viernes, 20 de mayo de 2011
Rompeolas de todas las españas
Estos días, en Madrid todo gira en torno a la Puerta del Sol. Puedo afirmar sin rebozo que lo intuí porque ya he dejado escrito aquí que tengo un cierto don para encontrarme en el lugar exacto y en el momento adecuado. Cuando el domingo nos topamos con la manifestación que ha desencadenado el proceso de asamblea permanente, les dije a mis compañeros: Estamos viviendo un momento histórico.
Cinco días después, no sé si me he pasado con la premonición. He ido siguiendo la evolución de la acampada el lunes, el martes, el miércoles, el jueves y hoy, viernes. Cada día más gente, más organizada, también más saturada.
El lunes, un puñado de jóvenes se justificaba por los incidentes del domingo y se quejaba de la violencia con que se había empleado la policía. El martes fueron desalojados pero volvieron a instalarse, esta vez más numerosos. El miércoles la junta electoral de Madrid ordenó el desalojo. Y con ello, desencadenó un proceso que nadie sabe donde concluirá.
Gente de toda edad se dio cita en la plaza mayor de España, que es lo que viene a ser la Puerta del Sol madrileña. Gentes muy diversas unidas por el sentimiento común de que el sistema democrático ha perdido el norte hace tiempo han tomado las principales plazas del país para pedir que la política recupere el sentido que nunca debió perdió: de la justicia, la equidad, la ética civil.
Son gente principalmente de izquierda –la derecha no se plantea esas cuestiones y menos si cree que se le está abriendo el cajón del pan, como espera ahora-, que muestran así su enfado con los partidos mayoritarios – PP y PSOE- a quienes acusan de estar vendidos a los bancos, entre otros reproches. La iniciativa es exclusivamente de los jóvenes pero el seguimiento es de todas las edades.
Esta mañana, la junta electoral central ha declarado ilegal estas acampadas el sábado y el domingo para que no interfieran en el proceso electoral. Hay algo de incongruencia en esta sentencia porque lo que los congregados reclaman es, justamente, que se medite bien a quién entregar el voto antes de depositarlo en la urna.
Entretanto, los medios conservadores han empezado a atacar a los convocados o a ridiculizarlos o ambas cosas a la vez. En suma, les han proporcionado una publicidad añadida.
El cúmulo de todas esas circunstancias ha alcanzado su cénit esta tarde. Miles de madrileños han querido unirse a la iniciativa, sentirse protagonistas siquiera sea por un rato de la propuesta más novedosa vivida en España en muchos años: un movimiento social sin líderes, sin amparo, sin estructura que se enfrenta al poder de los partidos. Organizada a golpe de tam tam telefónico, mediante twitter, principalmente.
La multitud de esta tarde habrá dificultado pero no ha impedido el normal desenvolvimiento de la acampada, constituida ya en comisiones que ordenan la convivencia de varios cientos de personas. Lo difícil era caminar por la plaza. Decenas de debates simultáneos, como las partidas de ajedrez, cientos, miles de carteles con todo tipo de reivindicaciones, algunos en idiomas no nacionales. Familias enteras venidas del extrarradio o de otras ciudades, parejas de jubilados cogidos del brazo y endomingados, jóvenes que se besan ajenos al ruido o trepan por la cubierta del metro. Llamadas a la revolución española.
Ah, el valor simbólico de la Puerta del Sol. Días atrás, Nacho Escolar llamaba la atención sobre el hecho de que cada vez que en la ocasión anterior que coincidieron la Puerta del Sol y elecciones se proclamó la II República. Faltó poco para ser lapidado.
Mientras escribo estas líneas pende sobre la acampada la amenaza de la sentencia de la junta electoral. Nadie sabe qué pasará mañana ni pasado. Presumo que imperará la sensatez. No tanta como para llegar a un pacto pero la suficiente para que no llegue la sangre al río. Espero.
Entretanto, recuerdo a Antonio Machado:
¡Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,
rompeolas de todas las Españas!
jueves, 19 de mayo de 2011
DemocraciaRealYa
En mi familia todos hemos salido un poco zurdos. Políticamente, quiero decir. Pero en el caso de mi hermano se nos debió ir la mano porque hasta que cumplió los 20 años militó en la izquierda radical (no digo extraparlamentaria porque entonces hasta la socialdemocracia lo era).
Como a esa edad se es bastante irresponsable, durante un tiempo guardó propaganda comprometedora en la casa que teníamos en el pueblo hasta que alguien nos avisó de que cualquier día la policía iba a darnos un susto. Sacamos aquellos papeles como pudimos, algunos en un cochecito de bebé, con una de mis hijas dentro.
El tiempo ha pasado para todos, también para mi hermano. Ahora es un burgués felizmente acomodado que distribuye su tiempo haciendo bicing, nadando en la piscina de su cojochalet o pescando en un barquito que se ha comprado hace poco.
