martes, 10 de marzo de 2015

Una mujer firma tu pensión, macho

Estoy en la cola del súper esperando que me llegue el turno cuando por megafonía una voz reclama a la cajera para que acuda a su puesto en la caja número 2. Mercadona es muy ordenada para estas cosas y cuando se abre una nueva caja hay que trasladarse manteniendo el turno precedente. Siguiendo ese criterio, me toca la primera pero veo que un señor mayor –unos diez más que yo, tampoco mucho más- se me adelanta con la sana intención de colarse. Pero yo estoy de buen humor, en Burgos hace un día primaveral, estamos todos bien, tengo la comida hecha, y estoy dispuesta a dejarle pasar pero no a que crea que soy ciega así que le miro con cara de vaya morro, majo.
Que soy hombre y tengo prisa, dice entonces el pollo. Y ahí sí que no. ¿Cómo dice?, le pregunto. Que soy hombre y tengo cosas que hacer, reitera con muchos humos el colón, a quien los demás empiezan a mirar con malos ojos. Pues, mire, si es por eso, espere a que le toque, que yo soy mujer y sí que tengo cosas más importantes que oir tonterías, le digo. El vejete da marcha atrás y en la retirada va rezongando, si no puede ser, las das el pie y se toman la mano. Yo sigo de buen humor y el tipo me parece un pobre hombre desinformado pero hay principios que no conviene manosear.
Lo único que no puede ser es reclamar privilegios sólo por el hecho de ser hombre, machaco. ¡Mujeres!, la madre que las parió a todas, bufa el tipo. Yo de usted bajaría los humos y no seguiría por ese camino, le digo con la mejor de mis sonrisas, le recuerdo que es una mujer quien cada mes firma su pensión…
Creo percibir un cierto regodeo entre las mujeres de la cola mientras el hombre ocupa su puesto con cara taciturna. Pienso en la ministra de Empleo y Seguridad Social, responsable de las pensiones, aunque, en puridad, no las firme mensualmente y sonrío para mis adentros: nunca hubiera creído que alguna vez utilizaría a Fátima Yáñez como punta de lanza.  

