jueves, 25 de agosto de 2016

La imagen, las palabras y los hechos

La imagen que encabeza este comentario se tomó el 26 de agosto de 1978, mientras los españoles nos trabajábamos la sagrada transición. La carretera N-1 atravesaba entonces las poblaciones y, en el caso de Aranda, ocasionaba unos atascos descomunales que, no solo molestaban a los viajeros, que perdían horas para recorrer poco más de dos kilómetros, sino que condicionaban la vida normal de una población de 30.000 habitantes y causaban molestias sin cuento. 
No solo molestias, también alguna desgracia. El 21 de agosto de 1979, un camión cargado de combustible perdió los frenos cuando entraba en Aranda procedente de Burgos y se llevó cuanto encontraba a su paso, causando cuatro muertes, entre ellos a una mujer y a sus dos hijos pequeños, y varios heridos. Poco para lo que podía haber ocurrido. 

Los vecinos reclamaban insistente e inútilmente que se construyera una variante que evitara la entrada involuntaria en la ciudad pero el gobierno que condujo la transición había echado cuentas de cuánto tiempo soportarían las estructuras de un país sin invertir una peseta y el resultado era que aún podíamos aguantar un poco más. Hasta que, después de una de aquellas sentadas ciudadanas, se anunció que por fin se iba a construir el tan anhelado "desvío". Los arandinos conocieron la noticia con alivio y suspicacia. 

En una de aquellas manifestaciones, cuando ya la concentración empezaba a disolverse, la policía, sin saber por qué, empezó a repartir estopa a diestro y siniestro, que raro es el que entonces no cobró algo, y a disparar pelotas de goma. Si aquel día no ocurrió una desgracia es porque el dios de la transición -cualquiera que fuera- echó un capote como dicen que San Fermín hace con los mozos (a las mozas, que les asista la guardia civil). Esta es la manifestación en la que mi Heredera mayor se hizo con una pelotita de goma, que pasó a ser uno de los juguetes favoritos de ambas Herederas, de la que he hablado en otras oportunidades, la última, aquí

Eran tiempos aquellos en que estrenábamos todo, también una nueva prensa que creíamos libre: Diario 16, El País, Interviú... Esta última aportaba un ingrediente muy apreciado por el elemento masculino: unos desnudos sugerentes, de los llamados elegantes, junto a unos artículos de fondo sobre temas de interés general. Naturalmente, todos aseguraban comprar la revista por los artículos. Ciertamente, en aquel tiempo destapó algunos asuntos candentes y, aunque siempre tuvo un tono amarillista, pasaba por una publicación progre. Pues bien, hasta Aranda que se llegó el redactor de Interviú para recoger la manifestación de protesta. Las fotos las hizo un gráfico local, Antonio Miguel Niño, autor también de todas las imágenes de este post. La revista, una reliquia ya, es propiedad de Tinin Bayo, que acumula en su archivo muchos gigas de memoria local, como bien saben quienes le siguen en Facebook.   

A la semana siguiente, cuando me precipité a los quioscos encontré una foto que me dejó noqueada: El conocido pintor local Néstor Sanmiguel, arrodillado ante la policía, como pidiendo clemencia, y prometiendo no volver a hacerlo más. "Alguno de los arandinos debió quedar convencido de la contundencia policial y se arrodilló ante los antidisturbios como diciendo: "¡No lo haré más, señor guardia!". Pero no le sirvió de nada. Así aprenderá a pedir las cosas por favor", rezaba el texto de Interviú. Aquella era una imagen que rechinaba a cualquiera que conociera a Néstor, militante de lo que entonces se llamaba izquierda radical, una persona nada complaciente con el poder y, desde luego, en absoluto sumisa ante la policía. 

Los hechos tampoco habían ocurrido así exactamente, sino que, para interrumpir el tráfico en el cruce del Arco Isilla, lugar estratégico, Néstor estuvo paseando de un lado a otro de la calle ante la mirada atenta de la policía, al mando del teniente Iglesias, según me ha recordado Toño, autor de la instantánea, como ya he dicho. En un momento dado, quizá porque la policía le llamó la atención, Néstor se arrodilló y, en plan de pitorreo, porque otra cosa es impensable, dijo aquello de "no lo volveré a hacer, señor guardia". Inmediatamente, sin que quepa establecer relación causa-efecto, se desencadenó la carga y Néstor recibió hasta en el carnet de identidad. 

La imagen de Néstor genuflexo me resultó tan hiriente y tan ajena a la esencia de los hechos, que me prometí no volver a comprar Interviú, suponiendo que si eso ocurría en algo que conocía parecido sería cuando informaba de asuntos que ignoraba. Hoy, Néstor Sanmiguel es un artista consagrado, cuya obra se reparte en museos de medio mundo. Aranda consiguió no solo el desvío solicitado sino una segunda variante que alejaba la carretera aún más del núcleo de población. El tiempo no pasa en balde. El Banco de Castilla, cuyo letrero aparece en una de las fotos, fue absorbido en 2008 por el Banco Popular. El edificio que ocupaba -la Casa Romeral- es hoy un hotel. El teniente Iglesias se habrá jubilado hace años. Lo que son las cosas, 38 años después, solo Martín Villa, a la sazón ministro de Interior, sigue en ejercicio, abriendo y cerrando puertas giratorias.  

2 comentarios:

  1. Aunque lo parezca las cosas no han cambiado mucho, seguimos postrados ante el poder político y sobre todo económico, en tanto que la policía, judicatura y otros poderes del Estado sigue amparando al poderoso y machacando al resto. Vivimos en un país dormido. Cuanta razón tenia aquel que dijo aquello de que dejaba todo atado y bien atado.

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  2. Me encanta perderme en tus recuerdos, en esta forma tuya de poner las cosas en claro, de llamar al pan, pan y al vino o vino (que no es lo mismo que un plato y una taza, aunque Rajoy lo pretendiese).
    Sobre leer en la prensa una noticia sobre algo que conoces y comprobar como lo que se cuenta es cuando poco inexacto, siempre me ha generado una gran incomodidad, si de lo poco que sé, lo que me cuentan no es correcto ¿qué pasa con el resto?
    ¿sabes? Antes te leía estas historias con una sonrisa, convencida de haber superado esa historia en diversos grados de gris, ahora hasta disfrutando Los Miserables, creo que volvemos, incluso más lejos. Si fuera valiente, te reconocería que hasta miedo tengo.

    Un beso

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