No obstante, le han quedado resabios. Cuando las manifestaciones contra la guerra de Irak decidió que era momento de reverdecer laureles. Pero, mientras los demás íbamos a la manifa en transporte público o a pie, él cogió su coche de gran cilindrada, abandonó la urbanización donde vive y enfiló en dirección de Madrid. Diez kilómetros antes de llegar se encontró un atasco de tamaño XL formado por todos los que habían tenido la misma idea que él: ir a manifestarse en coche.
La cola avanzaba lentamente hasta que se topó con la policía que, cumpliendo su misión –recuerdo que gobernaba el ínclito Ansar- iba poniendo trabas a quienes tenían pinta de manifestantes. Mi hermano se preparaba para sacar su armamento dialéctico de aguerrido izquierdista cuando, para su sorpresa, la policía le abrió paso para que prosiguiera su camino.
- Pase usted, caballero, cuenta que le dijeron.
La anécdota es una de las que repetimos en todas las reuniones familiares para mortificarle un poco. Nosotros ponemos el acento en lo que la acepción “caballero” tiene de acomodado y él se lamenta de lo que tiene de señor mayor.
Bueno, pues no volveré a reirme de lo sucedido a mi hermano porque ayer me pasó a mí algo muy parecido.
Cuando supimos que la junta electoral había decidido prohibir la acampada no dirigimos a Sol con intención de apoyar la iniciativa de quienes reclaman “DemocraciaRealYa”. La plaza estaba atestada de gente de toda edad, no sólo jóvenes y las calles que desembocan en ella, tomadas por la policía con sus furgonetas azules. Para atravesar los cordones policiales los paseantes debían enseñar sus bolsos y mochilas a los agentes, que controlaban el contenido de los mismos. Me disponía yo a mostrar mi bolso cuando el policía que me correspondía me dijo muy amable: pase, pase, señora.
Contra mi opinión, resulta que no soy sospechosa para el sistema.
- ¿Tengo yo pinta de pepepija?, pregunto a mi chico.
- No, pero tampoco de revolucionaria peligrosa, por eso te dejan pasar. Por eso y porque habrán supuesto que con las cosas que llevas habitualmente en el bolso no te cabe nada más.
Los controles no deben ser muy rigurosos porque la Puerta del Sol se va llenando como en sus días gloriosos. Esperamos que el reloj de la torre dé las 8 –hora límite fijada por la junta electoral para el desalojo- con un ojo puesto en los muchos policías que rodean la plaza y el otro en los acampados que ocupan el centro de la misma. Cuando la manecilla pequeña se fija en el 8 y la grande toma la perpendicularidad la gente rompe en aplausos. Los policías permanecen inmóviles.
A medida que pasan los minutos el ambiente se va destensando y adquiere un tono festivo. Cada grupo inicia un eslogan que otros repiten, algunos cantan, otros pasean en el escaso espacio que queda libre. Hay muchos jóvenes, especialmente en el núcleo central, el de la acampada, pero también hay parejas con niños pequeños, mayores con aspecto de jubilados y gente de media edad. Los hay con aspecto de okupas, pocos, otros preparados para una acampada urbana, gente con ropa casual y algunos encorbatados, los menos, pero algunos. Hay tipos con aspecto de mirón –variante que en Madrid alcanza auténtica profesionalidad- y otros con gesto de entrega total. Somos varios miles pero no sabría decir cuántos, no menos que en Nochevieja, seguro.
Hago fotos con el móvil y trato de tuitear pero resulta imposible, la red debe estar colapsada. Detrás de mí le ocurre lo mismo a un tipo con un ipad, se ha quedado sin conexión a internet.
Soy consciente de asistir a un fenómeno político, el único original en los últimos años. No tiene nada que ver con las movilizaciones contra la guerra, aunque muchos de quienes entonces se oponían al gobierno del PP se opongan ahora al gobierno PSOE. Es la gente que está harta de esta democracia descafeinada que no tiene en cuenta los intereses, las inquietudes y las necesidades de los ciudadanos pero atiende sin rechistar las órdenes de los dueños del dinero.
Creo que ahí radica el desencuentro entre ciudadanía y gobierno aunque no sea la única causa. Es el desapego de quien observa con estupor el crecimiento de una casta de políticos cada vez más incultos, menos formados, acaparadores de privilegios, sordos a todo lo que no sean sus propias iniciativas y propuestas; enzarzados en discusiones de patio de colegio, insensibles e insensatos.
¿Y los acampados? Están tiernos, muy tiernos. Son de una ingenuidad que enternece. Pero con estos mimbres empezó mayo del 68 y cambió la manera de ver el mundo.
Hoy he vuelto por Sol. A esa hora había menos aglomeración, los acampados se han organizado en comisiones, quienes llegan hablan con otros visitantes, hablan de todo, de política, de economía, de filosofía. Dialogan tranquilamente, se respetan el turno de palabra. Algunos paseantes –Sol es la zona cero de los guiris- se paran y preguntan qué pasa.
