuarto poder anda, en los altos niveles, despellejándose mutuamente en defensa de la cuota de poder que los mantiene, y, en el pelotón de brega, tentándose la ropa no sea que acabe pagando la factura de la crisis de lectores, de audiencia y se encuentren un ere para ellos solitos.
De vez en cuando, un joven periodista, Ignacio Escolar, viene a remover las aguas estancadas y dice lo que casi todos callan: quiénes son los que mandan.
Por eso, porque mi generación está adormilada o aturdida o corrompida o muerta y los jóvenes están callados o mudos, me ha sorprendido que salga un hombre que frisa el siglo, a reivindicar la indignación. Indignaos, dice Stéphane Hessel, que el muro del capitalismo puede caer como cayó el de Berlín.
Hessel, superviviente de los campos nazis y participante en la redacción de la Declaración de los Derechos Humanos, ha escrito un libro-proclama. «Comprometeos, indignaos. Buscad formas de militancia y resistencia pacífica, recuperad la confianza en los partidos y buscad en Internet las organizaciones que defienden los derechos humanos. Con un click podemos contactar con gente que comparte la misma indignación. No estamos solos».
Una corriente de aire fresco.
martes, 8 de marzo de 2011
Mujeres
Hoy se han llenado los medios de comunicación de palabras en femenino. Celebran así el Día Internacional de la Mujer. Mejor eso que nada pero conviene no olvidar que si se mantiene un día de reivindicación es porque la realidad es adversa. Obstinadamente adversa.
En España, este año han dedicado el homenaje a las mujeres mayores. No había caído en la cuenta pero yo estoy ya incluida en el grupo.
A mi generación le ha tocado ir abriendo puertas, dar pasos que luego se revelaron decisivos. Yo he participado en esa tarea, lo digo con gozo. Hemos sido las primeras en:
- Llegar a la universidad.
- Acceder a un trabajo remunerado.
- Elegir si nos casábamos o permanecíamos solteras.
- Decidir si queríamos tener hijos o no y, en caso afirmativo, cuántos y cuándo.
- Divorciarnos.
- Viajar solas por el mundo
- Decidir el tipo de vida que queríamos llevar porque, en última instancia, disponemos de nuestro propio presupuesto: somos autosuficientes.
Echo la mirada hacia atrás y recuerdo que fui la primera mujer periodista contratada en el periódico de la provincia en que vivía, que fui de las primeras mujeres en reclamar la obligada receta de anovulatorios (la pastilla antibaby, que llamaban), de las primeras en colocarme un diu, de las primeras en divorciarme, de las primeras en afrontar una vida independiente (con dos hijas a mi cargo, pero independiente), también la primera mujer que pronunció el pregón de fiestas de su pueblo.
Son conquistas que valoramos mucho porque conocemos bien las consecuencias de carecer de ellas: hasta 1981, las mujeres españolas teníamos la consideración legal de menores de edad, de incapaces legales. Independientemente de que dispusiéramos de ingresos propios, era el padre o el marido quien ejercía la tutela. Ellos eran quienes debían otorgar el permiso para viajar, para abrir una cuenta bancaria, para tomar cualquier decisión. Suya era la voluntad, no nuestra.
No obstante, miro en derredor y la realidad sigue mostrando un mundo desigual. Las mujeres seguimos siendo ciudadanas de segunda categoría incluso en los países desarrollados: trabajamos más (dentro y fuera de casa), ganamos menos, tenemos empleos más precarios, y, cuando conseguimos acreditar una pensión de jubilación ésta es un 40% inferior a la del hombre.
Hay que seguir en la lucha, queda mucho por andar y no cabe el desaliento. No se lo han permitido, las mujeres que quiero recordar un día como hoy:
- la presidenta de la Cooperativa de Kalandia (localidad junto a Ramalla, en Palestina), que me confesó que no había conocido un día de paz en toda su vida.
- Samira Khoury, palestina, veterana activista por la paz, los derechos humanos y la igualdad, lo que le ha llevado a padecer prisión, y que hace más de 50 años creó la Asociación de Mujeres Democráticas en Nazareth.
- Molly Mallekar, de la organización Bat Shalom – Hijas de la paz - organización feminista israelí integrada por mujeres judías y palestinas que luchan juntas para alcanzar una paz real, una resolución justa del conflicto palestino israelí
- Maysa Baransi-Siniora, palestina, directora de la emisora “All for peace” en Jerusalén, que tiene como subdirector a un judío.
- Michelle Bachelet, médica pediatra, presidenta que fue de Chile y ahora directora de la Agencia de Naciones Unidas para la igualdad, la llamada ONU Mujeres.
Excepto Bachelet, las demás son desconocidas. Poca gente sabe de su trabajo, sus dificultades, sus logros, nunca alcanzarán la fama de Belén Esteban o Paris Hilton pero si el mundo mañana es un poco mejor, a ellas se lo deberemos.
miércoles, 2 de marzo de 2011
Enrique Curiel
Hoy ha muerto Enrique Curiel. No ha llegado a cumplir los 64.
Yo le recuerdo joven, guapo y valiente. Representó la dignidad de una generación, la mía. Nos hizo sentir mejores de lo que éramos.
Hoy, estoy un poco de luto. Todos lo estamos, incluso quienes no le conocieron.
Yo le recuerdo joven, guapo y valiente. Representó la dignidad de una generación, la mía. Nos hizo sentir mejores de lo que éramos.
Hoy, estoy un poco de luto. Todos lo estamos, incluso quienes no le conocieron.
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