jueves, 5 de marzo de 2015

Tesoros ocultos de Madrid: el museo de la RABASF

 Madrid tiene una abundancia tal de atractivos culturales que, a veces, quedan semi ocultos verdaderos tesoros. Eso es lo que le ocurre al museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Academia de San Fernando entre los amigos. Hasta el sitio parece elegido a propósito para pasar inadvertido. Sales de la Puerta del Sol por la calle Alcalá y lo primero que ves por la izquierda es el Ministerio de Hacienda; aprietas el paso no sea que te vayas a encontrar al Montoro de turno y, en cuanto te das cuenta, ya estás frente al Casino de Madrid, con su magnífica escalinata y sus saraos. Pues ya te lo has pasado. Si es que hasta el número parece escogido a propósito para despistar: el 13 de la c’Alcalá.
La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, RABASF, ocupa desde 1773 un edificio adquirido al conde de la Salceda, que había sido construido en 1720 por Churriguera para residencia de Juan de Goyeneche, ministro, financiero e industrial en tiempos de Felipe V, razón por la que sigue siendo conocido como Palacio Goyeneche. En este lugar se formaron los estudiantes en las distintas bellas artes hasta que en 1975 estas disciplinas se regularizaron académicamente primero en la Escuela Superior y luego Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense.
La Academia acondicionó las dependencias hasta entonces dedicadas a la docencia, 59 salas distribuidas en tres plantas, para convertirlo en museo en el que exhibir los fondos acumulados: más de 1.400 pinturas, 1.300 esculturas y 15.000 dibujos, estampas, muebles, orfebrería, objetos decorativos… Obras maestras del arte español, italiano y flamenco, cinco siglos de historia del arte, del Renacimiento al presente. Con un departamento anexo dedicado a la calcografía nacional, que por sí solo merece una visita pues guarda las planchas de cobre de los aguafuertes de Goya, que son la cumbre del grabado.
Sea por su ubicación, por la sobreabundancia madrileña o por lo que quiera que sea, salvo el miércoles que el acceso es gratis, el museo es poco frecuentado. Algunos grupos de maripuris como yo (parece que a las mujeres de edad nos da por la cultura más que a ellos), algún veterano despistado y para de contar. Nadie impide la visión de las obras, nadie molesta a nadie, una gozada.
Imposible destacar ninguna obra en especial porque para gustos se han hecho los colores y también los museos. En su web la RABASF hace su propia selección, que puedes ver aquí, pero así, de entrada, te encuentras con el vaciado del Ángel Caído que se encuentra en el Retiro. Y a partir de ahí tienes a Zurbarán, Rubens, Madrazo, la Dolorosa de Pedro de Mena, una estupenda selección de goyas que incluye la primera edición grabada de Volaverunt o El entierro de la Sardina, un busto de Benlliure del pintor de Fuendetodos, o la Primavera, el único Arcimboldo que se conserva en España, entre otras piezas extraordinarias.
Hablando de vaciados, en la segunda planta te espera una nueva sorpresa: los de Las puertas del Paraíso que Ghiberti realizó para el Baptisterio de Florencia. Para hacerse una idea del valor de estos vaciados baste recordar que desde 1772 no pueden obtenerse nuevos moldes de los cuarterones de las puertas.  
Sabido es mi entusiasmo por el museo del Prado, donde me pierdo tantas veces como tengo ocasión. Pues bien, el de la Academia de San Fernando tiene sobre aquél dos ventajas: su dimensión más adecuada para una visita no agotadora y que en éste se pueden hacer fotos. (Para no ponerme demasiado estupenda, diré de pasada que la entrada es gratuita para jubilatas).
Dos detalles contribuyen a mejorar aún más la visita al museo: una excelente web con aplicaciones para mejor conocer los fondos y un personal amable y competente en grado sumo. A ver quién da más.

martes, 3 de marzo de 2015

La Fuente de la Fama que el pueblo pagó

En una época en la que los reyes lo eran por la gracia de Dios, los monarcas se consideraban intérpretes de la voluntad divina. Lo mismo si se trataba de emprender una contienda que de ornamentar una ciudad. Éste es el caso de la Fuente de la Fama, encargada por Felipe V –el primero de los Borbones, que llegaba a Madrid acostumbrado a la fastuosidad de Versalles- para mejorar el aprovisionamiento de agua y embellecer a Madrid.
El proyecto se encomendó a Pedro de Ribera y las obras se prolongaron entre junio de 1731 y mayo de 1732. Como se financió mediante una subida de impuestos, en el momento de su inauguración se instaló una placa que rezaba: “Deo volente, rege survente et populo contribuiente”, esto es, “Dios lo quiso, el rey lo mandó y el pueblo lo pagó”. Para despejar dudas. Inicialmente se instaló en la plaza de Antón Martín; de ahí pasó al parque del Oeste y en 1941 se trasladó junto a lo que entonces era el Real Hospicio de San Fernando, en la calle de Fuencarral, y actualmente es el Museo de Historia de Madrid, obra asimismo de Ribera.
Allí sigue, en el centro de los (mal) llamados jardines del Arquitecto Ribera, que no son sino un patio de hormigón a la espalda del museo, a un costado de la calle Barceló, rodeada de una verja que quizá protege pero que con seguridad aísla a la fuente.   
Es una fuente de piedra berroqueña y caliza de Colmenar de Oreja, fiel al estilo churrigueresco de la época. La base descansa en un pilón en forma de trébol de cuatro hojas al que vierten el agua otros tantos delfines. De ellos surge una pilastra adornada con la profusión propia del churrigueresco: hornacinas con abundancia de floreros y las estatuas de cuatro niños que sostienen sendas conchas invertidas. Remata la pilastra una victoria alada empuñando una trompeta, obra del escultor Juan Bautista. El insinuado movimiento de la figura alada simboliza la fugacidad de la fama, representada en la trompeta, en lo que se interpreta como una alegoría del precepto clásico: Carpe diem, carpe horam (Aprovecha los días, aprovecha las horas).
Desde esta perspectiva, la Fuente de la Fama, de voluntad divina, mandato regio y apoquinamiento vecinal, ejerce una influencia notable. Los (no) jardines de Ribera se encuentran en el corazón de una zona de Madrid de mucho trasiego personal y de licores, punto de encuentro nocherniego y escenario de botellones.