Medito sobre el fenómeno y trato de sacar conclusiones. Pero se me ha adelantado El Roto. No hay mejor resumen.
lunes, 16 de mayo de 2011
De Sol a Atocha
Tengo una cierta habilidad para encontrarme en el sitio exacto, en el momento justo. Me ha pasado más veces, yo lo interpreto como un don. Hay quien tiene facilidad para ligar o para aprender idiomas o para las matemáticas. A mi me suele pillar, casi siempre por azar o después de muchos vericuetos, donde ocurren cosas.
El pasado sábado habíamos hecho planes para ir al cine con unos amigos. Queríamos ver “Medianoche en Paris”, la última de Woody Allen, y luego picar algo. Un plan normalito para una tarde de sábado. Pero la tarde se metió en lluvia y viento y decidimos dejarlo para el domingo. Ayer, quedamos en casa para comer –un pollito de corral al champán, receta de Valdomicer- alargamos la sobremesa y a las 6 salimos a dar una vuelta por la villa, en fiestas de su patrono San Isidro, hasta la hora del cine.
La película nos gusta mucho. Sin ser lo mejor del director neoyorkino tiene ese aliento que desprenden los genios. Además, a los cuatro nos gusta París así que nos han dado una ración de dulce.
Pasan las 10 de la noche cuando salimos a la calle Montera –hemos ido a los Acteón-. Nos encaminamos en dirección a la Puerta del Sol pero una fila de policías, protegidos con cascos y escudos y armados con sus sistemas de reglamento, nos lo impiden. Están protegiendo la comisaría que se encuentra en esa calle porque unos 20 metros más abajo otra fila toma posiciones controlando a los que suben en dirección a Gran Vía.
- ¿Qué pasa?, preguntamos.
- Hay una manifestación de los antisistema en Sol, nos responde un agente.
Entonces, caemos en la cuenta de la convocatoria #15m que hemos visto en Twitter y de la que apenas se han hecho eco los medios convencionales. Una plataforma que se reclama pacifista y pide democracia real y reprocha a los partidos mayoritarios haberse arrojado en brazos de los mercados (por otro nombre dinero puro y duro) ha incendiado las redes sociales –facebook y twitter- convocando a manifestarse este domingo de mayo previo a las elecciones municipales y autonómicas.
¿Ésos son los antisistema? Me parece un chiste de Gila que quienes piden decencia pública y democracia real sean considerados el enemigo mientras se pasean a sus anchas quienes han vaciado las arcas públicas, quienes han especulado, quienes suben los precios de la vivienda y además los intereses de los créditos, quienes explotan, abonan salarios de miseria y despiden a trabajadores y luego se llevan su dinero a paraísos fiscales bendecidos por los gobiernos de turno de toco color. Es el mundo al revés.
Hacemos un intento de pasar pero los policías se nos ponen bravos. Por aquí no. Damos la vuelta y bajamos a Sol por la calle Tetuán. Cuando llegamos a Sol hay casi tantos policías como manifestantes, varias lecheras y alguna furgoneta del Samur pero no apreciamos jaleo. Seguimos por Carretas hasta la Plaza Benavente. Hay mucha gente pero no alboroto.
Volvemos a casa dándole vueltas a la situación política, a la crisis, a las perspectivas electorales del próximo domingo y a los signos de reacción que mi amiga dice observar. Es una optimista patológica.
Esta mañana, veo que la manifestación concluyó con enfrentamientos, que hay varios detenidos y que la policía se empleó a fondo. Como siempre que veo escenas como ésta creo que alguien debería introducir métodos de control más adecuados en las academias de policía y que los agentes se equivocan de enemigo.
No son estos manifestantes los que les han bajado el salario, los que establecen horarios que dificultan la conciliación personal y profesional, los que controlan los mercados. Alguien debería enseñárselo también en la academia.
Esta tarde, me he dado una vuelta por la Puerta del Sol donde un grupo de jóvenes ha acampado con el propósito de permanecer hasta después de las elecciones del domingo. Están distribuidos en corrillos, charlan animadamente, debaten, escriben. Algunos transeúntes se acercan, preguntan, charlan. Hay profusión de carteles reivindicativos. Fotografío uno que me trae eco de eslóganes que yo misma he coreado años ha. “Si no nos dejáis soñar no os dejaremos dormir”, reza.
Simpatizo con ellos, lo declaro. Me gustaría que prosperaran sus demandas, sus iniciativas, que tuvieran una estrategia y que ésta diera resultado, que no les manipularan, que no se aprovecharan de ellos. ¡Ay!
De allí voy a Atocha. En el Museo Reina Sofía Iñaki Gabilondo presenta una iniciativa –EncuentrosPOR- amparada por Prisa Radio.
