Retrato del marqués de Cerralbo |
Fachada a la calle Ferraz |
Vayamos por partes, el Cerralbo se encuentra al final de la calle Ventura Rodríguez, con vuelta a Ferraz, frente al parque del Templo de Debod, y al antiguo emplazamiento del Cuartel de la Montaña. Es un palacete levantado a finales del siglo XIX siguiendo las directrices de Enrique de Aguilera y Gamboa, un aristócrata culto, arqueólogo y amante del arte, XVII marqués de Cerralbo y Grande de España. El marqués dotó al edificio de los últimos avances técnicos: luz eléctrica, teléfono y agua corriente. La obra estaba destinada a vivienda familiar y a sede del museo que don Enrique tenía en mente, el lugar donde pudieran mostrarse sus distintas colecciones.
Este hombre culto y polifacético se había casado a los 26 años con Inocencia Serrano y Cerver, que le doblaba la edad y aportaba al matrimonio dos hijos, Amelia y Antonio del Valle Serrano, éste, amigo y compañero de estudios del marqués. El nuevo grupo familiar disponía de patrimonio suficiente como para edificar el palacio y dedicarse a viajar por Europa para llenarlo de obras artísticas. Y eso es lo que hicieron.
El museo actuales el resultado de aquel trajín familiar y del refinado y variado gusto de sus miembros. En sus dependencias se pueden admirar armas, exvotos romanos o egipcios, libros, monedas, esculturas o pintura. De todo hay en el palacio. A la muerte de don Enrique, en 1922, lega sus hallazgos arqueológicos y paleontológicos al Museo Arqueológico Nacional y al de Ciencias Naturales, e instituye el futuro museo al donar a la nación el palacio y las obras y mobiliario que en él se guardan, con el mandato de que estén “siempre reunidas y sirvan para el estudio de los aficionados a la ciencia y al arte”. Un precursor, como se ve. El Estado aceptó el legado y encomendó el inventario y la dirección del museo a Juan Cabré.
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