lunes, 2 de marzo de 2015

¿Qué te llevarías en la huida?

¿Qué te llevarías si de pronto tuvieras que salir huyendo? No me refiero a esa pregunta de qué te llevarías a una isla desierta que te hacen a veces para medir tu nivel intelectual, a ver si respondes que estás soñando con retirarte con el Ulises de Joyce. No, si las circunstancias te forzaran a dejar todo y salir corriendo para salvar la vida, ¿qué elegirías para llevar contigo?
A comienzos de esta década, segunda del siglo XXI, 23.000 personas al día se veían obligadas a salir huyendo, de manera que había 10 millones de apátridas repartidos en 72 países. De los 45,2 millones de personas desplazadas forzosamente en el mundo a consecuencia de la persecución, guerra o violación de los derechos humanos, casi 36 millones de personas estaban bajo la protección de ACNUR, la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados.
En estos momentos, millones de personas en todo el mundo se ven obligados a dejar su casa, quizá su familia, sus pertenencias, aquello que les hace la vida confortable, sus recuerdos, sus libros, eligen algo que les hará más llevadera la huída. En Siria, en Sudán, en Etiopía, en Mali, en la República Centroafricana, en Ucrania, ahora mismo.
En una de las salas de Caixaforum-Madrid se muestra una selección de fotografías en la que refugiados muestras los objetos que se llevaron consigo. Los hay que quisieron salvar sus libros sagrados –la Biblia, el Corán- alguno, su mascota; otro, su moto, una guitarra; un hombre se llevó una red, con la que ahora se gana la vida; una niña se aferró a sus pulseras, otra, a unos vaqueros que les conectaban con un mundo más apacible. Entre todos ellos, me ha impresionado la elección de una mujer, madre de seis hijos, que sólo se llevó un palo, un tronco de madera. De los extremos de ese tronco colgó unas rudimentarias alforjas en las que acarreó a los niños cuando éstos se cansaban de caminar.  

Llevo horas haciéndome la pregunta y no acierto a responder qué elegiría. ¿Qué te llevarías tú?