Cuando llego, hay una cola regular. Me pongo a esperar mi turno. Entretanto, veo como accede gente peripuesta, el tipo de vip’s imprescindible en un estreno. Los vip’s se multiplican como si fueran panes y peces simultáneamente, que sólo falta el fotocall. La cosa empieza a parecer pitorreo. Me acerco a la puerta a preguntar por qué entran algunos y otros hacemos cola esperando. Entran los que tienen invitación, me responden, si se ha inscrito figurará en la relación y puede pasar. Efectivamente, estoy en la lista y me dejan entrar pero dejo tras de mí una larga cola. No me gusta el gesto.
El acto está bien. Es una declaración de principios un poco rimbombante. Un repaso a la galería de famosos inevitable en este tipo de actos. En el estrado, Nativel Preciado, una periodista a la que admiro; José Antonio Marina, el filósofo; Nacho Escolar, el periodista y bloguero, que cada vez me recuerda más al Juan Luis Cebrián joven. Todos hacen declaración de principios que llevo años oyendo. ¿Qué hay de nuevo en sus propuestas, en su actitud? Si lo hay, se me escapa.
Interviene también Montserrat Domínguez. Iñaki entrevista a alguno de los asistentes. José Carrillo, el recién elegido rector de la Complutense; Nicolás Sartorius, el ex diputado comunista. También habla con algunos de los jóvenes asistentes.
No sabría –no sé si querría- explicar por qué pero me parece que todo rezuma un aroma rancio. Los organizadores de esta iniciativa no son ajenos a la situación en que nos encontramos. Algunos de los que han accedido tan diligentemente a la zona vip’s no son inocentes respecto a la crisis.
Ojalá me equivoque pero, puesta a elegir, me parece más sincera la opción de Sol. Que a lo mejor no prospera pero es que lo otro es más de lo mismo, qué quieren que les diga.
viernes, 13 de mayo de 2011
Paralizados por el miedo
Una ola de conservadurismo nos invade con más eficacia que el tsunami que se extendió por las costas japonesas tras el terremoto. Se diría que la izquierda ha desaparecido. Nada queda del comunismo, ni del socialismo, tal como cuando éramos jóvenes pensamos que construiría la sociedad. Apenas queda nada del centrismo progresista que soñamos en los años de la transición.
¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué no somos capaces de elaborar una alternativa válida? ¿Por qué no somos capaces de reaccionar?
No tengo respuestas. Sólo preguntas.
Germán Cano, filósofo y traductor del que no había oído hablar –lo que quizá pruebe mi ignorancia- da hoy una explicación en El País. Lejos de tranquilizarme, aumenta mi inquietud.
sábado, 23 de abril de 2011
Nuestro particular trozo de cielo
Entonces medíamos el acontecer cotidiano y el paso del tiempo con la medida de las fiestas. Por San Antón sabíamos que los mayores empezaban a sacudirse la modorra del invierno. La procesión de Santa Agueda marcaba el terreno de las mujeres casadas y, a la manera de las actuales revistas del corazón, aprovechaba el paso para dar cuenta del movimiento demográfico- bodas, nacimientos, defunciones- y de los cambios sociales -enfermedades, curaciones, distanciamientos afectivos, llegada de forasteras-. San Marcos -los niños descalzos- anunciaba, casi siempre con desajuste, la llegada del buen tiempo. La Cruz de Mayo reclamaba el agua necesaria para el campo, pero su lento, lentísimo paso certificaba, de manera más evidente, que el mozo que bailaba ante ella había abandonado definitivamente la infancia para ser admitido en la cofradía de los adultos. La romería de San Isidro era el último respiro de los labradores antes de empezar de lleno las tareas del campo. La noche de Animas arrastraba consigo la soledad del invierno, mientras las campanas de Santa María tañían hasta el alba, -ton, ton, ton- los viejos aprovechaban para repetir antiguos relatos con la muerte como protagonista... -ton, ton, tooon- y los niños nos acurrucábamos al brasero, fingiendo dormitar para que no se nos notara el sobresalto. Por San Roque se hacía el balance de la siega y en la Virgen se festejaba la cosecha reuniendo a los miembros dispersos de la familia para ir primero a la procesión y, luego, a los toros. La bonanza del año se medía en los carteles. Si el grano no llenaba los silos, la feria se liquidaba con dos novilladas y poco más. El paseíllo del Viti era un indicativo razonablemente satisfactorio, si toreaban los hermanos Girón tampoco había ido mal el año. Si la cosecha había sido el acabóse, se contrataba al Cordobés. Cuando Aranda se hizo industrial empezaron a venir todos ellos, sin atender a cómo se hubiera dado la cosecha, pero para entonces el tiempo había empezado a medirse exclusivamente al dictado del calendario. Y la mayoría de nosotros había dejado atrás la niñez. De aquellas celebraciones que señalaron nuestra infancia, y la infancia de muchas generaciones que nos habían precedido, creo que la única que se conserva tal como la soñamos, la vivimos y la recordamos es la bajada del ángel.
