domingo, 16 de octubre de 2011

Supersticiones


No tengo edad para tener abuelas. Lástima, porque estuve muy unida a una de ellas y aún me duele su ausencia. En consecuencia, tengo que arreglarme yo solita.
Así pues, diré que soy buena gente, trabajadora, ordenada, optimista, generosa, tenaz. También soy razonable y sensata (bueno, esto a veces).
Lo digo, además de por la ausencia familiar ya mencionada, porque he de añadir seguidamente que soy supersticiosa. Fervientemente supersticiosa. Nadie es perfecto.
La superstición tiene un pésimo gabinete de comunicación. A ello se debe, seguramente, que las buenas gentes consideren que superstición es sinónimo de ignorancia, cuando no de incultura. No es mi caso. Yo soy supersticiosa por convicción empírica. Me sobran razones.
Una de las más contundentes es que quien me la hace, la paga. No digo ME la paga. No, LA paga. Yo no soy rencorosa. Por dos razones: porque tengo cosas más interesantes en qué pensar que en llevar cuenta de lo que hacen mal los demás y porque me falla la memoria. Cuando alguien me hace una faena o una maldad, si el alguien es próximo me duelo, incluso lloro si el asunto lo merece pero, pasado el trago, pienso que allá él –o ella- que pudiendo hacerlo bien ha preferido hacerlo mal. Porque entre obrar bien y obrar mal, mucho más cómodo lo primero, sin comparación posible. Hacer mal no conduce a nada, a nada bueno al menos, y deja un pésimo sabor de boca.
No seré rencorosa pero constato que quien me hace daño a sabiendas, acaba pagándolo. Justicia justiciera, diría yo.
A lo que iba. Se tiene por superstición aquello que la razón no es capaz de explicar por sí sola. También, atribuir valor más allá de lo natural a las cosas inanimadas. Pero la iglesia –todas las iglesias, pero hoy me refiero a la católica- califica eso mismo como milagros y sube a los altares –su máxima dignidad- a quienes atribuye esa actuación portentosa. Y, si hablamos de objetos inanimados, ¿qué función tienen los cirios encendidos en los templos sino atraer el bien que demanda quien paga el cirio?
Transitando ese camino yo llevo siempre conmigo una piedra cuprífera extraída de las inmediaciones del santuario de la Virgen del Cobre, patrona de Cuba, que me regaló una amiga cubana, a la que tengo por hermana del alma. Ella me dijo: Llévala siempre contigo, que te protegerá. Yo la creí y, cuando la olvido al cambiar de bolso, me desasosiego.
Hace muchos años atravesaba un periodo difícil en todos los órdenes, también en lo económico. Una amiga muy querida viajó a Egipto y me trajo un llavero con una jamsa, también conocida como mano de Fátima. Para que te traiga buena suerte, me dijo.

Y será casualidad, pero a partir de entonces las cosas fueron enderezándose. Mi amiga murió años después y al poco yo perdí el llavero. Ocurrió esto unos meses antes de viajar a Israel –donde se la conoce también como mano de Mariam y hamsa- y allí me regaló un llavero mi amiga Ana, que es el que conservo.
En uno y en otro caso, creo que la mano ejerce una suerte de efecto protector, como si el cariño de mis amigas se concentrara en ese objeto simbólico y cuidara de mí.
También puede ser superstición pero a mí me da buen resultado usar colonia Chance de Chanel si tengo una cita comprometida. La colonia me la regala mi chico –proveedor habitual de la real casa- y, además, me gusta su olor. Puede que ambas circunstancias contribuyan a mejorar mi moral a la hora de afrontar la cita pero, por lo que sea, me la pongo.
Por razones similares llevaba siempre conmigo el collar que me robaron recientemente. He de añadir que en las escasas ocasiones en que no me lo puse, por olvido o porque pensé que no me iba con la ropa que llevaba, siempre me ocurrieron percances desagradables. Será manía o coincidencia, pero sucedió.
Pues bien, espero que el mismo efecto se traslade a quien se apoderó del collar de marras. Confieso que en un primer momento, le deseé toda suerte de desdichas –la más leve que se le caiga a trozos todo lo que le cuelgue- pero ya ha pasado tiempo suficiente como para pensar en los cientos y miles de jóvenes que están arriesgando su vida para pasar el estrecho de África a Europa en busca de unas condiciones de vida que para nosotros son las normales y que a ellos les son negadas.
No quiero decir que mi asaltante sea uno de ellos –e incluso si lo fuera no justifica su acción- pero han muerto demasiado jóvenes persiguiendo un sueño como para que yo ande llorando por los rincones por un collar y un colgante.
Deseo que el collar mantenga su efecto y beneficie a quien necesite de ayuda. Alternativamente, espero que sus propiedades se recarguen a costa de quienes compran y negocian con los objetos robados y explotan la necesidad de quienes no tienen otra cosa que lo que ellos les pagan (mal). No hablo de magia o hechicería. Hablo de justicia distributiva. Lo que la iglesia llama la comunión de los santos.

7 comentarios:

  1. ¡Creo que ya he podido añadirte al blogroll! Asi podre seguirte mas facil, que antes no se por que no pude hacerlo...

    Tiene que haber sido una faena que te lo robaran. A mi me pasa lo mismo que a ti pero no lo llamo supersticion. Se muy bien que me aferro al objeto que me regalo tal o cual persona como si fuera una parte de si misma. Por eso me fastidia perderlo...

    Besitos

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  2. Tita, qué alegría verte por aqui.
    Ya me voy recomponiendo del robo. Me he convencido de que nunca lo recuperaré.

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  3. Mira que eres buena persona, jodía.

    (Ya sé lo que te traeré de Grecia la próxima vez. Ay, qué facilico).

    Me enorgullecen esas referencias a la Santa Madre Iglesia. Confío que pronto regreses a su seno, con alegría en el alma.

    Y mi Códice Calixtino, ¿andestará?

    Biquiños de esmalte rosa.

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  4. Lari, guapa, he de confesar que debo toda mi bondad a la posesión del Códice Calixtinus. Mira lo que te has perdido.

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  5. Lo que se dá...aunque sea sin querer, seguro que siembra fruto. Por ponerme positiva.

    Besos

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  6. ¡¡¡LO TIENES TÚ, MALA PERSONA!!! La furia roja se ha apoderado de mis pupilas. Ahora te las verás conmigo. Llamo a mi colega Mayor Oreja y verás lo que es bueno.

    ¡¡¡ASFHVGJUEFGBCVBFH!!!

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  7. Larisa: ¿La furia roja es por los chicos del marqués del Bosque?
    No me asustas con el Oreja pequeño y menos ahora que se ha estozolao con la moto.

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