sábado, 28 de febrero de 2015

Periodismo de holograma

Los sesenteros somos de naturaleza analógica. Nada de lo que es normal para los niños que han nacido en este siglo existía en nuestra infancia. Ni Google, ni internet, ni los móviles, ni televisión, ni siquiera los ordenadores. Nos comunicábamos a viva voz y nos divertíamos a base de mucho palique, mucho correr y hazañas de este tipo. Algunos nos hemos reciclado en la medida en que hemos podido pero por naturaleza somos analógicos.
Cuando yo era pequeña, para hablar por teléfono entre Barcelona y un pueblo de Burgos había que ir a la oficina local de Telefónica, que era la única empresa de telefonía que había y además era nacionalizada, pedir una conferencia, la compañía mandaba aviso de conferencia y fijaba una hora para la comunicación que luego se producía siempre con una hora de demora por lo menos, a voces en el locutorio y con múltiples interrupciones. “Le pongo su conferencia con Barcelona en la cabina 1”, decía la señora que colocaba las clavijas. Y allí que ibas tú a gritar al teléfono y a todos los presentes.
Con esos antecedentes, comprenderéis que las tecnologías avanzadas tengan para mí un componente de emoción que no tienen para la Pubilla y sus amigos, que son nativos digitales. Cuando me da por pensar miro al interruptor de la luz, que das un pellizco en la pared y se encienden las bombillas, y me digo que cuántos acabaron en la hoguera por mucho menos. Y no digo nada de la telefonía móvil, que ni siquiera tienes la explicación del cordón. Aquí las palabras van por el aire y el aparato las coge al vuelo, como a las moscas. En ocasión para mí memorable que pude establecer comunicación con el colega desde mitad del Atlántico Sur –satélite mediante- con las costas africanas en lontananza, se me saltaron las lágrimas de emoción. Creía estar siendo testigo de un milagro. Tecnológico, pero milagro.
Uno de los sectores donde más se ha notado el cambio ha sido en el de la comunicación. La radio, la televisión, la prensa escrita de hace treinta años nos parece ahora antediluviana. Hasta que empezó el proceso de digitalización tú escribías tu texto, lo titulabas y se lo dabas al maquetador y allá él. A veces te venía, con mucho cuidado de no molestar, para que cortaras algo porque no entraba. Que no cabe, decía. Y tú lo hacías a regañadientes y le echabas una mirada de perdonavidas al “maqueta”. Luego, era éste el que te daba ya marcado el espacio y no había discusión posible. Si tenías dos columnas tenías que dejarte de florituras y buscar un titular que cupiera. Lo llamábamos “la dictadura del maquetariado”.   
Así que hoy, cuando he visto esa rueda de prensa en la que de un lado hay una panda de periodistas y de otro los hologramas de Hugh Jackman y el director de su última película me he acordado de los locutorios de Telefónica –la CTNE- y de los tiempos analógicos. Se veía venir, me he dicho. Te organizan una cosa que llaman rueda de prensa pero que no se admiten preguntas y sigues yendo una y otra vez, aceptas que el presidente del gobierno se aparezca en plasma y sigues llamándolo información en vez de propaganda, te prestas a hacer espectáculo en vez de debate y sigues diciendo que es periodismo. Tenía que pasar.
Y no es que me parezca mal, no. Me gusta el invento. Como que voy a ver si me echo a la cara el holograma de Rajoy y le pregunto si ya sabe a cuánto asciende todo eso que él dice haber perdido por dedicarse a la política en vez de a su Registro de la Propiedad de Santa Pola. Y ya puesta, a ver si me cruzo con el holograma de Zapatero y le voy a recordar aquello que nos dijo un día de que iba a empezar a recortar “cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste”, a ver si me explica cuánto le ha costado a él haber seguido las órdenes de la superioridad financiera competente y de frau Merkel, porque lo que ha costado a los españoles ya lo sé.
En fin, esto del periodismo de holograma no ha hecho más que empezar y puede dar mucho de sí. O de no.  