La bajada del ángel siempre fue una fiesta eminentemente infantil. Más aún, para los niños de aquel Aranda que no alcanzaba los diez mil habitantes y medía sus días en el discurrir del agua y en el color de la tierra, la bajada del ángel era la fiesta por excelencia. Es preciso advertir que los niños de entonces teníamos en la calle nuestra sala de juegos y en el acontecer de la vida nuestro mejor espectáculo. Por inverosímil que resulte, carecíamos de televisión, de la que sólo sabíamos que era una especie de armario con cine dentro que se había inventado en América. Carentes de referentes técnicos, no teníamos ninguna fe en aquel híbrido de radio y cinematógrafo, un cajón con música e imágenes. El artefacto nos era tan lejano como los cohetes a la luna, que también se habían inventado o estaban a punto: apenas una mención en el NO-DO. Puestos a señalar, nos eran mucho más próximas las cabalgadas de John Wayne (léase, please, Yon Buein) por el far-west, que entonces era todavía el legítimo lejano oeste y no el desierto de Almería. Para los niños de entonces la calle era nuestra, con perdón. Y la fantasía, una realidad cotidiana.
Y para fantasía, la bajada del ángel. Salvadas las distancias, era como una primaveral mañana de los Reyes Magos, de la que, además, éramos testigos. El atractivo de esta celebración era múltiple. A la diversión de los preparativos sucedía la emoción de la propia bajada y la incertidumbre de la despedida. Los preparativos empezaban en el momento en que los empleados del Ayuntamiento trasladaban los artilugios celestiales desde los almacenes municipales a la fachada de Santa María. Con la meticulosidad de una ceremonia ritual, nos acercábamos a aquellos cachibaches tal como los sioux se aproximaban al fuerte del Séptimo de Caballería: con sigilo y conocimiento del terreno. Cuando nuestra curiosidad superaba los límites que los empleados municipales consideraban razonables, nos espantaban sin mucho miramiento. ¡Venga de aquí, que no hacéis más que estorbar! Entonces reculábamos hasta la acera para hacer recuento de nuestros descubrimientos. Siempre había alguien dispuesto a asegurar que el globo de ese año era más grande que nunca, mientras otro porfiaba en haber visto cómo el ángel hacía malabares con las palomas. Sentados en la acera, seguíamos atentamente todas las maniobras de los operarios: el anclaje de los andamios, el enclavado de las maderas, el tensado de la cuerda... El miércoles acompañábamos nuestra presencia con el ruido de las carracas. El sonido de la carraca, como el sabor de las torrijas, eran los signos que identificaban la Semana Santa. ¡Peste de chicos, andad a dar la murga al cura!, nos ahuyentaban cuando el estrépito subía de tono.
Nuestra condición de testigos habituales no mermaba la sorpresa ante la obra terminada. Cuando, finalmente, se cerraba el armazón y se cubría con aquellas maderas pintadas de blanco y azul, las mismas que habíamos tocado en el suelo, las mismas que conocíamos de otros años, el escenario celestial se convertía a nuestros ojos en un auténtico trozo de cielo. Invariablemente, de manera subrepticia o por las buenas, nos acercábamos al muro para ver si dentro del cubil descubríamos al ángel ensayando su bajada. Es evidente que no estábamos en absoluto maliciados. Luego, sólo quedaba esperar el domingo.
Las generaciones jóvenes no saben cuánto han de agradecer a quien decidió demorar el inicio de la bajada del ángel porque, hasta entonces, nuestros domingos de pascua estuvieron marcados por una madrugada inclemente que no atendía a fiestas ni vacaciones y antes de las diez de la mañana nos obligaba a estar acicalados -y ateridos- con las galas de verano. A esa hora, con puntualidad religiosa, la procesión del Resucitado salía de Santa María para encontrarse en el centro de la plaza con la imagen de la Virgen enlutada. En ese momento se repetía el prodigio. Nuestro trozo de cielo empezaba a cobrar vida. Siguiendo una bien pautada tradición, aquella puerta circular, por la que se deslizaba el globo, rara vez se abría al primer intento. El ángel, que no quiere salir, advertía alguien. Tras un forcejeo con los cables y las poleas, finalmente, se abría para dar paso a una peculiar nube esférica que se deslizaba varios metros sobre el suelo, a veces lentamente, otras a trompicones, hasta el centro de la plaza. En el momento supremo, el globo, como la puerta, también se resistía a la apertura. Lo cual, lejos de desalentarnos, añadía mayor misterio a la ceremonia. ¿Saldrá, por fin, el ángel? ¿Se habrá fugado esta vez? ¿Habrá decidido permanecer en el cielo? Naturalmente, el ángel acababa saliendo. Aturdido y asustado, pero salía. No menos aturdidas salían las palomas para desaparecer, rápidamente, en los tejados próximos. El ángel descendía pataleando sobre el aire, en lo que a nosotros nos parecía un vuelo majestuoso, hasta posarse cerca de la Virgen y tomar el paño negro que daba por concluido el luto cuaresmal. Según la disposición de ánimo de quien moviera el juego de poleas, el ángel revoloteaba más o menos sobre la multitud reunida en la plaza. Tres amagos era lo razonable. Luego se posaba en el suelo suavemente, o así lo intentaba, incorporándose a la procesión bajo las andas de la Virgen, cuyo velo portaba. De cerca, el ángel -con su túnica, sus rizos y su coronita blanca- tenía una expresión entre desvalida y asustada, por la impresión del reciente vuelo, sin duda.