viernes, 27 de febrero de 2015

Enfermedades raras: piel de mariposa

Que venga bien. Ese es el deseo de toda madre que espera un hijo. Que venga bien significa que nazca sano, que esté completo: el primer gesto de toda madre es contar los dedos del recién nacido. Que venga bien.
Pero a veces ocurre que las cosas se tuercen de fábrica y la criatura viene al mundo con una enfermedad que, por lo común, los médicos se apresuran a diagnosticar y a tratar, que no en balde España tiene –o tenía- una de las mejores asistencias sanitarias públicas, universales y gratuitas. Y a veces también sucede que la criatura nace con una enfermedad rara. Rara se llama a una enfermedad poco frecuente, con una incidencia de menos de 5 por cada 10.000 habitantes. Y en esos casos, los médicos a veces diagnostican pronto y otras no, pero difícilmente tratan. No porque los médicos no sean capaces sino porque no hay tratamiento o lo hay pero es muy caro.
Conviene no perder de vista que los medicamentos, por lo general, se fabrican en los laboratorios propiedad de empresas privadas y que las empresas privadas tienen como finalidad obtener beneficio económico, no hacer caridad, como se encargan de repetir tantas veces como se presenta ocasión. Los medicamentos se obtienen, tras larga y frecuentemente costosa investigación, con el objetivo de obtener un rendimiento. De una enfermedad de baja incidencia, rara, no cabe esperar mucho beneficio, ergo, tampoco mucha investigación.
Pero no es sólo medicina lo que se requiere en muchas de estas enfermedades infrecuentes, también asistencia especializada, cuidados personales, atención individualizada. Y ahí están las familias, solas, obligadas a buscar solución por su cuenta. La sanidad pública cubre un porcentaje mínimo de estos tratamientos atípicos y menos en tiempos de recortes.
La Organización Mundial de la Salud calcula que existen alrededor de 7.000 enfermedades raras, que afectan al 7% de la población mundial. En España, unos tres millones de personas sufren enfermedades poco frecuentes. Y, si bien no hay edad adecuada para el sufrimiento, parece que éste es doblemente injusto cuando afecta a los niños.
La piel de mariposa (epidermólisis bullosa) es una enfermedad genética de la piel que afecta a bebés. Hasta el momento es incurable y de por vida. Son los niños de cristal o niños mariposa. En España hay un millar de familias que afrontan cada día los mil problemas que comporta tener un hijo enfermo de este mal. Con ayudas mínimas y, en todo caso, insuficientes. Para paliar en lo posible estas carencias se constituyó en 1993 la Asociación Piel de Mariposa Debra.
La he descubierto recientemente de manera muy casual. Bajábamos por la calle Embajadores un domingo de Rastro y nos encontramos a un joven que plantaba pequeñas plantas en los alcorques de los árboles de esta calle. Como cerca hay una floristería pensamos que era una forma de publicidad pero resultó que no. El chico nos explicó que una vecina le había dado unas plantitas que le sobraban y pensó que estaría bien utilizarlas para mejorar el entorno; con esas y con otras que compró apañó unos alcorques y luego le fueron dando más. Él había acondicionado la tierra y ahí estaba, ampliando el radio de acción.
¿Es nieta suya esa niña?, nos preguntó, señalando a una niña que miraba, cerca de nosotros. No lo era pero daba igual. La invitamos a acercarse y a colaborar en la plantación. Y así nos fuimos juntando un pequeño grupo. ¿Y tú por qué haces esto?, le pregunté. No, yo estoy en la tienda de La piel de mariposa, dijo, señalando un local próximo, y creo que todos deberíamos colaborar para adecentar un poco esto. 
Total, que nos acercamos a la tienda pensando aún que se trataba de un comercio de ropa y complementos, tal es lo que parecía el escaparate. Nos sorprendieron los precios, inusualmente baratos. Y es que todo lo que allí se vende ha sido donado, a veces nuevo y otras de segunda mano, y lo que se obtiene se destina a ayudar a las familias de niños de cristal. Libros, ropa, adornos, bufandas, bisutería, hay de todo.
La tienda está en el número 37 de la calle Embajadores pero no es la única, si clicas aquí encontrarás más información. El 28 de febrero es el Día de las Enfermedades Raras. No estamos libres de padecer alguna vez un mal de estos y, en todo caso, es una oportunidad de ser solidarios con quienes sí lo padecen. De paso, no es mal día para pensar por qué este gobierno ha cortado radicalmente los fondos dedicados a investigación que, sobre ser una actividad de mayor valor añadido, podría contribuir a rebajar los costes de los tratamientos y a descubrir otros nuevos.