Nosotros le mirábamos con una mezcla de admiración y complicidad. Dada nuestra proverbial ignorancia de la historia, apenas habíamos oído hablar de Diego Marín Aguilera, el vecino de Coruña del Conde precursor de la aviación, y, como el parapente aún no se había popularizado y tampoco habíamos descubierto el puenting, nos parecía que el vuelo rasante sobre la plaza de Santa María era una hazaña de mérito que no estaba al alcance de cualquiera. Aparte de ese meritoriaje, el ángel no dejaba de ser un colega. Por grande que fuera nuestra ingenuidad, y a fe que lo era en dosis superlativas, resultaba inverosímil ver descender de las alturas a un ingeniero de Caminos, Canales y Puertos con toda la barba. El ángel era, al fin y al cabo, uno de los nuestros.
Cuando la procesión se disolvía en el interior de Santa María comprendíamos que había terminado nuestro protagonismo. Quienes habíamos compartido la emoción de ver nacer ese trozo de cielo y luego salir de él un ángel que realmente volaba, soltaba palomas, cogía el velo de la Virgen y bajaba a la procesión, nos dispersábamos cada cual a nuestro barrio para incorporarnos a la rutina familiar, la comida de pascua, la obligada cortesía con los forasteros, si los había, y al día siguiente, vuelta a clase. Ese mismo lunes los empleados del Ayuntamiento desmontaban el juego de poleas y se llevaban nuestro trozo de cielo. La plaza de Santa María quedaba reducida a un lugar de paso. En los meses siguientes, la chavalada a veces coincidíamos en la plaza, comprando pipas a la señora Estefanía, o en la cola del cine, sacando las entradas para "la infantil" y cruzábamos un "hola" o un "qu´iay".
Como sucedía con los Reyes Magos, a medida que íbamos creciendo la magia del ángel iba diluyéndose. La frontera terrible de los diez años venía a marcar el momento del alejamiento. A partir de esa edad uno venía obligado a mirar las cosas con un principio de escepticismo y de espíritu crítico. Las tablas eran sólo tablas que a veces se repintaban ante nuestros ojos, las cuerdas eran cuerdas, el globo era el mismo globo de siempre y hasta el ángel empezaba a estar demasiado crecido para tales menesteres. Los más avisados apuntaban su dosis de censura social. "Siempre son los mismos los que se juegan la vida. ¿Habéis visto alguna vez que haga de ángel el hijo del alcalde o del gobernador?" Aquellas consideraciones acababan por apuntillar nuestro entusiasmo. Entrábamos en la adolescencia con dos certezas terribles, a saber, los Reyes no venían de Oriente sino que eran los padres y el ángel no surgía de nuestro trozo de cielo sino que en algún lugar de Aranda vivía un chico que cada año "hacía" de ángel.
Así fuimos desprendiéndonos de nuestra ingenuidad y se nos fueron revelando otras verdades no menos terribles. Con las primeras ausencias en los preparativos adquirimos conciencia de la proximidad de la muerte o del desarraigo de la emigración. Me parece que fue así como empezamos a intuir que teníamos toda una vida por delante y aprendimos que a veces uno se va de los lugares que ama. Hasta que un día nos descubrimos a nosotros mismos repitiendo lo que tantas veces habíamos oído de los mayores, ¡cómo pasa el tiempo!
Hoy la bajada del ángel es una fiesta de interés turístico, que cada domingo de pascua atrae a miles de arandinos y forasteros, muchos de ellos desplazados de otros países y de continentes lejanos. Años ha habido que "nuestro" ángel ha aparecido en la televisión, ese armario doméstico con imágenes que ahora nos acompaña indefectiblemente todos las horas de nuestros días. No quiero ni pensar lo que sucederá cuando los japoneses lo descubran. Porque, vamos a ver, ¿cómo explicarles que "eso" que ellos fotografían compulsivamente fue para muchos de nosotros nuestro pequeño y particular trozo de cielo?
jueves, 14 de abril de 2011
Mañana España será republicana
Esa es la invocación que llevo repitiendo, año tras año, desde que tengo uso de razón y discernimiento para identificar mis intereses políticos. Soy republicana. No por nostalgia de un sistema al que no se le permitió ni nacer. Soy republicana porque aspiro a vivir en un mundo de ciudadanos, no de súbditos. Un mundo donde nadie sea tan poderoso como para poner a otro de rodillas y nadie esté tan desprotegido como para tener que arrodillarse.
Cuando cumplí 20 años aún vivía Franco. Grité mi jaculatoria con la esperanza de que a su desaparición, quizá se cumpliera. Cuando cumplí 30 Franco había muerto. Volví a gritarla, con la sospecha de que quizá tuviera que esperar un tiempo. Sigo gritando mi deseo en la sospecha de que acaso no alcance a verlo cumplido. Pero no desespero. Quizá lo vean mis hijas, quizá, mi nieta. Pero si de algo estoy segura es que mañana España será republicana.
martes, 12 de abril de 2011
Activa: periodismo en tiempos líquidos
La profesión de periodista vive momentos de crisis. Mucho paro (5.564 en la cola del INEM en diciembre de 2010), exceso de demanda (unos 68.000 titulados frente a una oferta de 30.000 empleos), bajos salarios (alrededor de 30.000 euros brutos/año con tendencia al recorte), contratos basura… Una crisis sólo comparable a la inmobiliaria, sostiene el presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa (FAPE), Fernando González Urbaneja.
Habría que añadir la invasión de seudo empresarios – trasvasados del ladrillo o directamente de la corrupción – que se han atrincherado en los medios de comunicación a vender su mercancía, por lo común averiada, frecuentemente con la complicidad de profesionales descerebrados o desesperados.
Nadie parece alarmarse por ello y no entiendo por qué. Un país puede progresar sin gobierno (Bélgica lleva 303 días sin él y durante este tiempo ha llegado a presidir la Comisión Europea) pero difícilmente prosperaría sin prensa, sencillamente porque un país sin prensa libre es una dictadura.
Las publicaciones oficiales, financiadas con dinero público, son materia delicada. En primer término, porque existe el riesgo de que sean utilizadas a mayor gloria del gobernante de turno y, en segundo lugar, por la dificultad de identificar el “interés público” a la hora de abordar los asuntos a publicar, sin que interfiera en el análisis la óptica partidaria del momento ni caer en la tentación de hacer un producto de diseño pero escasamente interesante desde el punto de vista social.
El Ministerio de Trabajo tiene una larga práctica en la edición de publicaciones en las que tradicionalmente se han sorteado ambos riesgos. Son revistas o libros de un gran interés informativo y documental, elaborados por profesionales solventes. No siempre y no en todos los casos ha ocurrido así, pero hay precedentes abundantes en buenas prácticas.
Ocurre a veces que un determinado político quiere maquillar la realidad y otras veces que un periodista trata de halagar al jefe pero me atrevo a asegurar que estos casos son más la excepción que la regla, al menos en el Mtin y en lo que me alcanza la memoria.
Hoy, la Seguridad Social ha presentado una publicación nueva y novedosa: Activa, un periódico digital. En realidad, se trata de un afloramiento puesto que, como revista bimensual, llevaba cinco años en la intranet del sistema, tiempo durante el cual ha recibido más de 10 millones de visitas, 3,6 millones sólo en 2010.
El presidente de la Fape, invitado al acto, ha aludido a esa larga tradición de publicaciones interesantes promovidas por Trabajo que han ofrecido buena información, han contribuido a formar criterio a los periodistas y han sido ventana abierta de transparencia, en “estos tiempos líquidos” que vivimos. “La transparencia ayuda a evitar la demagogia”, ha dicho Urbaneja.
El secretario de Estado ha recordado que la Seguridad Social administra uno de cada ocho euros del PIB español, a pesar de lo cual sigue siendo desconocida para muchos españoles. Que Activa ayude a paliar este desconocimiento, ha propuesto, a que se conozcan los derechos y obligaciones de los afiliados, de los ciudadanos. Ha recordado que se trata de una publicación plural, abierta a los grupos parlamentarios, a los interlocutores sociales, “lo más ajena posible al pensamiento único”.
Octavio Granado, el SE, es un tipo singular, que, además de llevar incorporado de serie en el cerebro un chip con los datos de la Administración del Estado, es capaz de una ironía fina - que temen por igual sus adversarios que los correligionarios -. Hasta donde yo sé creo que ha dado más a su partido y a la política de lo que ha recibido de ambos, lo que no es común. Es hijo de un hombre extraordinario, a quien tuve la suerte de tratar y de conocer. Esteban Granado Bombín, representaba y sigue representando para mí el prototipo de político que me gustaría para éste y para cualquier país. Un hombre inteligente, honrado, tolerante, con un claro compromiso social, intelectualmente solvente, capaz de derrotar dialécticamente al oponente sin humillarlo. Me lo ha recordado el hijo cuando, refiriéndose a la nueva publicación, ha defendido el discurso frente al ruido.
La responsable del proyecto, Mª Antonia García Quesada, y los periodistas que lo hacen realidad, Paloma, Marco, Rebeca, Alicia, Alejandro, recibían felicitaciones de unos y otros. Es un equipo capaz y solvente, que ha demostrado su valía profesional dentro y fuera de la Administración.
Para colmo de dichas, durante la presentación se ha proyectado un vídeo realizado por Laura García, una jovencísima profesional de la casa.