miércoles, 25 de febrero de 2015

El Debate del Estado de la Nación y los leones del Congreso

Ya tengo dicho y reiterado que mi generación se ha alimentado intelectualmente de la política, en ella hemos crecido, de ella hemos hablado, por ella hemos combatido, a ella nos hemos confiado, en fin, los sesenteros somos así.
En consecuencia, a mediodía de ayer me dispuse a seguir el Debate del Estado de la Nación  por tierra, mar y aire, esto es, por la tele, twitter –con la etiqueta #DEN2015- y whatsapp –en tres grupos distintos- sin despegarme del sofá. A estas alturas no creo necesario aclarar que no soy fan de Rajoy y después de lo de ayer, menos. Que hasta para la sesión parlamentaria más importante llegó con retraso.
Pero a medida que el presidente del gobierno fue leyendo su discurso menos entendía de qué estaba hablando. Especialmente cuando lanzó elogios al sistema de caridad y a la ayuda familiar mientras nos echaba en cara que nos paga las pensiones, como si las pensiones fuera algo graciable que sale de su bolsillo y no un derecho por el que los pensionistas hemos cotizado durante toda nuestra vida laboral.
Tanto insistió en elogiar la caridad que en un rapto de mala uva escribí un tuit: “Rajoy desmonta la asistencia a la dependencia y quiere sustituirlo con caridad y voluntariado”. Al instante empezó a pitar desaforadamente twitter. Cientos de retuits y favoritos. O sea, que no soy yo sola.    
Cuando el presidente aseguró que España había superado la crisis sin ahondar en las desigualdades y que ya estamos recuperando el bienestar concluí que Rajoy se había equivocado de país o de cuento. A esos miles de jóvenes que han tenido que salir fuera a buscar un trabajo que aquí no hay, emigrantes forzosos, y a mí misma nos gustaría vivir en ese país imaginario, idílico y de colorines del que hablaba el presidente.
Luego de la pausa para comer, a las 4 en punto estaba pendiente del discurso del aspirante a líder: Pedro Sánchez, el guapito de cara. Todos, él más que nadie, éramos conscientes de que en la sesión de ayer se jugaba el futuro. El ser y el estar. Salió en tromba, pelín nervioso, pero dibujó un país más parecido a la realidad, con más gente que en el de Rajoy. Habló de la España de los derechos, de las libertades y de las oportunidades. Puede haber partido, me dije.
A medida que Sánchez avanzaba en su relato al presidente, en cambio, se le iba cayendo el ojo más y más. Mala señal. El resto ya es sabido. Tuvieron un rifirrafe que concluyó con una orden perentoria: “No vuelva usted aquí a hacer ni a decir nada” y algo que quizá quiso ser descalificación: “Ha sido patético”, pero que describe bien el efecto que la intervención de Sánchez hizo en el ánimo de Rajoy. Porque como es bien sabido, patético, según la RAE, es aquello “que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particular dolor, tristeza o melancolía”.
Me hubiera gustado oir en directo al otro guapito de cara del Congreso y asimismo aspirante a liderar los restos del naufragio de Izquierda Unida: Alberto Garzón. Un tipo con buen discurso, buenas ideas y buena cabeza, sorprendido en un momento histórico con visos de tragedia griega. Me hubiera gustado, digo, pero he quedado con amigas de una asociación de mujeres con la que, modestamente, también pretendemos arreglar el mundo.
Mientras mantenemos nuestra reunión en el Café Comercial finaliza la primera sesión del Debate en el Congreso. También nosotras hemos hecho un repaso a la situación en Madrid y en el país. Mejor les iría a unos y otros si nos hicieran más caso a las chicas, pienso. Incluso a las sesenteras.
Así que no voy a dar más la barrila con el DEN2015 ni hablar del Candy Crush de Celia Villalobos. Si queréis saber más, echad un ojo aquí al relato que publica hoy el joven Manuel Jabois en El País.
Mientras escribo esto, el “todo Madrid” y los leones del Congreso dividen su atención entre el Círculo de Bellas Artes, donde Podemos da respuesta al discurso de ayer de Rajoy, y el Polideportivo de la Fundación ONCE donde Pedro Sánchez presenta a su candidato a la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo. Ambas intervenciones pueden seguirse en directo vía internet. 
¡Qué viejo y caduco se ha quedado ya el Debate sobre el Estado de la Nación!