Cuando hayan pasado 25, 50 años y Activa sea un proyecto consolidado, recordaremos que estábamos aquí el día que se puso en marcha, ha dicho Granado.
Están tan devaluados los políticos, está tan depreciada la profesión de periodista, está tan menospreciado el trabajo en la Administración Pública que el acto de esta mañana ha sido como un regalo de primavera.
Ha sido un gusto haber estado en el lugar adecuado, en el momento oportuno.
Activa, por añadidura.
Habría que añadir la invasión de seudo empresarios – trasvasados del ladrillo o directamente de la corrupción – que se han atrincherado en los medios de comunicación a vender su mercancía, por lo común averiada, frecuentemente con la complicidad de profesionales descerebrados o desesperados.
Nadie parece alarmarse por ello y no entiendo por qué. Un país puede progresar sin gobierno (Bélgica lleva 303 días sin él y durante este tiempo ha llegado a presidir la Comisión Europea) pero difícilmente prosperaría sin prensa, sencillamente porque un país sin prensa libre es una dictadura.
Las publicaciones oficiales, financiadas con dinero público, son materia delicada. En primer término, porque existe el riesgo de que sean utilizadas a mayor gloria del gobernante de turno y, en segundo lugar, por la dificultad de identificar el “interés público” a la hora de abordar los asuntos a publicar, sin que interfiera en el análisis la óptica partidaria del momento ni caer en la tentación de hacer un producto de diseño pero escasamente interesante desde el punto de vista social.
El Ministerio de Trabajo tiene una larga práctica en la edición de publicaciones en las que tradicionalmente se han sorteado ambos riesgos. Son revistas o libros de un gran interés informativo y documental, elaborados por profesionales solventes. No siempre y no en todos los casos ha ocurrido así, pero hay precedentes abundantes en buenas prácticas.
Ocurre a veces que un determinado político quiere maquillar la realidad y otras veces que un periodista trata de halagar al jefe pero me atrevo a asegurar que estos casos son más la excepción que la regla, al menos en el Mtin y en lo que me alcanza la memoria.
Hoy, la Seguridad Social ha presentado una publicación nueva y novedosa: Activa, un periódico digital. En realidad, se trata de un afloramiento puesto que, como revista bimensual, llevaba cinco años en la intranet del sistema, tiempo durante el cual ha recibido más de 10 millones de visitas, 3,6 millones sólo en 2010.
El presidente de la Fape, invitado al acto, ha aludido a esa larga tradición de publicaciones interesantes promovidas por Trabajo que han ofrecido buena información, han contribuido a formar criterio a los periodistas y han sido ventana abierta de transparencia, en “estos tiempos líquidos” que vivimos. “La transparencia ayuda a evitar la demagogia”, ha dicho Urbaneja.
El secretario de Estado ha recordado que la Seguridad Social administra uno de cada ocho euros del PIB español, a pesar de lo cual sigue siendo desconocida para muchos españoles. Que Activa ayude a paliar este desconocimiento, ha propuesto, a que se conozcan los derechos y obligaciones de los afiliados, de los ciudadanos. Ha recordado que se trata de una publicación plural, abierta a los grupos parlamentarios, a los interlocutores sociales, “lo más ajena posible al pensamiento único”.
Octavio Granado, el SE, es un tipo singular, que, además de llevar incorporado de serie en el cerebro un chip con los datos de la Administración del Estado, es capaz de una ironía fina - que temen por igual sus adversarios que los correligionarios -. Hasta donde yo sé creo que ha dado más a su partido y a la política de lo que ha recibido de ambos, lo que no es común. Es hijo de un hombre extraordinario, a quien tuve la suerte de tratar y de conocer. Esteban Granado Bombín, representaba y sigue representando para mí el prototipo de político que me gustaría para éste y para cualquier país. Un hombre inteligente, honrado, tolerante, con un claro compromiso social, intelectualmente solvente, capaz de derrotar dialécticamente al oponente sin humillarlo. Me lo ha recordado el hijo cuando, refiriéndose a la nueva publicación, ha defendido el discurso frente al ruido.
La responsable del proyecto, Mª Antonia García Quesada, y los periodistas que lo hacen realidad, Paloma, Marco, Rebeca, Alicia, Alejandro, recibían felicitaciones de unos y otros. Es un equipo capaz y solvente, que ha demostrado su valía profesional dentro y fuera de la Administración.
Para colmo de dichas, durante la presentación se ha proyectado un vídeo realizado por Laura García, una jovencísima profesional de la casa.
Cuando hayan pasado 25, 50 años y Activa sea un proyecto consolidado, recordaremos que estábamos aquí el día que se puso en marcha, ha dicho Granado.
Están tan devaluados los políticos, está tan depreciada la profesión de periodista, está tan menospreciado el trabajo en la Administración Pública que el acto de esta mañana ha sido como un regalo de primavera.
Ha sido un gusto haber estado en el lugar adecuado, en el momento oportuno.
Activa, por añadidura.
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